¿Qué es el liderazgo moral y cómo impacta en las empresas?

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Imagen: Freepik
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Uno de los temas que más reluce cuando se habla del mundo empresarial es el liderazgo. Alrededor de esa palabra se han construido imágenes de presidentes, gerentes, directores y ejecutivos, quienes son los encargados de llevar a las compañías a buen puerto.

Sin embargo, la imagen de líder omnipotente e inalcanzable es cuestión del pasado. Esto va más allá de tener mayor contacto con los colaboradores y de bajar del pedestal de poder. Si los empleados no ven en él un ejemplo a seguir, difícilmente el líder tendrá la confianza de sus trabajadores.

Como parte de la construcción de esa confianza, es necesario implementar el llamado “liderazgo moral”. Este no es más que el resumen de lo que es el deber ser de un líder: actuar correctamente siguiendo los principios y valores de la empresa, sus empleados y los propios, dentro de un marco moral. En pocas palabras; hacer lo correcto y dejar atrás el “todo vale” (mentiras, maltrato, corrupción, etc.) con el único fin de incrementar la rentabilidad de la empresa

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El tema no es menor, de acuerdo con The Ken Blanchard Companies, consultora dedicada al desarrollo de habilidades de liderazgo, la confianza en los líderes es un elemento determinante para la productividad de los empleados. Según informes de esta firma, cerca del 45 % de los trabajadores sostiene que la falta de credibilidad en sus líderes afecta el rendimiento en sus labores. La confianza está altamente correlacionada con la retención de talento, compromiso de los empleados y respaldo a las decisiones que se tomen desde los niveles más altos de la organización, lo que repercute en la productividad y crecimiento de las empresas. Una falla en ese campo se replica a lo largo de toda la compañía.

Los retos que plantean los negocios en la actualidad requieren que se rompan los esquemas tradicionales y se dé el paso hacia nuevas alternativas y mejores formas de liderazgo.

Un buen líder se preocupa por sus trabajadores y por su desarrollo, los escucha, no teme aceptar errores y actúa con humildad. Entiende que el resultado de la empresa tiene que ver con el compromiso de sus empleados con la consecución de los objetivos de la compañía y que es más probable que esto ocurra si a la cabeza de la organización y de los diferentes equipos lideran buenos jefes.

Sin embargo, lo que más resalta de un buen líder es su ejemplo y, sobretodo, que aplica la llamada “regla de oro”: no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti. Es en este punto donde el liderazgo moral toma relevancia, pues alinea los valores morales del componente humano de la empresa – partiendo del jefe– con los objetivos de la compañía, de modo que su consecución se vuelve no solo un triunfo empresarial sino personal.

Infortunadamente, según los estudios de The Ken Blanchard Companies, falta mucho camino por recorrer. De acuerdo con la consultora, solo el 23 % de los empleados considera que los ejecutivos de rango medio y alto tienen cualidades y comportamientos de líderes morales y únicamente el 30 % considera que el CEO de la empresa tiene tales características. Asimismo, el 20 % de los empleados sostiene que su jefe máximo está interesado por desarrollar el capital humano y en construir conocimiento moral dentro de su empresa.

Por supuesto, podría argumentarse que ese mal resultado es producto de envidia o rencillas personales entre los trabajadores y sus gerentes, pero esto solo reforzaría el argumento del escaso liderazgo moral en las empresas. Es simple: si los jefes fueran buenos líderes, sus colaboradores no tendrían inconvenientes en exaltarlos, pues estarían conformes con el manejo que estos le dan al equipo de trabajo.

Así, se están desaprovechando oportunidades para el desarrollo empresarial, y de sus colaboradores. Además, es un elemento que no solo necesitan, sino que piden los trabajadores, pues el 83 % de ellos considera que sus compañías tomarían mejores decisiones si siguieran la “regla de oro”. El 59 % considera que, bajo un liderazgo moral, la tasa de éxito enfrentando retos mayúsculos en la empresa sería mucho mayor.

Las bondades de un liderazgo moral

Una de las consecuencias directas del liderazgo moral es la confianza que los colaboradores tienen en su jefe y las decisiones y objetivos que se tomen. De hecho, diversos estudios han concluido que un líder que muestre fortaleza moral –es decir, hacer lo correcto incluso si esto implica aceptar errores–, es diecisiete veces más efectivo que aquel que carece de dicha fortaleza. Igualmente, los líderes que se toman el tiempo para escuchar a su equipo y evaluar con ellos las estrategias a seguir con base en los valores y virtudes –empresariales y personales–, son once veces más efectivos que los líderes que toman decisiones de manera apresurada y aislada.

Otro elemento fundamental dentro del liderazgo moral y la confianza que de él se desprende, tiene que ver con la humildad. Un líder que actúe dejando de lado su ego e ínfulas de poder –característico en algunas empresas y posiciones de trabajo con estructuras rígidas y jerárquicas– tiene veintidós veces más probabilidad de desarrollar confianza con sus equipos de trabajo.

Todo esto, obviamente, se traslada a la productividad laboral, algo que no le caería mal a un país como Colombia. En ese sentido, si una gerencia efectiva es capaz de incrementar el producto por trabajador entre un 15 % y 30 %, valdría la pena optar por desarrollar las habilidades necesarias para profundizar –o crear, en algunos casos– liderazgo moral en las empresas del país.

Dicho esto, el liderazgo debe ser visto no solo como un elemento organizador y direccionador de directrices en pro de los beneficios empresariales sino como el catalizador para el crecimiento empresarial. En este sentido, si un jefe tiene la confianza de sus colaboradores, es más probable que ellos estén más dispuestos a implementar metodologías más avanzadas dentro de sus procesos productivos. Además, facilitaría la adopción de nuevas tecnologías en la compañía –algo que es trascendental para el futuro de cualquier compañía–, por lo que se cerraría un círculo virtuoso que terminaría por favorecer tanto a la empresa como a sus empleados.

Este artículo fue publicado en la edición «Líderes 2019» de La Nota Económica.

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