La era del oro blanco

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Imagen: Flickr
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El incremento en la accesibilidad y las necesidades de portabilidad de dispositivos electrónicos, así como la creciente tendencia hacia sistemas de transporte eléctrico, dieron inicio al apogeo de las baterías de litio (iones de litio para ser más exactos), un metal blando y relativamente escaso.

La incursión comercial de estas baterías, hace un poco más de 25 años, fue uno de los pilares para la portabilidad tecnológica, al ser una fuente recargable, compacta, ligera y de aceptable duración. Fue así como poco a poco estas baterías se fueron tomando el mercado y hoy están presentes en prácticamente todos los dispositivos tecnológicos que tenemos a nuestra disposición.

Como resultado de esta penetración y del crecimiento del consumo de dispositivos electrónicos –solo el consumo de celulares se incrementó un 225 % entre 2011 y 2017–, el litio entró a los mercados internacionales como un actor protagónico. Dicho esto, con su creciente relevancia en nuestra vida diaria, ¿qué le depara al mercado internacional y a los productores de un metal que empieza a constituirse como el nuevo combustible de la sociedad moderna?

Un mercado en ascenso

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Uno de los indicadores más dicientes sobre el cambio que estamos viviendo tiene que ver con la distribución de las baterías en el mercado mundial. Mientras que en 1990 la tecnología de iones de litio no estaba en el mercado, en 2017 ya superaba el 35 %, a la par de las baterías de plomo –el tipo que se usa en los automóviles–.

No obstante, lo más relevante no es este crecimiento sino el momento desde el cual se aceleró, pues da un indicio de lo que está por venir. Según datos recabados por la consultora Avicenne, el salto en la participación de las baterías de litio se dio a partir de 2010, justo cuando empezó a masificarse el mercado de los smartphones; es decir, el momento cuando se comenzó a necesitar más este tipo de baterías.

Establecer una relación uno a uno entre la fracción de mercado de estas baterías y las ventas de celulares inteligentes no es del todo exacta, ya que hay que considerar que existen otros tipos de dispositivos que las usan. No se debe olvidar que diariamente se venden más de 3,5 millones de celulares en todo el planeta y que estos son una fuente importante de demanda de baterías de litio.

Además, los cálculos del Fondo Monetario Internacional (FMI) apuntan a que, para el año 2020, el 70 % de la población mundial cuente con al menos un celular, por lo que difícilmente la demanda por el litio se detendrá.

Ahora bien, paralelamente al crecimiento del consumo de dispositivos electrónicos, hay que tener en cuenta el aumento de la conciencia ambiental, que se encamina hacia la generación de energías más limpias y la reducción de emisiones de gases nocivos para el medioambiente. Aunque esta arista del mercado del litio se piensa más para el mediano y largo plazo, es precisamente lo que da cimiento a los buenos augurios para las próximas décadas.

Así, por ejemplo, la importante energía eólica –que en la última década ha tenido un crecimiento del 557 %– y sus sistemas de almacenamiento, que requieren de baterías de litio, son otro factor catalizador del crecimiento del mercado del metal.

En el mismo sentido, el paso lento, pero sostenido, que han tenido las ventas de los carros eléctricos en el planeta –en 2016 solo representaban el 1 % del total de vehículos vendidos– se suma a la proyección del crecimiento de las baterías de iones de litio.

Aunque la poca representación de estos vehículos pueda hacer pensar que son un jugador menor en el mercado del litio, no hay que olvidar que la Unión Europea ya ha planteado la posibilidad de abrir incentivos fiscales para los Estados que promuevan la movilidad eléctrica con emisiones cero hacia 2030 –una medida que, algunos analistas afirman, significa una prohibición de la venta de carros con motores de combustión interna para ese año–.

Si bien esto puede parecer utópico, y de hecho es muy probable que para ese momento aún quede un gran tramo por recorrer hacia la movilidad totalmente limpia, la realidad es que sí se espera un mayor protagonismo de los vehículos eléctricos en el mediano plazo. Incluso, algunas estimaciones afirman que las ventas de estos, en los próximos 15 años, alcanzarán los 500 millones de unidades anuales y serán un componente fundamental para la demanda de litio.

Otro indicador de las buenas perspectivas que tiene el mercado mundial del litio es el interés que han mostrado grandes jugadores del panorama eléctrico y tecnológico como Samsung, Panasonic, Tesla, LG, CATL y BYD en adquirir el llamado “oro blanco”. De acuerdo a los cálculos de Cairn ERA, centro internacional de investigaciones y de consultoría en almacenamiento energético, el aumento de la capacidad manufacturera de algunas de estas empresas podría pasar de 2 GWh/año en 2017 a 45 GWh/año para 2020, lo que significaría un crecimiento del 2.150 %.

Evidentemente, para dar este salto las inversiones no son nada despreciables y un claro ejemplo de la importancia que va a tener este nuevo combustible está en la construcción de una “gigafábrica” que Tesla y Panasonic llevan a cabo en EE. UU., cuyo costo asciende a los US$5.000 millones. Ningún inversionista arriesgaría tal cantidad de dinero sin la certeza, casi absoluta, de la retribución que recibiría por ella. De manera que todas las señales apuntan hacia el fortalecimiento del mercado de este metal.

Lea las siguientes secciones de este análisis “Los pesos pesados del litio” y “Oportunidades y desafíos a la vista” en la edición Minas y Energía de La Nota Económica.

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