Fondos de capital privado: ¿epicentro de la próxima burbuja financiera?

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Desde el punto de vista económico, una burbuja financiera se define como una escalada de precios de un activo financiero muy por encima al valor intrínseco del mismo. Es decir, que exista una sobredemanda acelerada del activo y una oferta limitada del mismo.

En cualquier burbuja financiera,  lo que crea la sobredemanda generalmente es la fungibilidad (se entiende como la facilidad de comprar y vender el activo), tangibilidad (el activo es real y existe físicamente, el ejemplo más clásico es la inversión en finca raíz) o algún proceso de innovación que causa un exceso de confianza por parte de los inversionistas (el famoso internet de las cosas es un ejemplo).  Otra característica inherente de las burbujas financieras es el afán de todos los inversionistas de “montarse al bus de la ganancia” a la mayor brevedad posible. Esto quiere decir que en la mayoría de los casos los inversionistas están dispuestos a pagar cada vez más por el tiquete de este bus antes de que se ocupen todos los puestos; y si los puestos ya están ocupados, se recompran los tiquetes de otros pasajeros a precios más altos, hasta que el precio, en algunos casos, puede hasta superar el valor del bus.

De acuerdo con un reporte publicado por Bain & Company, solo en el año 2018 el mercado de transacciones de fondos de capital privado (FCP) alcanzó la suma de 582 billones de dólares.  Uno de los problemas que pueden llevar a la formación de una burbuja financiera es que se estima que los fondos todavía tienen en su poder capital sin colocar en el orden de 2 trillones de dólares, lo que hace que la competencia por poner estos recursos cree la paradoja del tiquete del bus y el peligro de una sobredemanda por diferentes activos de muy alto riesgo. Este peligro se multiplica en el caso de los FCP por las características que lo hacen al mismo tiempo un vehículo atractivo de inversión.

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La principal característica, que en mi opinión acarrea más riesgos, es su opacidad con respecto a la revelación de información y su flexibilidad para hacer cualquier tipo de inversión.  Como su nombre lo dice, un FCP es simplemente un grupo de inversionistas que coloca dinero para invertir en diferentes iniciativas de inversión. Una percepción errónea, es que el público en general tiende a pensar que la mayoría de estos fondos se especializan solamente en capitales semilla en empresas de base tecnológica, pero eso es solamente una pequeña parte de lo que los FCP invierten a nivel global. Basado en el reporte mencionado anteriormente, se estima que el 31 % del capital de estos fondos se emplea en préstamos directos a compañías en funcionamiento, el 28 % a estimular crecimiento de compañías existentes, el 15 % a adquisiciones de compañías operantes y existentes, y solo el 11 % en operaciones de capital semilla. El resto del dinero se va en cosas tan diversas como proyectos de infraestructura o reorganización de bancarrotas. Cabe anotar que desde el 2014 los FCP en promedio han sido una de las alternativas más rentables de inversión, comparado con otras del mercado secundario.

Es en la parte de préstamos directos y en estimular el crecimiento de compañías existentes que se encuentra concentrado el riesgo inherente de que se forme una burbuja de capital privado y que, al explotar, tenga consecuencias nefastas en la economía real. La crisis hipotecaria del 2008, como la mayoría de todas las crisis bancarias y de bolsa anteriores, tienen en común la opacidad y la falta de transparencia en las inversiones que causan la crisis.  Ejemplo de esto fue la deuda subprime como catalizadora de la gran recesión global del año 2008 y los préstamos inmobiliarios que catalizaron la crisis asiática del año 1997.

Los préstamos directos por parte de los FCP tienen la característica de que no están sujetos a las mismas reglas de un préstamo comercial normal, ya que tienen políticas de riesgo más flexibles con garantías más blandas a cambio de la promesa de una rentabilidad más alta. En las inversiones de crecimiento (el ejemplo más claro son los famosos “unicornios” tecnológicos) el riesgo se acelera, pues el único propósito de este tipo de inversión es proveer fondos para financiar la caja de la compañía durante su periodo de crecimiento, independientemente de que la compañía sea rentable o no (ejemplos de esto son UBER, Lyft, Rappi, etc.), a cambio de una participación patrimonial que se recupera cuando dicha compañía se venda a otro fondo de capital privado o se titularice en el mercado secundario. Por tanto, en un mercado con exceso de fondos y pocas oportunidades de inversión, no es difícil ver cómo están los elementos para que se geste una crisis de proporciones globales a medida que estos fondos triplican las apuestas en los ramos de inversión, que en teoría generan mayor crecimiento.

Para concluir, cabe anotar que aunque el instrumento sea un fondo de capital privado, los recursos que lo alimentan vienen -en buena parte- de muchos inversionistas que no tienen claridad en lo que se están metiendo, pero que como todos los otros no pueden esperar a “montarse al bus de la ganancia”.

Por: Edgardo Cayón
Director de investigación del CESA.

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