A propósito de la productividad arrocera

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Opinar de lo que se necesita o no en el campo colombiano en materia de innovación tecnológica es relativamente fácil, porque ya no hay fronteras informativas que nos impidan ver los retos que aún tenemos, teniendo en cuenta la velocidad con la que han avanzado otros países.

Hacerlo se puede constituir en un aspecto positivo cuando la intención es contribuir a superar las limitaciones, pero no cuando le anteceden otras motivaciones, que por ser superiores al objetivo de construir lleva a cometer errores informativos de manera persistente, que pone a su autor en el papel de idiota útil.

Esa es la conclusión que nos cabe frente a quienes se atreven a seguir descalificando la productividad del sector arrocero colombiano, basándose en los resultados de países que tienen condiciones climáticas muy diferentes a las nuestras, además más favorables, así como infraestructura de riego (construida por el Estado), aspectos que son determinantes en el comportamiento agronómico del cultivo.

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Ante esta circunstancia, es necesario aclarar una vez más en cuanto al tema climático, que Colombia es un país tropical cuyas condiciones difieren ostensiblemente de aquellos ubicados en zonas templadas o con estaciones. En el caso particular de Perú, frente a quien nos comparan en términos de productividad, debe precisarse que este es un país que tiene en la zona costera (donde se cultiva arroz) condiciones climáticas muy convenientes para la producción agrícola, representadas en mayor recurso solar anual. En la mayor parte de dicha zona la radiación diaria promedio está entre 6.2 y 7.2 Kwh/m2 y alrededor de 5 kWh/m2 para el resto del territorio, mientras que Colombia cuenta con un recurso entre 5.4 y 6 kWh/m2 en las zonas de mayor exposición y entre 4.8 y 5.2 kWh/m2 para el resto de las zonas aptas para el cultivo de arroz.

Lo anterior indica que Perú tiene entre 10 y 20 % más que Colombia en recurso solar. De igual manera la temperatura media del aire en la zona costera de Perú está entre 18 y 19°C, mientras que en las zonas arroceras de Colombia está entre 25 y 30 °C, lo cual tiene consecuencias negativas en el rendimiento potencial del cultivo, ya que temperaturas muy elevadas pueden generar estrés térmico en la planta y por ende disminuir los rendimientos, según publicaciones científicas que tratan el tema.

Teniendo claro entonces que en Colombia las cosas son bastantes diferentes, es importante tener en cuenta además que aquí existen dos sistemas de producción de arroz, el primero conocido como riego, que se siembra principalmente en la zona Centro que incluye los departamentos de Tolima y Huila. Aquí el rendimiento promedio, según el último reporte del Dane fue de 7,2 toneladas por hectárea, muy similar a los de la zona de la selva alta en Perú que es de 7,3 toneladas por hectárea.

El segundo sistema de producción es el secano, que se cultiva fundamentalmente en la zona de los Llanos y el Bajo Cauca, donde los rendimientos son de 4.7 toneladas por hectárea de arroz paddy, superiores a los de Ecuador en el 2017, donde la productividad solo llegó a 3 toneladas por hectárea.

Tener en las regiones de riego y de secano de Colombia menos promedio de horas de sol al día, determina por ende un comportamiento fisiológico en la planta, muy diferente a regiones de países con mayor energía solar como ya se anotó.

Adicionalmente, en nuestras zonas de secano el comportamiento de productividad más bajo está influenciado también por la ausencia de infraestructura de riego, dando lugar a que sus resultados tengan una gran incidencia en los promedios nacionales, como quiera que dicho sistema de producción predomina en los departamentos del país que registran en los últimos años sustanciales crecimientos en el área sembrada, incluyendo zonas marginales que generan un efecto negativo sobre la productividad.

Así las cosas, en esta como en cualquier otra situación, no podemos a la hora de opinar, olvidar tales diferencias y pretender compararnos de manera irracional, pues estaríamos confundiendo “peras con manzanas”. Si quién lo hace se considera versado en la materia, estaría dejando al descubierto un propósito de utilizar datos al acomodo personal para tergiversar la información.

“No hay peor sordo que el que no quiere oír y peor ciego que el que no quiere ver”.

Por: Rafael Hernández Lozano
Gerente General de Fedearroz

Las ideas expuestas por los columnistas no representan la opinión ni el pensamiento de La Nota Económica.

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