Efectos macroeconómicos del crecimiento empresarial

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Imagen: Pixabay.
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Uno de los resultados del éxito de algunas empresas, por cuenta de una mayor productividad, inversión e innovación, es el de incrementar su poder de mercado. Si bien son muchas las bondades que estas firmas pueden generar, algunas evidencias empíricas y teóricas han dejado sobre la mesa la necesidad de estar atentos ante los efectos menos positivos que los excesos de poder (más allá de los monopolios y oligopolios) pueden tener sobre la estabilidad macroeconómica de una nación.

Conforme las empresas se van consolidando y expandiendo en el mercado, su poder también lo hace. Múltiples ejemplos se han visto a lo largo de la historia económica mundial. Desde la Standard Oil, fundada por John D. Rockefeller en la segunda mitad del siglo XIX –que llegó a controlar alrededor del 90 % del mercado petrolero estadounidense–, hasta Google y Amazon, que revolucionaron el mundo tecnológico y del comercio minorista y que hoy están inmersos en numerosas líneas de negocio atendiendo a millones de usuarios en todo el planeta.

Por supuesto, a lo largo de ese camino han crecido y caído grandes compañías. Casos como el de Kodak, Blockbuster y BlackBerry son bien conocidos por la opinión pública, que vio cómo estos gigantes se derrumbaron en periodos relativamente cortos. La falta de innovación, flexibilidad y adaptación al cambio del mercado y sus consumidores fue el elemento principal que torpedeó las bases de estos negocios. De poco les sirvió tener un gran poder, los nuevos y más ágiles competidores fueron capaces de derrotarlos.

Ahora, esos pequeños competidores dominan sus mercados, llegando a ser, incluso, más grandes que los que enfrentaron en sus inicios. Esto ha hecho que algunos analistas y académicos se pregunten por la evolución de ese poder de mercado y las consecuencias que tiene sobre el desempeño, ya no solo de las empresas sino de la economía como un todo.

Huellas de gigantes y no tan gigantes

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De acuerdo con investigaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI), con base en información de 27 países, hay evidencia de que el poder de mercado de las firmas viene incrementándose desde el año 2000. Tal afirmación se sustenta en los márgenes de beneficios de sus precios que, a grandes rasgos, muestran la relación entre el cobro que hace una empresa por su producto o servicio y lo que le cuesta producirlo.

Los resultados obtenidos de estos indicadores dejan ver que, en promedio, los márgenes de beneficio aumentaron 6,1 % entre 2000 y 2015. El crecimiento fue mucho más evidente en las economías avanzadas, en las que fue casi del 7,7 %. En contraste, en los países emergentes, dicha relación solo se incrementó 1,8 %.

Al desagregar este crecimiento, se estableció que dos terceras partes están explicadas por el comportamiento de firmas consolidadas y maduras, mientras que la fracción restante se explica por la entrada neta de empresas nuevas. Esto demuestra la inercia que tienen los grandes jugadores (en términos de márgenes) al momento de seguir acumulando poder de mercado.

Como complemento a este indicador, aunque con mayor volatilidad, los índices de beneficios medios también mostraron una tendencia creciente en ese periodo de 15 años. El desenlace de esto fue una mayor concentración de los mercados.

No obstante, así como se presentó heterogeneidad en las diferentes economías, los investigadores encontraron diferencias entre sectores y firmas, dentro de las cuales se destacan las no manufactureras y las tecnológicas. Así, al interior de cada sector, los márgenes de beneficio más elevados se encuentran concentrados en un grupo reducido de empresas, elevando su poder de mercado.

Lo que se destaca no es solo esa disparidad, sino la evolución de estos márgenes entre las firmas de un mismo mercado. Las empresas que se encuentran en el decil más alto de este indicador aumentaron sus márgenes de beneficio en 30 % (entre 2000 y 2015), mientras que para el 90 % restante tal relación permaneció constante.

A la par con estos resultados, hay que decir que las empresas con mayores márgenes de beneficio no necesariamente son las más grandes de sus sectores, aunque pueden ser dominantes en un segmento específico. Además, esa élite empresarial tiene mejores indicadores de desempeño; son casi 60 % más rentables, usan con mayor intensidad activos no tangibles como software y patentes y son, al menos, 30 % más productivas que el otro 90 % de firmas.

Lo que esto significa es que se está replicando un escenario similar al que se describió en el inicio de este artículo, donde las empresas más innovadoras, productivas y dinámicas empiezan a consolidarse en el mercado a partir de un mejor uso de nuevas tecnologías y desarrollos. Esto les ha permitido incrementar su tamaño y poder de mercado.

Ganancias micro, efectos macro

Si bien mayores márgenes de beneficios y su correspondiente poder de mercado no implican un problema en sí mismo, los incentivos que se desprenden de ellos sí lo son.

Bajo un escenario de mayor concentración de mercado, uno de los elementos fundamentales es la innovación. Como ya se mencionó, este factor ha sido determinante para que nuevas empresas se consoliden y desplacen a competidores anquilosados. Sin embargo, tras haber alcanzado un nivel suficiente de poder, los incentivos a innovar pierden fuerza, pues ya no es necesario derrumbar a un gigante, ya se es uno.

