La “astro-mito-economía” del PIB colombiano

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El Dane reveló el crecimiento del PIB para el segundo trimestre y, si desde el Gobierno siguieran algunas prácticas poco ortodoxas para explicar el porqué de su comportamiento, llegarían a la conclusión de que, como con el empleo, el PIB también está influenciado por Júpiter.

El 3 % de crecimiento del segundo trimestre se aleja del 3,5 % esperado por el Ministerio de Hacienda y pone un manto de duda acerca de si la segunda parte del año cuenta con el suficiente vapor para mover la economía a ritmos superiores a la expectativa gubernamental. Con una alta probabilidad, las proyecciones oficiales tendrán que ser revisadas a la baja.

La construcción fue la principal responsable de restarle dinamismo al PIB, aunque a diferencia del trimestre anterior, cuando cayó 5,5 %, en este periodo fue de 0,6 %. Todo apunta a que un cúmulo inmenso de gases a millones de kilómetros de aquí, se empeñó en hacerle la vida imposible al sector constructor colombiano. Pero, para ser justos con el gigantesco planeta y otrora deidad (también era conocido como Zeus), los efectos negativos solo están concentrados en el sector edificador, que cayó -5,6 % en el trimestre, lo cual es mejor que la caída del 8,7 % del primer trimestre.

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Desconociendo los vericuetos astrológicos, quizás el problema de Júpiter con la construcción de vivienda y edificaciones colombianas, tenga que ver con que se encuentra bajo la influencia de Libra. Dado que este signo zodiacal comparte su nombre con la moneda británica, es comprensible que Júpiter se sienta incómodo por la posibilidad de que la divisa pierda valor con la posibilidad de que se dé un Brexit duro.

Por fortuna, la influencia, las preocupaciones y el mal carácter de Júpiter no alcanzaron a golpear con fuerza en otros frentes de la economía nacional.

El comercio, guiado por Mercurio, mantuvo un sólido crecimiento del 4,8 % en el segundo trimestre del año, con lo cual acumula una expansión del 4,6 % en todo el semestre. Este comportamiento es sorprendente desde el punto de vista mitológico, toda vez que Mercurio es hijo de Júpiter. Entonces, mientras el padre descargó su ira contra el empleo y la construcción, su retoño rebelde optó por impulsar al comercio colombiano. En toda familia hay una oveja negra, dirían algunos.

Pero el sedicioso Mercurio no está solo, pues por el mismo camino de crecimiento y bajo la mirada acuciosa de Apolo, Atenea, Artemisa o algún otro hijo de Zeus, se encuentran sectores como el financiero, con un crecimiento del 4,6 %; las actividades profesionales, con un 3,6 %; y el sector  TIC, con 4,2 %.

Dejando la charlatanería a un lado, es claro que la economía colombiana muestra una aceleración con respecto al escenario del año pasado. Si bien todavía no parece que se vaya a cumplir con la meta del Gobierno, el crecimiento acumulado del 3 % en el primer semestre es positivo, máxime si se tienen en cuenta los factores externos a los cuales estamos expuestos y los, cada vez más preocupantes, déficits gemelos.

Sin embargo, es precisamente el contexto global, en conjunto con las debilidades locales, lo que no permite celebrar el mayor dinamismo de la economía colombiana. Las alarmas sobre una desaceleración global están totalmente encendidas y, cuando esta se materialice, Colombia sufrirá.

Ojalá funcionen todos los incentivos a la inversión que se aprobaron con la Ley de financiamiento del año pasado, que los “pactos por el crecimiento” entre el sector productivo y el Gobierno, recientemente firmados, dinamicen la producción nacional y que las iniciativas del Ministerio de Vivienda estimulen al sector constructor. Hasta el momento hay tenues señales de que esto puede estar ocurriendo, como lo muestran las crecientes cifras de importaciones, pero aún queda la duda de si los estímulos llegaron más tarde de lo necesario.

La óptica menos optimista sostiene que no parece que el país tenga el suficiente peso en el pie para pisar el acelerador a mediano plazo. Además, pretender escapar de la turbulencia internacional es totalmente ingenuo. Aunque hemos mejorado, todavía estamos lejos de alcanzar el añorado crecimiento del 4 % que estabilizaría al empleo en cifras de un dígito y promovería el desarrollo socioeconómico del país.

Tal vez, lo que sucede es que sí es necesario darle una mirada astrológica a la economía colombiana (y de paso ajustar cada pénsum universitario). Quizás es Urano el que esté llevando las riendas de la producción nacional o de la coyuntura internacional, lo cual tendría sentido, después de todo, aquel es el abuelo de Júpiter…

Por: Juan José Escobar Jaramillo
Editor en jefe

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