¿Qué tan preparada está Colombia para una recesión?

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Imagen: Freepik
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La mayoría de economistas auguran una recesión mundial en 2020 a causa de diversos factores como la situación comercial entre China y Estados Unidos, el aumento de la deuda global, la caída de la industria en Europa, entre otros.

A partir de esos aspectos, que intensifican los rumores de una desaceleración mundial, las preguntas que surgen a nivel nacional son: ¿qué pasará con Colombia?, ¿qué tan preparado se encuentra el país para mitigar los riesgos?

Colombia no es ajena a los sucesos internacionales y menos cuando estos son originados por sus principales socios comerciales. Un ejemplo es la crisis de 2008, que repercutió en los precios del petróleo e incluso encareció los insumos utilizados para productos agrícolas e industriales. Asimismo, debido al panorama que se vivía en ese entonces, disminuyeron las remesas enviadas por los colombianos que trabajaban en el exterior, por cuenta del desempleo que se disparó en los países desarrollados.

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Lo anterior, sumado a varios factores internos como el debilitamiento de la construcción y la reducción del consumo, incidió en el desempeño de la economía. El PIB solo creció 2.5 %, presentando una desaceleración de cinco puntos porcentuales en relación con el año anterior, cuando esta cifra fue de 7.5 %. La inflación se ubicó en 7.67 %, la tasa de desempleo ascendió a 11.6 % y el Índice de Precios del Productor (IPP) tuvo una variación de 8.9 %.

Pero no todo fue malo. De hecho, hubo consecuencias positivas para el país durante la desaceleración mundial. Uno de los indicadores más destacados fue el aumento de la inversión extranjera, que logró un récord de crecimiento de 25.1 %. Asimismo, la devaluación del dólar generó un alivio para los exportadores colombianos, pues el valor de las ventas al exterior aumentó 25.5 %. Esto no significa que Colombia vaya a resultar igual o peor de afectada con una próxima recesión, ya que el contexto de la anterior crisis económica fue diferente. No obstante, es importante cuestionarse si el país está preparado para enfrentar una nueva recesión y para mitigar los riesgos. En este aspecto la política monetaria actual juega un papel importante y constituye una fortaleza en caso de presentarse una recesión global.

Con una tasa de interés de intervención como la de ahora (4.25 %) y una inflación dentro del rango meta del Banco de la República, Colombia podría tener una ventaja para amortiguar una posible desaceleración. Si el país se ve amenazado económicamente, podría reducir las tasas con el objetivo de incentivar el consumo y la inversión y así mitigar los peligros de la recesión.

Desafortunadamente, este factor solo funcionaría como un paliativo temporal. No hay que olvidar que en este momento Colombia tiene ciertas debilidades fiscales que lo hacen vulnerable, tal como el déficit fiscal que en 2017 alcanzó el 3.6 % del PIB y en 2018 llegó al 3.1 %.

Mantener controlado el desbalance presupuestal es de vital importancia para la credibilidad de un país. Los déficits elevados pueden generar duda acerca de la capacidad que tiene el Gobierno de honrar sus deudas. Esto, por supuesto, implica mayor desconfianza por parte de los inversionistas. A su vez, podría generar incrementos de los costos de la deuda pública, cerrando un círculo vicioso con implicaciones poco favorables para el país.

De cara a esto, la Ley de Financiamiento se intentó ajustar a la senda del déficit fiscal para llevarlo al 2.7 % en 2019. No obstante, todo cambio en las reglas de juego produce ruido en la economía y mientras todos los agentes asimilan los nuevos tributos, no es de extrañar que la dinámica del país sea menor a la esperada.

Lo anterior es debido a que los nuevos tributos tienen efectos reales y psicológicos sobre los consumidores, empresarios e inversionistas. Esto hace que, en algunos casos, los primeros decidan posponer sus decisiones de consumo, mientras que los otros dos prefieren esperar el desenvolvimiento de la reforma, antes de arriesgar capital en inversiones sin tener plena confianza.

Así las cosas, Colombia se encuentra transitando sobre una delgada línea de estabilidad pero con riesgos latentes. En pocas palabras, no hay que confiarse demasiado.

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