“El origen de la informalidad es la desconfianza”: Camilo Herrera

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Camilo Herrera Mora, presidente de Raddar Consumer Knowledge Group. Imagen: cortesía.
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Edición «Proyecciones 2020-2023»

El 2020 se proyecta como un año sin muchos cambios para la economía colombiana. No obstante, se espera que esta sea dinamizada, en gran medida, por el incremento en el gasto público nacional, que se fortalecerá en el primer semestre por la llegada de los nuevos mandatarios regionales.

Así lo considera Camilo Herrera Mora, presidente de Raddar Consumer Knowledge Group, quien, en entrevista con La Nota Económica, habló sobre los resultados y las proyecciones de la economía del país, la situación de la región y los principales problemas que aquejan a la sociedad colombiana.

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¿Cómo describe el comportamiento de la economía nacional durante 2019?

En muy pocas palabras, se puede resumir como moderado. Si bien el crecimiento de la economía en Colombia ha sido mejor que el de muchos países, aún está por debajo del potencial y deja ver muchos retos en diversos sectores.

Si se mira en detalle, el comportamiento es mixto. Es evidente que el consumo de los hogares ha tenido un gran protagonismo en el crecimiento de la economía, desde el lado de la demanda, situación que se ve reflejada en los buenos números del comercio y los bancos. En el mismo sentido, el recaudo tributario sigue esta línea y el mayor gasto público se ve reflejado en la construcción de obras civiles; sin embargo, las edificaciones residenciales vienen en terreno negativo, debido, posiblemente, al fin de los programas de subsidios y estímulos que generaron un stock de vivienda por vender.

El gran problema está en las importaciones, que siguen creciendo como parte del PIB y mostrando la enorme dependencia de materias primas, bienes de capital y producto final que tenemos en muchas categorías, causando un menor crecimiento de la economía y una salida de divisas importante.

Por esto decimos que la economía tiene un buen comportamiento, ya que el agro y la industria vuelven a terrenos positivos, mientras la construcción y la minería se frenan, causando un mayor gasto en bienes de consumo por parte de los hogares.

¿Qué proyecciones tiene para 2020?, ¿cuáles cree que serán los sectores más representativos?

Esperamos un 2020 sin mayores cambios y fortalecido por el aumento del gasto público nacional, en presencia de la sensación positiva del primer semestre de los nuevos mandatarios regionales, que permitirá inyectar recursos en la economía local y nacional, como, por ejemplo, el Metro de Bogotá.

La industria seguirá con su senda creciente, demandando insumo del exterior y generando, posiblemente, un fenómeno muy interesante: que las actividades de materias e insumos crezcan como respuesta a la demanda de otras ramas productivas y por la devaluación. Esto causaría, además, una mejora en la cuenta corriente -lo que sería muy deseable- y provocaría una especie de “reforma industrial” por estímulos en la cadena de valor y no en el producto final.

El comercio y la banca seguirán con buenos comportamientos, pero con una menor dinámica por el efecto del aumento de la base, pues si un año crecí de 100 a 106, no será fácil mantener el crecimiento el próximo año porque ya no implicaría llegar a 112 sino casi a 113.

Por su parte, la construcción se dinamizará por el gasto público; mientras que el sector de telecomunicaciones será beneficiado por las nuevas leyes y normas.

¿Qué expectativas hay sobre el consumo de los colombianos para este año?

Esperamos un crecimiento por encima del PIB, explicado por la “descontención” del gasto causada por la caída de las compras per cápita entre 2014 y 2018 y la migración venezolana que aporta mucho en este proceso.

En el mismo sentido, vemos las tasas de interés reduciéndose y la inflación controlada, lo que ayudará a la venta de semidurables y durables, como la ropa y los carros, respectivamente.

Los últimos meses han sido cruciales para América Latina, debido a la ola de protestas sociales que se ha desatado. ¿Cuál cree que será el impacto de este momento en el consumo de la región para los próximos años?

Las protestas en Suramérica – no en América Latina- deben ser analizadas de manera particular, pese a que llevan un efecto de contagio importante. Una cosa son los casos de Perú y Bolivia, donde estamos frente a hechos políticos que hicieron que se generaran las manifestaciones y otra situación diferente es la de Ecuador y Chile, donde el gasto per cápita sigue decreciendo y aumentando la indignación no emocional sino real, algo que provoca que, al quitar algún subsidio, la gente sienta un claro efecto en su bolsillo.

