Aceleración de empresas con alto potencial: ¿qué tan efectivas son las políticas públicas?

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Imagen: Pixabay.
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Nunca antes la palabra ‘emprendimiento’ había tomado tanta fuerza como ahora. Gracias a la numerosa irrupción de compañías que han nacido de forma momentánea con ideas innovadoras y que han tocado la cima del éxito posicionándose como grandes generadoras de empleo y de crecimiento económico, este tema se ha consolidado en los medios de comunicación, el ecosistema empresarial, las instituciones gubernamentales y educativas y la sociedad en general.

Su nivel de influencia las ha llevado a catalogarse como organizaciones con un alto potencial de crecimiento en los últimos años. Por esta percepción, los gobiernos de distintas economías de ingresos bajos y medios han centrado muchas de sus políticas públicas en el apoyo e impulso de este tipo de compañías, basándose en características como su progresivo y elevado crecimiento en poco tiempo y su eminente valor innovador y tecnológico.

De acuerdo con el estudio High-Growth Firms, publicado por el Banco Mundial, aunque muchas propuestas de apoyo siguen siendo amplias y similares a las políticas tradicionalmente dirigidas a las pequeñas y medianas empresas (Pymes), en la última década se han desarrollado iniciativas enfocadas en las empresas con alto potencial de crecimiento. Entre estas se destacan programas públicos y privados como Masterclasses, Angel Program, Port4Growth en los Países Bajos; HighGrowth Start-Up, en Reino Unido; Growth Firm Service, en Finlandia; National Gazelles de Sudáfrica; el Programa de Emprendimiento de Alto Impacto de México e iNNpulsa en Colombia, que fue creado con el objetivo de apoyar y promover el crecimiento empresarial extraordinario a través  de la innovación.

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Ahora bien, el éxito y la popularidad de tantos emprendimientos jóvenes y tecnológicos han generado la tendencia errónea de asociar a las empresas que tienen alto potencial únicamente con startups o compañías emergentes cuyas características principales son la innovación y la tecnología. Pero, no todas son nuevas ni pequeñas ni totalmente tecnológicas.

De hecho, el Banco Mundial documentó que si bien en países como Brasil, Costa de Marfil y Hungría más del 60 % de las empresas etiquetadas con alto potencial tienen entre 0 y 5 años, existen compañías con la misma clasificación y con una antigüedad de hasta 31 años.

Con respecto a la actividad económica, funciona esa misma dinámica. Los sectores que requieren un mayor uso de tecnología muestran una prevalencia de empresas con alto potencial, pero también lo hacen otros que son menos tecnológicos. Vale la pena citar el caso de Hungría, donde la participación de los servicios intensivos en conocimiento es superior a la fabricación de alta tecnología y el caso de Brasil, donde la industria que alberga el mayor número de estos negocios es el de las confecciones.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) define a las firmas de alto potencial como aquellas que tienen más de diez empleados y que durante tres años consecutivos han presentado un crecimiento superior al 20 % anual, cifra que se mide por el número de trabajadores o el volumen de negocios. Ese exitoso progreso que representan y la tendencia a creer que solo las de determinada edad o actividad pueden serlo son dos aspectos que tienen gran peso en la selección de beneficiarios de los programas públicos y privados para el apoyo del crecimiento empresarial.

No obstante, la evidencia de algunos países sugiere que las políticas para seleccionar a este tipo de empresas pueden estar mal orientadas porque mantienen ciertos sesgos y muchas veces terminan beneficiando a compañías que ya gozan de una buena posición o que, con el tiempo, no logran el impacto esperado.

La investigación realizada por el Banco Mundial, que incluye la revisión de 54 programas públicos enfocados en el fortalecimiento de capacidades, el acceso a la financiación, la apertura de mercados, la solución a obstáculos regulatorios y el  suministro de infraestructura crítica en Angola, Brasil, Colombia, Costa de Marfil, Ghana, India, Jamaica, Jordania, Malasia, México, Filipinas, Senegal, Sudáfrica y Turquía, concluyó que la tasa de acierto en la eficacia predictiva para identificar a las empresas con alto potencial, incluidas las calificaciones de los jueces y diferentes modelos de análisis, varía entre el 2 % y el 12 %.

Lo anterior demuestra que las particularidades que se tienen en cuenta para la selección de las compañías beneficiarias de los programas de apoyo no están funcionando como se esperaría. Es más, suscita la duda de si realmente existen empresas con alto potencial de crecimiento o si solo son empresas que en determinado momento consiguen su ‘cuarto de hora’.

Empresas con alto potencial de crecimiento: ¿éxito o espejismo?

Como ya se ha mencionado, algo que caracteriza a las empresas con alto potencial es su poderoso efecto en el crecimiento de la economía y en la generación de empleo, factores esenciales para su favorecimiento por parte de los responsables de los programas de apoyo.

De acuerdo con el Banco Mundial, en Costa de Marfil, Etiopía e Indonesia estas compañías crean más de la mitad de los nuevos empleos en los sectores de manufactura y servicios, pese a que representan menos del 10 % del ecosistema empresarial. Dos casos diferentes, aunque con la misma relación positiva, son los de Brasil y Turquía, donde estas tienen una participación cercana al 20 % en el universo empresarial y son las responsables de casi el 60 % de los puestos de trabajo.

