Pymes vintage en un mundo futurista

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Vivimos en un mundo lleno de tecnología. A donde quiera que se mire se puede encontrar una herramienta, una aplicación, un servicio, un producto o una práctica que hace cinco años, o incluso dos, no existían. Con la gran permeabilidad de estos avances en la vida diaria, la extrapolación lógica apuntaría a que en las empresas también se está dando el paso hacia una economía más tecnificada, pero no es así.

Partiendo de los datos del estudio Colombia Manufacturing Survey, es claro que la adopción tecnológica por parte de las empresas del país es baja. El 67 % de las grandes compañías manufactureras utilizó asistencia externa en técnicas y tecnologías de producción, mientras que solo el 58 % de las pymes lo hizo.

Además, cuanto más pequeña es la empresa, menor es la penetración de tecnología avanzada. Así, mientras que el 11 % de las grandes firmas tiene robots como parte integral de sus procesos productivos, en las pymes solo se llega al 1,2 %. El argumento obvio es que las pequeñas organizaciones no requieren de lo último en tecnología para funcionar, y puede ser cierto, pero esto también está haciendo que el país quede rezagado.

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Según el Consejo Privado de Competitividad, solo el 22,2 % de las empresas del país innova, aunque menos del 1 % genera avances disruptivos, y apenas el 14,7 % de nuestras exportaciones manufactureras son de media o alta intensidad tecnológica. Esto también está relacionado con la escasa integración entre las instituciones generadoras de conocimiento (IGC) y las empresas, pues solo el 4 % de estas buscó a una IGC para desarrollar actividades de índole científica o tecnológica.

Con este panorama, pareciera como si las empresas, y particularmente las pymes, estuvieran atrapadas en una máquina del tiempo que las hace producir como se hacía décadas atrás. Bien es sabido que la tecnología y su integración adopción por parte de la industria es fundamental para incrementar la productividad y, por esa vía, el crecimiento. Pero la noticia (o las posibilidades) no parecen haber llegado a todos los empresarios. Por ello, son loables las políticas públicas encaminadas a cerrar esta brecha. Las bases del Plan Nacional de Desarrollo tienen dentro de sus objetivos mejorar el acceso a la financiación para la inversión, fortalecer el mercado de capitales y promover la adopción de tecnología de frontera, entre otras medidas, encaminadas a traer al aparato productivo del país a este siglo.

No obstante, de nada sirven los incentivos a las importaciones de bienes de capital, la implementación de las recomendaciones de la Misión del Mercado de Capitales, las fábricas de Productividad, y demás iniciativas que se promuevan desde el sector público, si el empresariado se muestra reticente a hacer parte de la transformación.

Ningún cambio se hace solo firmando leyes, el sector privado debe ser el adalid de la transformación. Resulta paradójico que, según la Gran Encuesta Pyme de Anif, alrededor del 50 % de las pymes en Colombia no tenga dentro de sus planes ninguna acción de mejora a corto plazo, cuando lo que sobra son, precisamente, áreas por mejorar.

Por: Juan José Escobar Jaramillo
Editor en jefe

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