Gestión del patrimonio familiar a través de sociedades de familia: ¿una manera de garantizar el futuro de las siguientes generaciones?

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Imagen: Pixabay.
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De acuerdo con el «Informe de Dinámica Empresarial«, realizado por Confecámaras en 2018, del total de empresas constituidas en Colombia, el 80 % pertenece a la categoría de compañías de familias. No obstante, el porcentaje de las organizaciones que se liquidan es proporcional al de su constitución, quedando en evidencia la dificultad de mantener en el tiempo los principios fundacionales de su creación. Todo ello, debido a que: i) la regulación de estas organizaciones es insuficiente, ii) no existen beneficios diferentes a los de un negocio tradicional, iii) los conflictos familiares hacen que el patrimonio se fragmente y iv) se presenta una falta de compromiso de las nuevas generaciones.

El Decreto 410 de 1971 reconoce a las sociedades de familia (artículos 102 y 435), disponiendo que es válida la sociedad entre padres e hijos o entre cónyuges, aunque unos y otros sean los únicos asociados. Asimismo, dispuso que en esas sociedades las personas que componen los órganos de administración podrán estar ligadas entre sí por matrimonio, o por parentesco dentro del tercer grado de consanguinidad, segundo de afinidad, o primero civil.

Aun con lo anterior, la legislación comercial no define qué se entiende por sociedad de familia y frente a este vacío, la Superintendencia de Sociedades, en varios conceptos, reitera que la definición se encuentra en el artículo 6º del Decreto 187 de 1975, incorporado al Estatuto Tributario a través del Decreto 624 de 1989. De acuerdo con este “se considera de familia la sociedad que esté controlada económica, financiera o administrativamente por personas ligadas entre sí por matrimonio o por parentesco hasta el segundo grado de consanguinidad o único civil”. Así, para que una sociedad de familia se entienda como tal, no debe cumplir con ningún trámite especial, basta con que se cumpla lo aludido.

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Frente a la regulación de sociedades de familia la ley no dice nada más, lo cual permite concluir que hay insuficiencia en normas y desarrollo doctrinal.

Ahora bien, la razones más comunes para que una familia decida constituir una sociedad son:

  1. El control que la familia directa puede ejercer sobre la sociedad o sociedades.
  2. La seguridad para limitar la entrada de terceros que afecten las decisiones y visión de la empresa.
  3. La planeación de la sucesión, evitando con ello algunas de las implicaciones futuras de una conflictiva y onerosa sucesión. No obstante, esto es cuestionable si se considera que estas prerrogativas son iguales a las de constituir una sociedad tradicional, veamos.

a) Existen dos tipos de control, el económico y el financiero, que pueden ser ejercidos por la familia. El económico se da en la medida en que uno o varios socios aportantes representen la mayoría de las acciones; y el administrativo radica en los representantes legales y/o junta directiva ejerzan directamente funciones administrativas. Esto también se puede presentar en una empresa en la que sus socios no tengan ningún vínculo familiar, siempre que se presente una situación de control.

b) La familia, al ostentar el control de la sociedad, tiene la seguridad de que ningún tercero pueda entrar en ella, pero la realidad es que, si analizan los estatutos sociales de cualquier tipo de sociedad, estos tienen inserto el denominado “derecho de preferencia”, por lo que este no es un beneficio exclusivo de las sociedades de familia.

c) En ocasiones, incluir los bienes del patrimonio familiar dentro de la sociedad, teniendo los hijos como accionistas, evita que el sucesor incurra en una dispendiosa sucesión en caso de fallecimiento, ahorrando costos legales y fiscales, y posibles conflictos entre los sucesores. Sin embargo, las acciones sociales propias del sucesor deberán seguir las reglas de reparto establecidas en el Código Civil.

En conclusión, aun cuando pareciera que las sociedades de familia pueden reportar grandes beneficios para gestionar el patrimonio de una familia, no será suficiente la constitución y clasificación como tal, sino que su real funcionamiento como estrategia patrimonial requiere una asesoría adecuada desde el momento mismo de su constitución. Lo anterior, con el fin de desarrollar eficientes esquemas de gobierno corporativo frente a futuros procesos de sucesión, regular las relaciones entre la familia, la empresa y la propiedad, así como establecer estrategias que contribuyan a consolidar grupos competitivos con perdurabilidad; para lo cual es necesario realizar códigos de buen gobierno y los protocolos de familia que generen un compromiso con el legado familiar.

Por: Angélica María Guzmán Olmos
Moncada Abogados

Contenido publicado en la edición «Pymes» de La Nota Económica.

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