Bicentenario: hitos de la historia económica colombiana

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Imagen: Flickr.
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Dos siglos han pasado desde que en Boyacá se presentó la batalla que nos daría la independencia aquel 7 de agosto de 1819. No obstante, una cosa es obtenerla y otra muy diferente es mantenerla. En este delicado equilibrio de poderes políticos y económicos el futuro de la nación estuvo en juego y, de hecho, no siempre se ganó.

Lo que hoy es Colombia, es solo una parte de lo que, hasta 1832, se conoció como la Gran Colombia, un territorio que comprendía, además, a Venezuela, Ecuador y Panamá. Como es evidente, la consolidación del país no fue fácil y en estos doscientos años fueron muchos los hechos que tocaron la economía del país. Estos, de una u otra manera, le dieron forma a la nación en la que vivimos. Por eso, hemos traído una pequeña selección de algunos hitos destacados de la historia económica de Colombia, para refrescar un poco la memoria y recordar cómo hemos llegado hasta aquí.

Las cadenas de la independencia: la deuda del proyecto libertador (1810-1830)

Sería ingenuo pensar que una guerra de independencia como la que se vivió en el país, estuvo libre de deudas para financiarse. Los cálculos de los historiadores sostienen que para 1830 la deuda del Estado se acercó a los 60 millones de pesos plata, el doble del PIB de la Nueva Granada en 1810. El porqué de tal compromiso tiene que ver no solo con los recursos destinados a expulsar a los españoles, sino al crecimiento del Estado que, en el afán por hacer presencia en todo el territorio y sofocar algunos alzamientos de caudillos locales, no midió sus gastos. Por fortuna, la disciplina fiscal –de la mano de la Regla Fiscal– es un poco mejor en el siglo XXI.

Los primeros pinitos del impuesto a la renta (1821)

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El responsable de poner a germinar la idea del tributo a la renta en Colombia tiene que rastrearse hasta 1821. En ese momento, por cuenta de las mencionadas necesidades fiscales que tenía el Estado, Pedro Gual, el primer secretario de Hacienda del país, propuso un esquema de tributación directa. Según la estructura de ese impuesto, las tasas impositivas se movían en el rango de 10 % y 12,5 %, para las actividades agrícolas, mineras, inmobiliarias e industriales. Frente a los salarios, las tasas eran del 2 % y 3 %, según el ingreso –la progresividad ya hacia presencia–. Desafortunadamente, el recaudo fue sumamente complejo y el monto obtenido apenas justificaba el esfuerzo de cobrarlo, de manera que el tributo fue abolido 5 años después. Fue hasta 1918 que este tributo resucitó y es una de las claves de las frecuentes reformas tributarias del país en la actualidad.

La Guerra de los Mil Días: los costos de la polarización (1899 – 1902)

En el último año del siglo XIX estalló la confrontación conocida como la Guerra de los Mil Días. Con ella los Liberales buscaban subir al poder que ejercía el Partido Nacional y luego los Conservadores. Para ese momento, las rentas aduaneras eran la principal fuente de ingresos para el Estado, pero, con el conflicto, el intercambio comercial se vio menguado y las arcas del Gobierno sintieron el golpe. Así, pues, la manera más rápida de obtener dinero fue creándolo, lo que produjo una expansión monetaria que casi se duplicó en el periodo de contienda.

Tal iniciativa se tradujo en mayor inflación interna, devaluación y erosión de los salarios. Esto, sumado a los efectos físicos de la guerra, comprimió la actividad económica, atrasó el sistema productivo nacional, desplomó las exportaciones y menguó a la agricultura. No hay dudas de que la guerra fue terrible, pero su financiación por medio de la emisión de moneda desde el Banco Nacional, agravó las consecuencias, dentro de las cuales está la pérdida de Panamá.

Orden en la casa: la creación del Banco de la República (1923-1991)

Con el fin de corregir la inestabilidad monetaria que caracterizó a la economía colombiana en las primeras dos décadas del siglo XX, en 1923 se creó el Banco de la República. A la entidad se le dio la exclusividad de la emisión de la moneda legal y se le dieron facultades para administrar las reservas internacionales, actuar como prestamista de última instancia y como banquero del Gobierno.

Este fue un salto enorme en la estabilidad económica del país, pero no fue sino hasta 1991 que, con la Constitución de ese año, el Banco de la República obtuvo su carácter independiente. Esto se dio como respuesta a las presiones inflacionarias que se dieron en los años 80 debido a la financiación del déficit fiscal por medio de emisión monetaria –repitiendo la historia de la Guerra de los Mil Días–. A partir de ese momento se eliminó la función de otorgar créditos al sector privado y al Gobierno, y se le dio rango constitucional a la tarea de mantener el poder adquisitivo de la moneda.

Globalización: apertura comercial de la administración Gaviria (1992)

Desde finales de la década de los 80 Colombia había entrado, en un proceso de apertura comercial. Se reemplazaron las licencias previas por aranceles, al tiempo que la industria nacional entraba a jugar en un marco de competencia más amplio y con menos protecciones.

No  obstante, con la llegada de Gaviria a la Presidencia de la República, el proceso de apertura se intensificó, reduciendo fuertemente los aranceles. Mientras a finales de los 80, los cargos a las importaciones superaban el 40 %, en 1992 ese cobro había bajado a menos de 12 %. Valga aclarar que la idea inicial del Gobierno era la de dar un proceso de apertura gradual; sin embargo, las expectativas de los importadores sobre menores aranceles en el futuro, terminaron por frenar las compras de bienes en el extranjero. Debido a esto, el proceso de liberalización comercial se dio mucho más rápido de lo inicialmente contemplado y generó inestabilidad en el aparato productivo nacional

La crisis de fin de siglo: duras lecciones (1998-1999)

La tormenta empezó a formarse con la liberalización financiera de principios de los 90. Esto atrajo a una gran cantidad de capitales foráneos e incrementó la competencia para los bancos y corporaciones de ahorro y vivienda, quitándoles ciertos beneficios “monopólicos” a estas últimas. En este escenario, las entidades hipotecarias empezaron a adoptar sistemas de amortización más riesgosos e incrementados por la indexación de los préstamos hipotecarios con las tasas de interés del mercado. Desafortunadamente, por cuenta de una crisis internacional de deuda, entre 1997 y 1999, hubo una reversión de capitales que puso al descubierto todas las vulnerabilidades del sistema financiero colombiano. Pronto las quiebras fueron frecuentes y las pérdidas de viviendas se sumaron a la crisis. El efecto macroeconómico principal fue la contracción del PIB en más del 4 % en 1999.

El lado positivo, ti ene que ver con la reestructuración del sistema financiero y sus entes regulatorios. Así, gracias a estas lecciones aprendidas, el golpe de la Gran Recesión global de 2008, no se tradujo en una recesión de la economía colombiana.

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