El caso de Colombia lo vemos diferente, ya que sin bien estamos saliendo de la contracción del gasto, lo que se ve en las calles es más una frustración e indignación que un problema electoral, como el de Bolivia; o de aumento de precios, como el de Chile. Una gran cantidad de personas votó por el “sí” en el referendo por la paz y perdió; después votó por la Consulta Anticorrupción y volvió a perder. Esto causó una fragmentación en la opinión pública entre los que quieren cambios en las costumbres políticas inmediatamente y los que están de acuerdo con los cambios, pero a una velocidad diferente.

Los casos de Ecuador y Chile ya comienzan a ajustarse, pero México y Brasil muestran cifras negativas en sus per cápita de consumo, que hacen pensar en posibles movilizaciones sociales, las cuales no son esperadas en Argentina, donde empieza un nuevo periodo presidencial.

Comprender el comportamiento de los consumidores, especialmente a los del país, ha sido una de sus principales inquietudes y mayores objetivos a lo largo de su experiencia. En ese sentido, ¿cómo describe a los colombianos?

En mi opinión, los colombianos somos resilientes e inmarcesibles, como dice en nuestro himno. Sabemos adaptarnos a las variaciones de mercado a una gran velocidad, pero con la necesidad de expresar nuestro descontento por los cambios, así sean buenos o malos.

En este sentido, hoy podemos hablar de un consumidor reflexivo, que pasó de la fase de aprendizaje, entre 2002 y 2008; la de abundancia, de 2008 a 2014; y la de ajuste, entre 2014 y 2017, algo que permitió la creación de más canales de compra, marcas, centros comerciales y medios de pago, que, a su vez, redinamizaron el ecosistema del comercio, las compras, el mercadeo y el consumo en el país.

Desde su perspectiva, ¿cuáles son los cambios más urgentes que necesita la sociedad colombiana para lograr un mejor consenso entre todos los sectores?

Creo que el país no necesita cambios urgentes, sino estratégicos. Y no estoy tan seguro de que debamos buscar consensos, sino más bien de aprender a potencializar nuestra diversidad.

Venimos de un país que ha estado en guerra por décadas y debe comenzar a vivir un nuevo proceso y una visión clara. Es obvio que izquierdas, centros y derechas quieren lo mismo (empleo, salud, educación, seguridad, justicia, menos pobreza y más equidad) y la diferencia está en cómo hacerlo.

Considero que hay tres grandes retos mundiales de largo plazo que conocemos, debatimos, hablamos, pero no hemos comprendido ni nos estamos preparando para ellos: cambio climático, aumento del ingreso y envejecimiento.

El cambio climático va a modificar muchas reglas que hoy damos por sentadas, como las tasas de baño con agua o el manejo de residuos. El aumento del ingreso implica un mayor conocimiento de los productos por parte del mercado y un incremento de la exigencia en calidad, servicio y transparencia en las empresas. Finalmente, el envejecimiento no es solo la bomba de salud y pensión de la que se habla, sino que se trata de comprender que todos vamos a vivir unos 20 años más y en el país no hay nada pensado para eso.

Debemos producir más, importar menos y exportar más para ir formalizando el mercado, que aún está en fase de modernización.

“Formalmente informales” es el título de su más reciente libro, en el que aborda los principales dilemas de la clase media colombiana y la informalidad. Realmente, ¿quiénes forman parte de esta clasificación?

La informalidad no es un problema per se, es una estrategia mental que tenemos muchos colombianos.

Exigimos que los demás cumplan las normas, pero nosotros no lo hacemos porque consideramos que nuestro caso siempre es especial y, por eso, podemos vivir en un estrato 5 y tener una empleada por días a la que no se le paga seguridad social, porque dice que si la vinculan pierde el Sisbén; o pensar que no es necesario pagar ciertos impuestos porque esa plata se la roban. Si bien ambos casos pueden ser ciertos los usamos más como excusas que por otra cosa.

Los colombianos somos formalmente informales porque somos muy formales para relacionarnos, pero muy informales para ejecutar. Por lo tanto, todos somos informales, de alguna manera; por ejemplo, cuando le compramos a un vendedor ambulante o no pedimos la factura en alguna tienda.

Para usted, ¿cuál es el origen de la informalidad en Colombia?, ¿tiene solución?

El origen de la informalidad es la desconfianza. El colombiano no confía en su vecino ni mucho menos en el Estado y por eso busca la forma de hacer las cosas por debajo de la mesa, como para que nadie se entere.

Un buen ejemplo de esto es el regateo en las tiendas, bajo la idea de que el tendero está cobrando de más y que si uno paga el primer precio que le dicen está perdiendo.

La solución puede estar en crear los estímulos correctos, que comienzan por el desmonte de las inhibiciones que existen. Eso implica que digamos la verdad y no lo que queremos contar.

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