La paradoja de los sistemas educativos más exitosos del mundo

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Imagen: Pixabay.
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Desde el año 2000, cuando los estudiantes finlandeses obtuvieron los puntajes más altos en la prueba del Programa Internacional de Evaluación de Estudiantes (PISA), implementada por la OCDE, la intriga de muchos expertos y hacedores de políticas públicas despertó. ¿Cuál es la fórmula de esta pequeña nación para desarrollar un modelo educativo ejemplar y posicionarse en el podio?

Durante los siguientes años, el rendimiento fue similar. Los estudiantes continuaron destacándose en estas pruebas internacionales, atrayendo la mirada de líderes y educadores de todo el mundo, que buscaban seguir sus pasos y aprender de sus metodologías.

Sin embargo, desde 2009 el panorama cambió y la clasificación de Finlandia comenzó a descender. En su lugar, se fueron posicionando países asiáticos, como Singapur, Hong Kong, Taiwán, Corea del Sur, Macao y Japón.

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Aunque no hay que desconocer que Finlandia sigue siendo reconocido como uno de los países con mayores rendimientos académicos y se ubica entre las primeras líneas de este ranking, estos resultados han llevado a que el país pierda su brillo ante los ojos de los expertos, quienes han cuestionado su desempeño y han fijado su mirada en el líder que ahora domina las pruebas Pisa: Asia.

Pero, ¿cuál fue la fórmula secreta de Finlandia?

Desde hace más de 30 años, los finlandeses han trabajado para innovar y hacer cambios en su sistema educativo. Es así como el aprendizaje en este país se ha basado en procesos flexibles, enfocados en los intereses de los estudiantes.

En Finlandia, el 90 % de los centros educativos son públicos y no llevan a cabo un proceso de selección de estudiantes. Por el contrario, los niños y los jóvenes tienen la facilidad de matricularse en centros cercanos a su lugar de residencia y, más allá de su condición socio-económica, las instituciones valoran sus capacidades, lo que les permite mitigar problemas de discriminación.

Por otra parte, el modelo educativo finlandés ha ido contra la corriente y ha optado por evitar la competencia entre los estudiantes y docentes. Ocupar el primer puesto en un ranking o ser mejor que los demás es una preocupación menor para los finlandeses. Así mismo, las evaluaciones son limitadas y los maestros muestran un alto sentido de confianza y responsabilidad. A ellos no se les impone un currículo particular y no se les exige una rendición de cuentas, porque cumplen a cabalidad con su labor.

De hecho, en esta nación la docencia es una de las profesiones más respetadas y valoradas. Su posicionamiento y remuneración alcanzan los niveles de la medicina, la administración y el derecho. Precisamente, estas óptimas condiciones laborales han generado una elevada tasa de retención para los profesores, ya que aproximadamente el 90 % de los docentes entrenados se mantiene en su cargo a lo largo de su trayectoria, según el National Center on Education and the Economy (NCEE).

Sin embargo, el ingreso a un programa de formación docente se da luego de un proceso de selección riguroso. De acuerdo con el NCEE, solo uno de cada diez candidatos logra clasificar. Además, en comparación con los demás países, los profesores finlandeses son calificados con un grado de maestría y quienes acceden a un pregrado en pedagogía deben demostrar un alto promedio. Estos factores garantizan que las personas que ejercen realmente tengan interés en la investigación y contribuyan a mejorar la calidad de la educación.

Aunque en la mayoría de naciones el aprendizaje de lectura se da desde los cuatro o cinco años, en Finlandia este proceso inicia desde los siete años. De acuerdo con expertos en pedagogía, esta sería la edad propicia para que el estudiante desarrolle una suficiente madurez y gusto por estudiar. En ese sentido, durante el periodo preescolar, los centros educativos hacen un esfuerzo por estimular la socialización.

De igual forma, hay una metodología diferente para los procesos de evaluación. En lugar de llevar a los estudiantes a que memoricen conceptos, lo ideal es que pongan en práctica los conocimientos adquiridos en problemas reales. Vale la pena aclarar que estos logros tardaron una década para que funcionaran efectivamente. Según relata un informe del Banco Económico Mundial, para que Finlandia obtuviera un sistema altamente descentralizado y se otorgara tanta confianza a los docentes, fue necesaria una estricta supervisión de alrededor de 20 años.

¿En qué se diferencia Asia?

El excelente rendimiento de países como Singapur, Japón y Hong Kong, especialmente en matemáticas y ciencias, ha llevado a muchos a preguntarse cómo han logrado superar a Finlandia de manera significativa. Estas son algunas de las características que priman en su modelo educativo:

  1. A diferencia de los finlandeses, los estudiantes asiáticos inician su educación desde temprana edad y tienen la costumbre de trabajar más. La premisa en los países de este continente es que, entre más tiempo dedican para desarrollar sus habilidades, obtendrán mejores resultados.
  2. Los sistemas educativos de Asia Oriental buscan ser más competitivos y enfocan sus programas educativos con el fin de sobresalir. Mientras tanto, la cultura finlandesa no concibe la competitividad como una base para su desarrollo académico.
  3. Los centros educativos en Finlandia apuestan por promover un modelo de aprendizaje flexible y fuera de lo común. Sin embargo, Asia opta por motivar a sus estudiantes para que tengan un esfuerzo mayor y obtengan resultados más relevantes.

Pero, ¿la calidad responde al bienestar de los estudiantes?

Si bien es evidente que los asiáticos han obtenido excelentes resultados bajo este modelo, los últimos reportes de las pruebas PISA revelan un punto importante en el que sí sacan mala nota: el nivel de bienestar escolar de los estudiantes. En este continente es más bajo que en la mayoría de los países de la OCDE, ubicándose, incluso, por debajo de la media. Una situación que no se registra en España, por ejemplo.

Los niños y jóvenes de estos países son sometidos a altos niveles de presión y estrés. En efecto, los índices de suicidio han sido un desafío constante para Asia. Un reporte del gobierno, publicado a finales de 2018, muestra que en Corea del Sur se registraron 26,9 muertes por cada 100.000 habitantes en 2017, mientras que en Japón se reportaron 18,5. La mayoría de los menores que se suicidaron eran estudiantes de secundaria.

Es por esto que algunos países como Singapur están introduciendo cambios para reconocer las presiones que afectan a los menores. Por ejemplo, hay una política que busca modificar la forma en que se publican los puntajes y se compilan los rankings de los alumnos dependiendo de su desempeño.

Ahora bien, luego de conocer los modelos diferenciados de las naciones más destacadas a nivel académico, no cabe duda de que, más allá de replicar técnicas internacionales, los países tienen el reto de analizar e investigar a profundidad cuáles son las metodologías que se adaptan efectivamente a sus condiciones políticas, sociales y económicas. Por supuesto, hay elementos que se pueden tomar como ejemplo, pero finalmente son el resultado de años de una juiciosa evaluación.

Contenido publicado en la edición «Universidades 2020», de La Nota Económica.

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