La historia de América Latina sugiere cómo Argentina y Venezuela pueden disminuir sus inflaciones

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Al analizar los indicadores macroeconómicos actuales de los países más grandes de América Latina, es fácil olvidar que hasta hace unos 25 años varios sufrían de inflaciones bastante altas. Incluso Colombia, que por varios años fue un ejemplo de estabilidad macro, luchaba por tener una inflación anual menor al 20 %. Hoy solamente dos países grandes sufren de inflaciones altas: Argentina y Venezuela.

A manera de ejercicio vanidoso, para usar el término de una persona del gobierno, es bueno recordar cómo se superaron los eventos de hiperinflación en América Latina: en la mayoría fue necesario un ajuste fiscal porque la causa de la hiperinflación era financiamiento del déficit fiscal con emisión monetaria. Los casos recientes de Argentina y Venezuela no son diferentes.

Este punto es corroborado por un proyecto sobre la historia de la política fiscal y monetaria de Latinoamérica, con el fin de analizar el impacto de las políticas fiscales y monetarias desde 1960 en los once países más grandes de la región, publicado por el Instituto Becker Friedman de la Universidad de Chicago.

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En particular, los artículos confirman lo encontrado por Marcet y Nicolini (2003) y Sargent et al (2009): hay una correlación positiva entre inflación y emisión monetaria. Interesantemente, esa correlación se rompe cuando hay hiperinflación: a pesar de que la emisión monetaria disminuye, esta sigue. Por eso, para acabar con una hiperinflación, hay que atacar la raíz (financiamiento con emisión monetaria) y las expectativas.

Los casos de Brasil, con el Plan Real y de Argentina, con el Plan de Convertibilidad de 1991, ilustran este hecho. En ambos casos uno de los componentes principales fue un ajuste fiscal. En general, sin hacer uso de creatividades contables, un gobierno tiene dos fuentes para financiar su déficit: emisión monetaria o deuda. Si se disminuye el déficit fiscal, no hay necesidad de imprimir billetes para financiarlo.

En los dos países se pasaron reformas con el fin de disminuir este déficit. Adicionalmente, se quiso evitar que, en caso de presentarse nuevos déficit, se considerara financiarlos con emisión monetaria. Primero, en ambas naciones se implementaron planes Brady con el fin de tener acceso a mercados financieros internacionales; sin embargo, también se hicieron ajustes a las instituciones.

Acá radica una de las diferencias entre ambos casos. En Argentina se quería evitar a toda costa que el banco central financiara el déficit y la manera de hacerlo fue decretando convertibilidad entre el peso argentino y el dólar, de manera que el banco central debía respaldar cualquier peso con dólares. Eso evitaba que imprimiera pesos para financiar el gobierno. En Brasil no se restringió de tal manera, aunque sí se le dio más independencia, con el objetivo de que sus decisiones no dependieran tanto del gobierno.

En ambos países también se atacó la poca confianza en las monedas causadas por la hiperinflación, pues al tener paridad con el dólar, los argentinos se convencieron de que un peso no iba a perder valor. En Brasil, antes de que entrara a circular el real, los precios de la economía se listaron tanto en cruceiros como en URV (unidad de valor real), que se indexó al dólar. Unos meses después, cuando los brasileros ya estaban acostumbrados a lidiar con precios en URV, empezó a circular el real. En principio, la tasa de cambio real por dólar no podía subir de 1 -y eso impidió que hubiera una inflación desbordada-, aunque eso permitió que bajara.

Una prueba de fuego para ambos países fueron las respectivas crisis de finales del siglo XX y comienzos del XXI. El resultado de las dos fue muy diferente: en Brasil se rompió la banda cambiaria que estaba impuesta y la moneda empezó a flotar libremente porque era insostenible que la tasa de cambio no subiera de 1. En Argentina tampoco fue sostenible la paridad, pero romperla no era tan sencillo como liberar una banda cambiaria por la prohibición del banco central de emitir moneda sin estar respaldada por dólares. Antes de que se generaran los cambios para que la tasa de cambio flotara hubo una corrida bancaria.

Hoy Argentina vuelve a tener inflaciones altas por un mal similar: un déficit fiscal alto que fue financiado con emisión monetaria y agravado por una caída reciente en la credibilidad del banco central. Venezuela lleva con hiperinflación un par de años. Brasil y Argentina de finales del siglo XX sugieren cómo se podría solucionar la situación: disminuir el déficit fiscal y evitar que se financie con emisión monetaria. Y mientras tanto, aumentar la credibilidad con un cambio de moneda puede ayudar, pero importar una moneda extranjera puede ser costoso.

Por: David Pérez-Reyna
Profesor asistente de Economía
Universidad de los Andes

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