¿Por qué las propuestas que benefician a la mayoría son tan poco populares?

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Las manifestaciones recientes en diferentes lugares del mundo y, particularmente, en América Latina, son una muestra del descontento general y un llamado a implementar políticas que les permitan a más personas aprovechar las ventajas de la economía de mercado. Lo interesante es que, recientemente, se ha hablado de varias propuestas en Colombia que justamente buscan mejorar las condiciones de las personas de ingresos más bajos, pero que han sido recibidas con mucho rechazo (y han causado más manifestaciones). Los economistas nos preciamos de analizar respuestas contraintuitivas a problemas que nos afectan. Considero que entender por qué hay rechazo a políticas que benefician a una gran mayoría es un problema de primer orden que debemos atacar.

Para empezar, voy a mencionar dos propuestas de reformas de las que se ha hablado recientemente y de las que se empiezan a conocer detalles: pensional y laboral.

Hoy, el régimen pensional tiene incentivos perversos que hacen que las personas de mayores ingresos se vean más favorecidas. Entonces, si alguien tiene ingresos altos, es más probable que le convenga estar en el régimen de prima media. El problema es que sus contribuciones no alcanzan a cubrir los derechos pensionales que adquiere. Por lo tanto, mientras más altos son los ingresos de una persona, la pensión más alta a la que tiene derecho implica un mayor subsidio de todos los colombianos. Esto explica por qué una gran parte del gasto público destinado a las pensiones va para personas que no lo necesitan. Cambiar un régimen que implica subsidios completamente regresivos no debería ser difícil.

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Con respecto a la reforma laboral, aproximadamente el 40 % de los colombianos tiene un ingreso menor a un salario mínimo. Por definición, eso implica que están en la informalidad, con los respectivos costos asociados: no contribuyen a pensión, tienen dificultad para usar el sistema financiero, etc. Una solución para esto puede ser que una persona cuyos ingresos son menores a un salario mínimo pueda hacer parte de la economía formal. Una propuesta como tener salario mínimo por horas puede alcanzar este objetivo, sin perjudicar a las personas que ganan un salario mínimo en una jornada completa. De ahí que cambiar la regulación para permitir que más personas puedan aprovechar la economía formal no debería generar rechazo.

De manera similar, hay propuestas que van en línea con quitar subsidios a las personas de mayores ingresos y que generan rechazo, como la de eliminar subsidios a la gasolina (que además tiene la ventaja de ser una medida que puede ayudar a mejorar el medioambiente) y la de poner IVA a más productos, haciendo una transferencia a los hogares de menores ingresos (según cálculos del Ministerio de Hacienda de 2018 el decil más alto por ingresos se ve más beneficiado por no tener que pagar IVA a más productos).

Otra medida que permitiría focalizar mejor los subsidios y que también genera rechazo es que más personas declaren renta, cuando esto no implica que más personas paguen impuestos por concepto de renta. De hecho, en algunos casos implicaría que más personas puedan solicitar reembolsos por haber pagado más impuestos que los que debían.

Hay respuestas facilistas a por qué las propuestas que buscan beneficiar a la mayoría generan rechazo. La primera es que falta más socialización de las mismas, porque lo que para un economista es obvio, para muchas personas puede que no lo sea. Sin embargo, no creo que esta sea la razón principal porque presupone que los economistas debemos darnos palmaditas en la espalda por entender mejor. Otra razón es que puede haber aprovechamiento político al estar en contra de estas propuestas y considero que esta tampoco es una buena razón porque no es sostenible: si yo lidero la oposición a una propuesta que puede beneficiar a muchas personas con el fin de ganar votos y estar en el poder, cuando esté en el poder voy a enfrentar el mismo problema.

Innegablemente, las personas que se benefician con la situación actual pueden verse afectadas con reformas, pero eso no explica que haya rechazo generalizado. En cualquier caso, el número de beneficiados es mayor que el de perjudicados.

Las protestas en Chile y en Ecuador, sumadas a las recientes manifestaciones en Colombia, sugieren que es necesario hacer reformas para que más personas sigan aprovechando las ventajas de una economía de mercado.

Los economistas dedicamos un tiempo importante a pensar en las mejores reformas e, incluso, en la transición hacia las nuevas situaciones. Es importante también dedicar tiempo a entender por qué las situaciones que mejoran a la mayoría generan tanto rechazo.

Por: David Pérez-Reyna

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