¿Por qué algunas personas son más productivas que otras?

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Imagen: Pixabay.
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La productividad laboral es uno de los aspectos más significativos para un negocio y para una economía. Todas las empresas tienen como objetivo producir, de la mano del recurso humano y de las herramientas tecnológicas, la mayor cantidad de bienes y servicios de la forma más eficiente.

Para cumplir con ese objetivo, cada país ha dictado regulaciones como el número máximo de horas que puede trabajar una persona a la semana. Esto no necesariamente significa un efecto positivo para la productividad.

De igual manera, los expertos en desarrollo empresarial han establecido una serie de recomendaciones para que los trabajadores sean, autónomamente, más productivos y para que las compañías, desde sus estrategias organizacionales, impulsen el cumplimiento de ese fin. Aunque todos los esfuerzos individuales y colectivos deberían contribuir al aumento de la productividad de la fuerza laboral de una forma consistente y alineada, lo cierto es que el nivel presenta diferencias abismales entre países.

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De hecho, es común que en Colombia y otros países de Latinoamérica veamos con admiración los resultados de la productividad de naciones europeas como Alemania, Suiza o Noruega y nos preguntemos cuál es el secreto de su éxito. Para tratar de responder esta pregunta, nos centramos en revisar las horas de trabajo y los hábitos personales.

Los que más tiempo trabajan no siempre son los más productivos

El promedio de horas laboradas por persona en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) es de 1.746 por año –según los datos de 2017–. México, Costa Rica y Corea del Sur, que hacen parte de este organismo internacional, invierten más de 2.000 horas anuales al trabajo; mientras que Alemania, Dinamarca y Noruega son los países que menos tiempo dedican a sus actividades laborales, con un promedio inferior a las 1.400. Pero, ¿el tiempo es el indicador que determina los niveles de productividad?

Un neófito en temas económicos, con total desconocimiento de los rendimientos marginales decrecientes, podría pensar que en los lugares donde las personas trabajan por más tiempo hay mayor productividad laboral. Una simple regla de tres bastaría para dar sustento a su presunción. Sin embargo, las estadísticas de la OCDE demuestran todo lo contrario.

Por ejemplo, partiendo de la medición de productividad de la OCDE (la relación entre el PIB en dólares bajo paridad de poder adquisitivo y las horas efectivamente trabajadas), México y Costa Rica, los dos países pertenecientes a ese organismo internacional que más tiempo trabajan, son los menos productivos, con un nivel de 21,56 y 19,23 USD por hora trabajada (USD/h), respectivamente.

En contraste, y desafiando la regla de tres, las naciones que menos horas invierten en las actividades laborales tienen un nivel de eficiencia más alto, como es el caso de Alemania, Dinamarca y Noruega, donde la productividad es del 72,16, 76,45 y 83,07 USD/h, respectivamente.

Tras revisar la productividad de diferentes países, la pregunta que surge es: si la mayoría de personas alrededor del mundo tiene casi las mismas capacidades para desarrollar diversas tareas y tiene un tiempo asignado para el cumplimiento de unos objetivos de eficiencia, ¿por qué sus naciones son tan desiguales en ese aspecto?

Factores que influyen en la productividad laboral

Alrededor del tema existen varias hipótesis que sostienen que, además del tiempo, los hábitos, las costumbres, la educación, la salud y el género tienen un impacto directo en los niveles individuales de productividad.

Se destacaron tres patrones generales en un estudio realizado por los investigadores Robert C. Pozen y Kevin Downey, del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés) y en el que participaron residentes de América del Norte, Europa, Asia, Australia, Sudamérica y África.

El primero es que, efectivamente, trabajar más horas no implica una mayor productividad. El segundo es que la edad y la antigüedad están altamente relacionadas con la productividad personal. El tercero denota que existen diferencias de género en los hábitos particulares, mas no en los puntajes de productividad general.

Respecto a la geografía, el estudio encontró que, pese a que las personas de América del Norte tienden a trabajar más horas, su puntaje de productividad fue más bajo que el de los encuestados de Europa, Asia y Australia. Aun así, se ubicó en un nivel más alto que el de los residentes de América del Sur y África.

La diferencia entre continentes es explicada, en gran medida, por los hábitos individuales. En la investigación, los autores les preguntaron a las personas sobre el tiempo que dedicaban al sueño, a leer, a revisar el celular o el correo y a la planificación de sus actividades y reuniones en el trabajo.

