Argentina cierra 2018 con uno de los peores ejercicios de los últimos años

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Argentina cierra 2018 como uno de los peores ejercicios económicos de los últimos años, marcado por la volatilidad en los mercados, una fuerte depreciación de su moneda, alta inflación y recesión en la actividad, un cóctel con agrias consecuencias en los niveles de empleo y pobreza.

Según las proyecciones del Gobierno de Mauricio Macri, el PIB caerá este año un 2 %, y un 2,4 %, de acuerdo a previsiones privadas.

La economía argentina no se contraía desde 2016, durante el primer año de la gestión de Macri, cuando descendió un 1,8 %, sin embargo, para hallar una caída que le supere en magnitud hay que remontarse a la crisis de 2001 y 2002, cuando el PIB sufrió un desplome del 4,4 % y del 10,9 %, respectivamente.

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Argentina no había empezado tan mal el 2018, pero la acumulación de factores adversos, no atajados a tiempo por las autoridades, eclosionaron como un volcán en abril, bajo la forma de un terreno pantanoso en el mercado financiero.

Los precios al consumidor cerrarán este año con un alza del 47,6 %, de acuerdo a cálculos privados, por encima del 41 % de inflación registrada en el fatídico 2002 como consecuencia de la crisis y que, para ser superada como marca, habría que remontarse al 84 % verificado en 1991, último año del ciclo de la “hiperinflación” en Argentina.

El Gobierno de Macri selló en junio y redefinió en septiembre un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), por el que durante tres años recibirá asistencia financiera por un total de 57.100 millones de dólares.

El acuerdo -logrado con el aval en el directorio del FMI de poderosos socios del G20, grupo que Argentina ha presidido este año- supone, entre otros compromisos, cumplir un programa económico de fuerte ajuste ya puesto en marcha, con la meta de lograr en 2019 un resultado fiscal primario equilibrado, desde un déficit primario del 2,7 % del PIB en 2018.

Los fuertes recortes de gastos necesarios para encaminarse hacia el “déficit cero” han generado no pocas tensiones políticas y se reflejaron en el Presupuesto de 2019, aprobado por el Congreso con duros debates y en medio de protestas en las calles.

De otra parte, los sobresaltos cambiarios obligaron al Banco Central argentino, primero, a elevar fuertemente el tipo de interés de referencia, hasta fijarlo en el 60 % en agosto, y luego, un mes después, a cambiar el régimen de política monetaria, tras dar por fracasado el esquema basado en metas de inflación.

La elevada inflación y el alto tipo de interés han impactado negativamente en variables como el consumo, la financiación y la inversión.

La crisis también ha impactado en los indicadores sociales, como la pobreza, que, tras haber bajado en la segunda mitad de 2017, volvió a subir en el primer semestre de este año, hasta alcanzar al 27,3 % de la población.

Se espera que el dato del segundo semestre sea aún mayor, dado que en el índice tiene impacto directo la valoración de la cesta básica de alimentos y servicios, cuyo precio ha subido al ritmo de una inflación acelerada en los últimos meses.

Otro tanto sucede con la tasa de desempleo: ascendió al 9,6 % en el segundo trimestre, la mayor en doce años, pero se prevé que el indicador arrojará un peor resultado cuando se den a conocer los datos de los períodos sucesivos.

Con este panorama complejo, Macri, hombre de negocios antes de desembarcar en la política, quien completa su tercer año de mandato presidencial y que en 2019 buscará probablemente la reelección, ha afrontado en 2018 dos huelgas generales, con una presión sindical creciente, pero también con un malestar empresarial cada vez mayor ante un plan económico que desencanta por sus resultados. EFE

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