Elecciones presidenciales en Argentina: todo es opcional

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En una excelente columna, la prestigiosa autora argentina Beatriz Sarlo menciona lo que, según ella, es la principal característica de nuestro siglo: lo opcional. Ella utiliza los argumentos de otro gran intelectual, esta vez de origen italiano, llamado Claudio Magris, quien escribió un ensayo en 1998 describiendo de manera brillante el espíritu del siglo que transcurría: “Estos años quizá podrían ser definidos por una actitud que los caracteriza en las esferas más diversas de la vida y del pensamiento: la era de lo opcional. Religiones, filosofías, sistemas de valores, concepciones políticas se alinean sobre los estantes de un supermercado y cada cual –según la necesidad o el deseo del momento– toma de aquí y de allá los artículos que le parece: dos sectas cristianas, tres de budismo zen, unos hectogramos de liberalismo, una pizca de socialismo, y las mezcla en su cóctel privado. En este clima cultural es siempre difícil definirse de manera precisa, es decir limitada, eligiendo una cosa y excluyendo otras”.

En octubre de este año se celebrarán las elecciones presidenciales en Argentina y los principales candidatos son, por un lado, el oficialista Mauricio Macri, que busca la reelección con Miguel Pichetto como vicepresidente y, por el otro, la fórmula de la oposición, Fernández-Fernández (Alberto y Cristina) -sí señores, la expresidenta se presenta otra vez, pero en esta ocasión como vicepresidenta-, demostrando en ambos casos (Miguel y Alberto) una gran capacidad para camuflarse o, al menos, transformarse políticamente.

Hagamos un poco de memoria. Miguel Pichetto fue socio político de Menem, Néstor y Cristina para convertirse, en 2015, en uno de sus principales críticos, aliarse con el macrismo, apoyar varios de los proyectos legislativos y transformarse en el compañero de fórmula del líder de ese movimiento.

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El caso de Alberto Fernández no es tan distinto. Fue jefe de gabinete del kirchnerismo hasta el año 2008, renunció al cargo y se convirtió en un fustigador del gobierno de Cristina. Escribió columnas muy duras en contra del gobierno anterior hasta este año, que se amigó nuevamente con la expresidenta con quien decidió compartir la fórmula presidencial, cosa que le valió una lluvia de críticas al respecto. “Que no se puede ser tan doble” dijeron algunos, “¡Qué falta de memoria tiene Alberto, por Dios!” dijeron otros, lo cierto es que hizo caso omiso a todas esas voces y se alió con el kirchnerismo.

Ahora bien, teniendo en cuenta lo planteado por Magris, en la era de lo opcional nada es absoluto y para siempre, sino relativo y circunstancial. Pichetto es un sobreviviente político que se fue aliando en función de sus necesidades políticas del momento y de las opciones viables que fueron surgiendo. Primero Menem, expresidente y político de peso en los 90’s, quien lo apoyó como candidato a senador por la provincia de Rio Negro en el 2001. Luego, debido al cambió, nuevamente coyuntural, Néstor Kirchner apareció de la nada, asumió la presidencia de la nación en el 2003 y al poco tiempo ya era el principal referente político a nivel nacional. Para ese entonces, Miguel ya era presidente del bloque justicialista de la Cámara de Senadores, o sea, jefe legislativo del oficialismo y, como tal, apoyó las iniciativas parlamentarias del mismo. En diciembre de 2015, el empresario Mauricio Macri venció las elecciones a primer mandatario y adivinen qué pasó… Señoras y señores, el camaleón Pichetto decidió, a pesar de pertenecer al partido opositor (el justicialismo), apoyar al nuevo gobierno en sus iniciativas legislativas convirtiéndose en un enemigo del kirchnerismo.

Por su parte, Alberto Fernández es más que un sobreviviente político. Fue el principal compañero político de Néstor durante todo su gobierno, en una situación política, social y económica difícil. El país recién estaba dando síntomas de una leve recuperación luego de la debacle del 2001 y todavía quedaba por resolver la cuestión del default, teniendo que salir a negociar con los acreedores internacionales el plan de pagos y una posible quita de la deuda. Alberto fue, durante ese tiempo, un sostén importantísimo para el naciente kirchnerismo, una persona de carácter fuerte, con experiencia política y una gran capacidad de gestión junto a un conocimiento profundo de la administración pública nacional. Una pieza fundamental dentro de la mecánica oficialista.

Luego llegaron las elecciones del 2007 y Cristina Fernández de Kirchner se impuso con el 45 % de los votos, confirmando a Fernández en el cargo de jefe de ministros. La armoniosa relación política duró solo un año porque para 2008 Alberto se apartó de la jefatura en medio de un duro enfrentamiento entre el gobierno y el sector agropecuario, debido al intento del primero en subirle los impuestos al campo. Eso dio inicio a un alejamiento paulatino pero constante del oficialismo.

En el año 2015, Argentina e Irán suscribieron un memorándum de entendimiento con el objetivo de permitir el avance de la causa AMIA (atentado que se produjo en 1994 en Buenos Aires y para el que la justicia argentina identificó como responsables a funcionarios de la embajada de Irán en el país. Teherán se negó a extraditar a los supuestos responsables, por lo tanto, el caso nunca avanzó), tomando declaraciones a los imputados que se encontraban en la nación persa. La crítica de Alberto fue lapidaria, sostuvo que lo que se estaba haciendo con esa firma era dejar sin efecto los pedidos de capturas y generar más impunidad todavía, algo importante teniendo en cuenta que el doctor Fernández se desempeñaba como profesor de derecho penal y procesal penal de la Universidad de Buenos Aires.

A partir de ahí, los azotes por parte de Alberto Fernández hacia el gobierno de su exjefa se intensificaron considerablemente generando un rompimiento de sus relaciones políticas e incluso personales, pero como estamos en la era de lo opcional, Alberto seguramente vio que la alianza con Cristina ya no representaba una ganancia política y decidió hacer un golpe de timón para explorar nuevas opciones junto a Sergio Massa –otro ex jefe de gabinete y Kirchnerista arrepentido-que se presentó como candidato a presidente en las elecciones de 2015, aunque la cosa no avanzó porque finalmente ganó Macri, truncando las aspiraciones políticas de Alberto.

Hoy día la opción más viable para suceder a Mauricio es aliarse nuevamente con Cristina pero esta vez como candidato a presidente y con Massa como uno de sus principales asociados políticos en la contienda contra el oficialismo.

Tanto Alberto Fernández como Miguel Pichetto supieron, muy tempranamente, “lo difícil que es definirse (políticamente) de forma precisa, es decir limitada, eligiendo una cosa y excluyendo otra”. En la Argentina actual todas las opciones son posibles.

Por: Rodolfo Colalongo
Università Degli Studi Di Salerno.

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