Ajustar las velas

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Luego de unos años difíciles en materia económica y política, el 2018 prometía ser el puntal sobre el cual la recuperación de la dinámica productiva del país se forjaría. Terminado ese año y con un gran tramo de 2019 recorrido, la sensación que queda es que, si bien se dio un repunte en las cifras de la actividad económica, estas no fueron las esperadas.

El crecimiento de 2,6 % del PIB en 2018, sumado al 2,8 % del primer trimestre de 2019 (con un guarismo desestacionalizado del 2,3 %), hace dudar de la fortaleza de la recuperación. Los más optimistas mantienen su confianza puesta en el mejor desempeño del sector comercial y del industrial, que en los últimos meses vienen mostrando crecimientos importantes.

Así mismo, los índices de confianza empresarial en ambos sectores son ampliamente superiores a los mínimos registrados en 2017, según las encuestas divulgadas por Fedesarrollo. Con esto, los partidarios de ver el vaso medio lleno señalan que el cierre de este año será favorable y se ajustará a proyecciones de crecimiento cercanas al 3,4 %.

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En contraste, los menos optimistas sostienen que el deterioro del empleo, la volatilidad de la confianza de los consumidores, el desequilibrio de las cuentas externas del país y un panorama fiscal no tan claro en el corto plazo serán obstáculos difíciles de sortear para alcanzar el guarismo más optimista de expansión económica.

En medio de estas dos visiones están las empresas, que son las que tienen que enfrentar las condiciones que les impone la coyuntura. Su misión que, a diferencia de la popular serie de los ochenta, no pueden rechazar es la de anticipar y prepararse para ambos escenarios.

Así, por ejemplo, vale la pena que las firmas aprovechen los incentivos a la inversión que surgieron a partir de la Ley de Financiamiento, pues no sorprendería que algunas de las reducciones impositivas tengan que revertirse o contrarrestarse en un plazo no muy lejano. Del mismo modo, el constante monitoreo a la demanda de bienes y servicios y el entendimiento de que estos procesos tienen amplios rezagos en términos de efectos reales serán claves para reducir costos y gastos subóptimos de la operación.

En definitiva, el llamado es a que se ajusten las velas ante las diferentes posibilidades o dificultades que el corto plazo tiene para ofrecer. Las señales, tanto favorables como de precaución, están más que identificadas y rara vez un auge o una desaceleración llega sin haber dado indicios.

Por: Juan José Escobar Jaramillo
Editor en jefe

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