De hecho, al comparar la variación del empleo entre las empresas con alto potencial de crecimiento y las que no entran dentro de esta clasificación, es evidente que su impacto positivo es gigante. Sin la contribución de estas compañías, el cambio en el empleo habría sido negativo en los países estudiados porque, en conjunto, las segundas tienden más a destruir que a crear puestos de trabajo.

El porqué de tal dinámica laboral en las empresas de menor crecimiento no es único. Por un lado, es posible que las firmas grandes tengan el suficiente músculo financiero para reemplazar trabajo por capital, con lo cual las máquinas desplazan a los trabajadores. Por otra parte, es frecuente encontrar que las empresas más grandes pasen por procesos de reestructuración organizacional, buscando una mayor eficiencia y/o reducción de costos, de manera que se fusionen labores y responsabilidades para reducir su nómina.

En esa misma dirección podrían moverse las estrategias de las empresas de menor tamaño y magros crecimientos. Ante la imposibilidad de sustituir trabajo por capital o de incrementar la productividad, una de las soluciones más expeditas de estas firmas para mantenerse a flote es la del recorte de personal. Con lo cual se termina de engrosar el lastre de la destrucción de empleo por parte de las empresas con menor dinamismo.Sus innegables efectos no solo se reflejan en el empleo, también en la producción nacional, donde figuran como las principales jalonadoras. En Costa de Marfil, Etiopía, Hungría, India y Turquía su contribución al crecimiento del producto oscila entre el 50 % y 70 %. En Indonesia supera el 80 %. Incluso, de no haber sido por estas empresas, el crecimiento neto de las ventas de este último país habría tenido un descenso mayor al 20 %.

Además del efecto directo en la generación de empleos y del crecimiento económico, estas compañías favorecen el surgimiento de economías de aglomeración. Por ejemplo, en Etiopía el 69 % de las empresas con alto potencial está ubicado en los cinco centros de concentración más importantes de ese país (Addis Abeba, Hawassa, Bahir Dar, Dire Dawa y Mekelle).

No hay que olvidar que este modelo de localización desempeña un papel esencial en la transmisión de conocimientos, innovación, refuerzo de aptitudes gerenciales y networking. Además, debido a su factor de atracción e influencia se favorecen el aumento de la competencia, la regulación de precios y el incremento de la eficiencia en negocios menos productivos.

Ahora bien, si las empresas catalogadas con alto potencial de crecimiento tienen todas estas bondades y benefician la producción —como se evidenció en los países estudiados—, ¿cuál es el problema con las mismas?

Algunos países que se han preocupado por estudiar el comportamiento de este tipo de compañías dan prueba de que sus sobresalientes tasas de crecimiento y buenos resultados son volátiles y difíciles de sostener a largo plazo, lo que lleva a la conclusión de que en lugar de empresas con alto potencial se trata de fases o episodios de crecimiento por los que pueden pasar organizaciones de diferentes edades y sectores en determinado momento.

El gobierno australiano les hizo un seguimiento, desde 2005 a 2011, a las empresas clasificadas con alto potencial y evidenció que, después de cuatro años, el 51 % de la cohorte de 2005 y el 42 % de las cohortes de 2009 y 2011 siguieron formando parte de esta categoría. Sin embargo, tras siete años el resultado fue contundente. Solo el 14 % y el 11 % de las cohortes de 2005 y 2009, respectivamente, seguían creciendo lo suficientemente rápido como para continuar con dicha clasificación. Es decir que más del 85 % de las compañías terminaron su episodio de elevado crecimiento en menos de una década.

En Túnez, el 34 % de las 44.000 empresas que tuvieron operaciones entre 1996 y 2009 alcanzó ese estatus, gracias a sus excelentes cifras sostenidas durante más de tres años. No obstante, solo el 0,01 % experimentó una continuidad en su alto crecimiento en todos los años que duró la medición.

De modo que no solo existen pocas probabilidades de mantener un alto crecimiento constante en el largo plazo, sino que es casi imposible que los episodios destacados se repitan. Esto también se refleja en su contribución al empleo, pues una vez las empresas culminan su fase de alto crecimiento, agregan trabajos a un ritmo más lento. Este es el caso de Indonesia, donde la desviación estándar normalizada del crecimiento del empleo para las empresas que nunca han sido etiquetadas con alto potencial es menor (0.6) en comparación con las que han tenido un episodio así durante su ciclo de vida (0.13).

El problema no está en que dejen de expandirse porque la lógica es que conforme las empresas se vuelven más grandes, el crecimiento tiende a moderarse. El asunto está, entonces, en que no es eficiente enfocar las políticas de desarrollo industrial únicamente en empresas que a los pocos años terminan menguando los fructíferos resultados. Así las cosas, los responsables de las políticas públicas, especialmente en los países de ingresos bajos y medios, deben reorientar sus estrategias hacia la búsqueda de un entorno que fortaleza el crecimiento empresarial de forma integral, a través del mejoramiento en la asignación de recursos, la evaluación de los mismos y la coordinación entre instituciones públicas.

Contenido publicado en la edición «10.000 Empresas Vademécum», de La Nota Económica.

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