Lo bueno, lo malo y lo feo de los políticos empresarios

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Imagen: Wikimedia Commons
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En Colombia, hay un ramillete de funcionarios públicos que primero se destacaron como líderes empresariales y académicos. Su visión reformista, en la que la innovación y las alianzas público-privadas juegan un rol fundamental, ha hecho que se destaquen en los puestos públicos.

Colombia es un país donde los ciudadanos desconfían mucho de la política y de los políticos tradicionales. Debido a ello, en ocasiones los empresarios o académicos que saltan a la política son bien vistos.

Por ejemplo, los bogotanos vieron un cambio de la ciudad con las propuestas de Antanas Mockus (académico), por quien puede decirse que empezó una ola reformista y una visión de la política diferente por parte de los electores: no necesariamente el político tradicional es el único entre los candidatos.

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Esta ola de empresarios y académicos que incursionó en la política se vio como renovadora y confiable; muchos fueron elegidos sin necesidad del apoyo de los partidos tradicionales y hasta el gobierno central confía en ellos como fichas clave en su grupo de trabajo. Sus conexiones por fuera del ámbito político, la innovación, capacidad de gestión e inversión así como su habilidad natural para estructurar alianzas público-privadas son sus características más relevantes y por las que ganan adeptos.

Actualmente, en Colombia, varios empresarios políticos ocupan o han ocupado importantes cargos. Por ejemplo:

Maurice Armitage, presidente de la Siderúrgica de Occidente (Sidoc) durante 20 años, es Alcalde de Cali; Alejandro Char, director de la constructora de su propiedad –Alejandro Char & Cía.–, es Alcalde de Barranquilla; John Sudarsky, dueño de Colchones Spring, fue Senador de la República de 2010 a 2014; Rodolfo Suárez Hernández, dueño y fundador de la constructora HG, es Alcalde de Bucaramanga; y Luis Carlos Villegas, expresidente de la ANDI, es el Ministro de Defensa del gobierno de Juan Manuel Santos.

Aunque esta tendencia puede tener algunos beneficios para la acción de la política en el país, también presenta ciertas desventajas. Esto es lo bueno, lo malo y lo feo de los políticos empresariales:

Lo bueno

• Tienen mentalidad innovadora y son competitivos.
• Son transformadores y pueden dar un giro acertado a la inversión de los recursos públicos.
• Tienen una visión técnica de los asuntos y ven su gestión pública como una empresa (inversión y ganancia).

Lo malo

• Pueden impulsar políticas que solo beneficien al empresariado o al círculo más cercano.
• Tienden a sobrediagnosticar problemas; lo que puede derivar en múltiples estudios.
• Al tratar de ajustar estilos empresariales a la administración pública, pueden olvidar principios básicos de la política de gobernabilidad.
• Sus inversiones y visión suelen ser de muy largo plazo; por ello, necesitan continuidad con gobiernos subsiguientes.
• Pueden crear alianzas poco equilibradas.

Lo feo

• Si no tienen un trasfondo fuerte de Responsabilidad Social Empresarial, pueden desconocer las políticas sociales de un gobierno.
• Los empresarios tienden a confiar en muy pocas personas y se rodean de un círculo muy cercano. Esto puede sesgarlos.
• Tienen una visión diferente de la sostenibilidad empresarial y económica.
• Pueden tener serios incentivos para utilizar su posición para potenciar su plataforma empresarial.

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