PROSUR: ¿un contrasentido ideológico?

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Es imposible la concepción de un proyecto político sin un marco ideológico que lo sustente, fundamente y explique. Negar la presencia de una ideología es algo así como querer formar una empresa sin su correspondiente contabilidad o realizar una inversión monetaria sin fondos.

La ideología representa una cosmovisión, una forma de ver, entender y ordenar lo que sucede a nuestro alrededor. Es la concepción de aquello que pasa en el mundo. Por lo tanto, toda política tiene como marco de referencia una ideología, una manera de comprender la realidad y, por ende, una forma de actuar en consecuencia.

De modo que afirmar que uno de los principios fundamentales del nuevo Foro para el Progreso de América del Sur (PROSUR), sea la ‘ausencia de ideología’ es, en términos políticos, un absurdo porque justamente lo que demuestra esta alianza entre Argentina, Chile, Brasil, Colombia, Ecuador, Perú, Paraguay y Guyana es la existencia de una idea política de cómo funciona o debería funcionar la región y el mundo.

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En todo caso, a diferencia del proyecto que sustentó la creación de la UNASUR, el PROSUR se reviste de una ideología distinta, que contiene valores, concepciones y prácticas de aquello que define al conservadurismo político.

La concepción conservadora de la realidad se sustenta en valores que se declaman y en una praxis política afín que aglutinan a los integrantes y firmantes de la Declaración de Santiago (aquella que le dio origen al PROSUR). Es que a excepción de Guyana, los siete países restantes están siendo gobernados por presidentes que aplican políticas alineadas hacia la derecha del espectro político. PROSUR es, simplemente, una extensión y concretización de esos ideales, pero a nivel regional.

Otro elemento que permite sustentar esta idea sobre PROSUR, es que todos sus integrantes, nuevamente a excepción de Guayana, hacen parte del denominado Grupo Lima, que promueve un cambio de gobierno en Venezuela (considerado como populista de izquierda) y cuyos representantes (salvo México) desconocieron a Maduro como presidente legítimo y en su lugar reconocieron a Juan Guaidó (presidente de la Asamblea Nacional, órgano legislativo del país) como presidente interino.

En cambio, otros países de la región como México, Bolivia y Uruguay, que tienen una visión del mundo diferente a los siete estados mencionados, decidieron no sumarse a la declaración del Grupo Lima ni mucho menos a la de PROSUR. Aquí, el marco ideológico es el que marca las fronteras, divide las aguas y define los rumbos que se toman.

La iniciativa de marras pareciera inscribirse más en la necesidad de definir un agrupamiento ideológico nuevo, a partir de la negativa del anterior, antes que un paso trascendente para el futuro de la región.

La puesta en marcha de PROSUR pareciera, entonces, haber sido la búsqueda de una foto e identidad distinta, aunque inconveniente para la región porque implica un esfuerzo institucional-económico (los estados deben movilizar recursos logísticos, institucionales y financieros para poner en funcionamiento la organización) en vano. Además de la superpoblación de proyectos y organizaciones regionales ya existentes en una larga lista que incluye a Mercosur, CAN, Caricom, Alianza del Pacífico, Grupo Lima, Alba, Aladi y UNASUR, la aparición de PROSUR incrementa la superposición de funciones que muchas comparten.

Si el objetivo fuera, como reza su credo, el de “reforzar la integración en América del Sur”, deberíamos intentarlo a través de alguna de las organizaciones regionales que ya están en funcionamiento y que nacieron para ello. En todo caso, no parece razonable lograrlo a través de  la creación de una nueva entidad porque su presencia dispersará los esfuerzos institucionales, políticos y financieros que los países deben asumir para llevar a cabo procesos de integración.

Otro de los fines perseguidos por PROSUR es el de sustituir el funcionamiento de la UNASUR debido, principalmente, a que se considera un resguardo y un recuerdo de los populismos de izquierda que gobernaron la región en los últimos 12 años (2003-2015) y que algunos periodistas y académicos llamaron “la década perdida”. Terminar con esta organización, de la cual Argentina, Colombia, Brasil, Chile, Paraguay y Perú presentaron su retiro temporal, ayudaría, en el imaginario de estos gobiernos conservadores de derecha, a sanar las heridas. Además, acusan a la UNASUR de tener una estructura organizacional muy rígida que dificulta la toma de decisiones atentando contra la integración local.

Ahora bien, terminar con una organización regional por haber sido concebida por gobiernos con una ideología distinta es como pensar que la unión europea haya sido cancelada y suplantada por algo nuevo por los gobiernos que sucedieron a los que la fundaron. La unión Europa se ha convertido en el proceso integrador más exitoso de la historia de la humanidad justamente por haber sido sostenida en el tiempo, flexibilizando y adaptando sus criterios, modos y formas según los cambios sucedidos, pero nunca haciendo borrón y cuenta nueva, que es lo que hace políticamente débil o inexistente a cualquier intento de concertación regional.

Por otro lado, deshacerse de UNASUR porque su estructura institucional es demasiado rígida, es como que el Departamento de Cundinamarca pida el retiro del Estado Colombiano porque burocráticamente es imposible hacer una gestión departamental. Si este fuera el razonamiento, no existirían organizaciones a nivel mundial. Lo lógico sería que se utilice el mecanismo institucional existente para hacerlo más eficaz y eficiente en sus gestiones y procedimientos.

Por lo tanto, la razón principal por la cual los gobiernos mencionados decidieron darle vida a PROSUR es porque sienten que UNASUR no representa sus ideales conservadores y que hace parte de la “década perdida” y, en este sentido, se considera más oportuno destruir y volver a crear, que conservar y modificar. Es más bien una cuestión simbólica que busca sepultar el pasado y mostrar la foto de la nueva familia que gobierna la región. Los creadores de esta iniciativa no cayeron en cuenta que así como esta planteado PROSUR, sería un contrasentido ideológico destinado al fracaso.

Por: Rodolfo Colalongo
Università Degli Studi Di Salerno.

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