Es decir, conforme se incrementa el poder de la empresa, esta puede cobrar más mientras produce menos. De tal manera, reduce su demanda de capital y, por ende, de invertir. Este no es un hecho menor si se tiene en cuenta que, en general, el poder de mercado se incrementó en todos los sectores, por lo que los niveles de inversión debieron haber caído.

Según los datos del FMI, la tasa de inversión se redujo 0,4 % entre 2000 y 2015 en el promedio general de las firmas. Sin embargo, al mirar aquellas que presentaron márgenes de beneficio elevados, la caída de la inversión fue de 2,1 %. Así, por cada 10 puntos porcentuales de incremento en los márgenes de beneficio de una empresa, esta reduce su inversión en capital físico en 0,6 puntos. Esto, por supuesto, tiene repercusiones macroeconómicas serias que pueden afectar a todo un país.

De hecho, los cálculos muestran que si desde el año 2000 se hubieran mantenido inalterados los márgenes de beneficio de las impresas, en la actualidad el stock de capital sería 3 % mayor y el PIB sería 1 % más alto.

Todo indica que, debido a este desincentivo a la inversión, se desestimuló la demanda agregada y fue un factor de resonancia –aunque no tan fuerte– de la crisis financiera de 2008. Tal hallazgo no es nada alentador en un momento en el que la economía mundial viene desacelerando y los nubarrones comerciales y de volatilidad se hacen cada vez más densos.

Pero los efectos de los mayores márgenes de beneficios y de poder de mercado pueden trascender fronteras gracias a las cadenas globales de valor. Esto se debe a que las firmas poderosas pueden reducir su demanda por materia prima extranjera o incrementar el precio de los bienes intermedios que produce para empresas foráneas. Así, por ejemplo, si una empresa que importa el 40 % de su valor agregado llega a enfrentar un escenario donde sus proveedores tengan un incremento de 10 puntos porcentuales en sus márgenes de beneficio vería reducida su producción en 0,3 %.

Junto con lo anterior, un mayor poder de mercado podría tener efectos en términos de inflación, tasas de interés y empleo. Dado que, como ya se dijo, las empresas pueden incrementar sus precios para incrementar su rentabilidad, lo que trae presiones inflacionarias. Además, si se añade el efecto del menor incentivo a invertir, se genera mayor desempleo, el cual se agrava debido a la inflexibilidad que existe en los mercados. Esto, a su vez, termina reflejándose en los salarios, que inevitablemente terminarán cayendo por cuenta de la menor demanda.

Irónicamente, los efectos inflacionarios serán amortiguados por la menor demanda agregada, debido al menor consumo (por cuenta del mayor desempleo y menores salarios) y a la menor inversión. De hecho, en ausencia del crecimiento de los márgenes, la participación de la fuerza laboral en la producción sería dos puntos porcentuales superior a la actual.

Como respuesta a esto, es probable que los bancos centrales reduzcan las tasas de interés para reactivar la economía y el empleo. Sin embargo, esto también reduce las herramientas de política monetaria para hacer frente a posibles desaceleraciones y crisis (como la de 2008), lo que se convierte en un arma de doble filo. Es más, en la actualidad las tasas de intervención están en niveles históricamente bajos, lo que no es un buen augurio para enfrentar desaceleraciones globales como la que se avecina.

Incipientes, pero relevantes

Los investigadores del FMI reconocen que, hasta el momento, los resultados empíricos han mostrado que estos efectos sobre la macroeconomía todavía están en su fase incipiente y, por lo tanto, sus efectos no han sido tan notorios. Aun así, las proyecciones y simulaciones sí dejan ver que, conforme se incrementen los márgenes de beneficio y el poder de la firmas, los efectos de estos serán cada vez más palpables.

Lejos de que este sea un ataque al éxito de empresarios que se han ganado su lugar con grandes esfuerzos y sacrificios, es recomendable que las autoridades pongan su mirada en el actuar de algunos sectores y empresas más allá de las preocupaciones por leyes antimonopolio.

Es preocupante que por cuenta de mayores márgenes de beneficio de unas empresas, se tenga un desincentivo a la inversión y se aminore la dinámica de la innovación. El poder de los actuales gigantes no debe interponerse en el camino de las nuevas empresas, algo que es difícil que no ocurra si no hay vigilancia. Debido a esto, las políticas públicas en beneficio de la competencia tienen que ser más claras y eficientes que en el pasado. Se debe garantizar que todos los actores puedan desarrollar sus actividades sin ningún tipo de competencia desleal.

Tales medidas implican reducir barreras a la entrada, en donde los marcos tributarios juegan un papel fundamental, para que nuevos competidores entren en la escena. Así mismo, la reducción de los obstáculos comerciales y el fomento de la inversión extranjera van en la misma vía. También sería de gran ayuda que se garanticen y fomenten patentes con innovaciones revolucionarias sobre las graduales.

Todo esto haría que se aprovecharan las ventajas en productividad y uso de activos intangibles que tienen las empresas con mayores márgenes de beneficio, lo que redundaría en un mayor desempeño económico, con todas las externalidades positivas que ello implica.

Análisis publicado en la edición «300 Empresas Platinum» de La Nota Económica.

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