El efecto Maduro

0
Want create site? Find Free WordPress Themes and plugins.

Resulta ser ahora que todos lo problemas de la región se deben a la “influencia del chavismo” hacia el resto de los países. En Colombia, una parte de la FARC decidió volver a las armas por causa de incumplimientos en los acuerdos de paz y el gobierno nacional acusó a Maduro de brindarle asilo territorial.

La misma acusación, referente al ELN, lanzó el presidente Duque, durante la presentación anual ante la Asamblea General de las Naciones Unidas el mes anterior, al señalar que la dictadura de Maduro albergaba, en Venezuela, a miembros de este grupo terrorista, atentando contra el estado colombiano. Incluso, presentó un informe que contenía todas las pruebas del caso. Días después, un periodista salió a desmentir una de las fotos que contenía el informe diciendo que había sido tomada en territorio colombiano y no en Venezuela.

Por otra parte, Ecuador está viviendo una situación caótica debido a la decisión presidencial de quitarles los subsidios a los combustibles y aceptar un préstamo del FMI junto con los condicionantes macroeconómicos que ello implica. Esto ha provocado fuertes manifestaciones sociales, especialmente, del sector indígena, aglutinado en la Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador (Conaie), y de estudiantes universitarios, opositores políticos y sectores sindicales (trabajadores y transportistas), que llegaron, incluso, a poner en jaque el mandato de Moreno. Para variar, Lenín acusó a Maduro de financiar las protestas en Ecuador, de la mano del expresidente Rafael Correa, quien ha expresado su deseo de adelantar las elecciones.

-Publicidad-

Bolsonaro fue un poco más general en su crítica hacia la dictadura venezolana, al decir que su país estuvo al borde del colapso nacional debido a la llegada del socialismo, causando altas tasas de criminalidad, corrupción institucional y un atropello a la familia tradicional. Venezuela, que era un país pujante y democrático, hoy es víctima del socialismo y una amenaza para las democracias regionales, sostuvo.

Incluso, tuvo un enfrentamiento  mediático con la expresidenta chilena, Michele Bachelet, al expresar que si no fuera por Pinochet, que derrotó a la izquierda y, entre ellos, a su padre, hoy sería esta nación sería “una Cuba”. Recordemos que, supuestamente, es el régimen cubano el que apoya a Maduro con miles de agentes de inteligencia y defensa; una combinación perfecta entre socialismo y autoritarismo, según el presidente brasilero.

Argentina no se escapa del efecto boomerang de la Venezuela de Maduro, pues gran parte de la campaña, que le permitió al actual presidente Macri ganar las elecciones en octubre de 2016, se basó en el peligro de un socialismo chavista. Así, se repitió hasta el cansancio que la única forma de no caer en un régimen de esas características era votar por Mauricio. Incluso hoy, que el gobierno del PRO está por someterse a otra elección nacional para ver si consigue renovar su mandato por otros cuatro años en el poder, uno de los principales ejes de su campaña es que si triunfa la fórmula Fernández – Fernández, el socialismo dictatorial se cernirá sobre la nación albiceleste, tal como sucedió en la Venezuela de Maduro.

El único que parecía a salvo de este artilugio conceptual era Perú, hasta que el presidente Vizcarra decidió, en uso de las facultades que le otorga la constitución de su país, disolver el Congreso y llamar a elecciones para renovarlo. El fujimorismo y sus aliados del APRA, derrotados en la puja de poderes y desgastados ante la opinión pública, no encontraron mejor argumento que acusar a Vizcarra de querer instaurar un régimen chavista para Perú. La acusación dista de tener algún viso de realidad con una macroeconomía sólida, que sigue manteniendo sus pilares, una prensa que goza de libertad para ejercer su trabajo y un poder judicial sin ser intervenido ni alterado en su composición. La ciudadanía, según todos los estudios de opinión, respondió abrumadoramente a favor de esta solución política dentro del marco de la legalidad vigente.

Como decía mi abuela, a las cosas hay que llamarlas por su nombre: al pan, pan y al vino, vino. Nadie puede negar que la situación que se está viviendo en Venezuela es catastrófica, desde cualquier punto de vista, ni que el gobierno de Maduro tiene cada vez más rasgos autoritarios. En ese sentido, lo mejor que podría hacer el gobierno de Caracas sería dejar el poder a través de una transición democrática y consensuada, que permita poco a poco reordenar el país; pero de ahí a sostener que los gobiernos regionales presentan peligros económicos, políticos y se seguridad por culpa de Maduro es como sostener que la URSS cayó por las operaciones de la CIA. Algo absurdo, ya que colapsó porque era un sistema político-económico insostenible, manejado de una manera ineficiente y sin un horizonte claro en busca del bienestar general de la población.

Los problemas de seguridad en Colombia, a causa de grupos armados al margen de la ley, existen hace más de 60 años y siempre se refugiaron en los países vecinos como una forma de protección. Entonces, culpar al vecino país de esas inseguridades es otro absurdo y una manera muy cómoda de no hacerse a cargo de las consecuencias de sus políticas nacionales.

Ni hablar de Ecuador. Fueron las medidas económicas implementadas por Lenín las que desataron la furia de la población ecuatoriana, en especial la de los indígenas y grupos sindicales. Y sí, Correa aprovechó la situación para intentar sacarse la piedra del zapato que significó la traición de Moreno para hablar de elecciones anticipadas. Algo parecido a lo hecho por Uribe contra Santos con el proceso de paz. Pero, de ahí a sostener que estos manifestantes fueron apoyados financieramente por Venezuela, teniendo en cuenta que Maduro tiene más embargo que Corea del Norte, es otro absurdo y, nuevamente, una manera muy cómoda de zafar de la situación responsabilizando a otros por sus errores políticos.

Argentina es un caso menos atípico porque su gobierno no puede responsabilizar al gobierno de Venezuela por sus desastrosas políticas macroeconómicas, pero sí lo puede utilizar para agitar el fantasma de la dictadura socialista en el país. No creo que le funcione, pero, seguramente, algún incrédulo votará por él apelando a este absurdo argumento.

Con Brasil pasó algo similar; culpar al socialismo por la corrupción endémica en la política brasilera es ridículo, porque gran parte de los acusados por corrupción no son, precisamente, políticos de izquierda o considerados socialistas. El caso emblema de dicha acusación había sido la encarcelación del expresidente Lula, del que luego se comprobó que sectores vinculados al gobierno de Bolsonaro habían presionado a los fiscales y jueces para inculparlo de actos de corrupción. Brasil padece esos problemas desde hace décadas, así como de sus problemas delincuenciales.

El supuesto efecto venezolano pareciera servir para que algunos países de la región justifiquen su mal desempeño, argumentando que los problemas que no encuentran solución se deben a la tóxica influencia regional que ejerce el Castro-Chavismo-Madurismo: un monstruo todopoderoso al que se le asigna una exagerada capacidad política entre sus vecinos. Un absurdo total.

Por: Rodolfo Colalongo
Università Degli Studi Di Salerno.

Did you find apk for android? You can find new Free Android Games and apps.
-Publicidad-