En consecuencia se encontró que la superioridad en los puntajes de productividad de las personas en Europa, Asia y Australia fueron impulsados por hábitos fuertes como no revisar constantemente el celular, enfocarse en el producto final y pensar cuidadosamente antes de leer o escribir algo.

Si bien es cierto que no existen diferencias significativas en los niveles de productividad entre el género femenino y masculino, estas sí se manifiestan en la forma en que cada uno logra sus objetivos de trabajo.

Por ejemplo, en el estudio las mujeres obtuvieron puntajes más altos a la hora de organizar reuniones, gracias a hábitos como enviar la agenda por adelantado, hacerlas de menos de 90 minutos y terminarlas con un acuerdo sobre los próximos procesos. De igual manera, se encontró que el género femenino tiende a preparar sus calendarios la noche anterior y responder con prontitud los correos electrónicos más importantes.

En cambio, los hombres se caracterizan por saber manejar el gran volumen de información. Según la encuesta, estos no revisan tanto la bandeja del correo electrónico y saltan los mensajes con poco valor. También tienden más a mantener espacios libres en sus jornajornadas diarias, a llegar rápidamente al producto final y a realizar esquemas antes de escribir.

Igualmente, la edad y la antigüedad son factores que inciden en la productividad. En los trabajadores mayores y con más experiencia o rango en una empresa la productividad tiende a aumentar, gracias a los hábitos adquiridos, que mejoran con el devenir del tiempo.

En ese sentido, de acuerdo con los resultados del MIT, los trabajadores con más edad y antigüedad se destacaron por planificar sus horarios y gestionar sus mensajes de una mejor manera, así como por tener una mayor capacidad de comunicación.

Sin duda, esta es una tesis a favor de las personas de más edad y experiencia, quienes, en el mercado laboral actual, tan cambiante y competitivo, viven con el temor de no ser contratados por las compañías o de ser reemplazados por los más jóvenes.

El miedo por parte de los empleadores está ligado, principalmente, al paradigma de que las personas mayores de 50 años van perdiendo las habilidades requeridas para el desarrollo de sus labores o que no cuentan con las competencias suficientes para enfrentar las necesidades actuales del mercado. Sin embargo, esta es una ambigüedad.

En un estudio realizado por el Centro de Psicología de la Vida Útil del Instituto Max Planck para el Desarrollo Humano de Alemania, se descubrió que, contrario a esas creencias, las personas mayores son más productivas en sus actividades.

Al evaluar las habilidades cognitivas, la velocidad de percepción, la memoria episódica y de trabajo, se evidenció que el desempeño de los trabajadores mayores fue más estable y consistente con el tiempo que el del grupo joven. Incluso, su motivación fue mucho más alta y presentaron menos errores.

Si bien es cierto que a nivel físico las personas mayores tienen una desventaja con respecto a los más jóvenes para desempeñar ciertas labores operativas, debido al efecto normal del envejecimiento y la movilidad, estos cuentan con el arma de la experiencia que les permite reaccionar de forma diferente y ágil ante los retos del trabajo. En ese sentido, los menores corren más rápido pero los adultos tienen los atajos.

Por esta razón, la experiencia y la capacidad del cerebro se transforman en dos elementos fundamentales para mitigar los cambios físicos y mentales del envejecimiento y para perfeccionar hábitos básicos como la organización, planeación, redacción y resolución de problemas.

Las habilidades aprendidas con los años son una oportunidad para los empleadores, quienes se enfrentan al desafío de incorporar cuatro generaciones diferentes en el mismo espacio de trabajo. De igual manera, son un llamado para que estos aprovechen las bondades que brinda la experiencia para tomar decisiones más acertadas, incrementar la productividad y contribuir al crecimiento empresarial.

En otro orden de ideas, es claro que más allá del factor geográfico, de género, posición o edad, la productividad se reduce al principio básico de los buenos hábitos adquiridos con el tiempo, la educación o la cultura en que se desenvuelven las personas.

Ahora bien, no hay que olvidar que los países más productivos tienen ventajas educativas y recursos tecnológicos, que los han llevado a alcanzar un nivel de desarrollo superior. Por lo tanto, la eficiencia y el rendimiento laboral dependen de otros aspectos que se conjugan entre sí para mejorar los resultados.

Pero, lo que sí es cierto es que a través del mejoramiento de los hábitos individuales y el cambio de mentalidad colectiva, los trabajadores y empleadores de países que hoy no gozan de una productividad óptima pueden contribuir a la transformación de su realidad.

Artículo publicado en la edición «300 Empresas Platinum» de La Nota Económica, en la cual encontrará 15 tips para ser más productivo.

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