¿Cómo avanza Colombia en la regulación de las fintech?

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Camilo Zea, CEO de Pronus. Imagen: cortesía.
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Colombia se ha convertido en uno de los principales jugadores de América Latina en fintech, una industria que, por medio de la tecnología, cambió la forma de ofrecer productos y servicios financieros.

Si bien es cierto que en los últimos años las entidades regulatorias en el país han depositado su confianza en este tipo de tecnología, la industria fintech aún tiene varios retos por superar, entre los que figura la obtención de capital. Así lo considera Camilo Zea, profesor de cátedra de Finanzas Aplicadas y Fintech, de la Universidad de los Andes y CEO de Pronus, quien habló con La Nota Económica sobre los avances de Colombia en materia de regulación para este sector, así como de los desafíos que todavía tiene pendientes por resolver.

Usted ha hecho énfasis en que el fintech debe ser concebido en el contexto de licencias reguladas según su mercado objetivo. ¿Por qué?

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El fintech regulado representa un seguro para los clientes en un país como Colombia, que ha sufrido numerosos fenómenos de captación ilegal. Ahora bien, no es necesario que sea a través de una licencia directamente; la Superintendencia Financiera está permitiendo que algunas experimenten de la mano de entidades vigiladas, usando el sandbox regulatorio.

Desde su perspectiva, la regulación colombiana es una de las más importantes de Latinoamérica. ¿Podríamos decir que por fin Colombia está tomando la delantera en un sector tan nuevo y desconocido como el fintech?

Colombia tiene hoy una Superintendencia que se destaca como una de las más innovadoras y liberales de la región. Tenemos normas nuevas sobre ciberseguridad, cloud y vinculación digital; además, se preparan otras que siguen la misma línea. No hay otro regulador en América Latina que esté siguiendo este camino de esa manera.

¿Hace diferencia para un inversionista entrar en una fintech regulada?

Los múltiplos de inversión de fintech reguladas son mayores que las que no. Por ejemplo, un banco puede venderse por 2 o 2.5 veces su valor en libros; en contraste, un banco digital puede venderse por 6 u 8 veces valor en libros. Incluso, hemos encontrado valoraciones en las que esa cifra se dispara a 12.

El punto de fondo es que la protección que las figuras normativas de la regulación prudencial (capital mínimo, provisiones, etc.) les dan a los clientes e inversionistas hacen que estos negocios digitales sean más valiosos, aunque, debo decirlo, los tiquetes de inversión sean mayores también.

¿Qué opina de la tendencia que hay en la banca local de procurar una digitalización in-house? ¿Cuál es el modelo internacional al respecto?

El desarrollo de negocios digitales no es una ciencia exacta. Hay un aprendizaje continuo y en ocasiones se puede perder mucho dinero.

Ese no es el camino para una entidad financiera tradicional. De hecho, su mismo ADN y su infraestructura “legacy” riñen con la tecnología nueva. Es mucho mejor que las entidades esperen a ver en el mercado fintech exitosas, que ya hayan salido del denominado “valle de la muerte”, para comprarlas. Eso es lo que están haciendo los grandes bancos americanos y europeos.

Ahora bien, los grupos financieros locales, en su mayoría, están afanosamente atendiendo el atraso que tenían para ofrecer sus servicios financieros tradicionales a través de una mejor tecnología. Eso es bienvenido, pero no es fintech. Para serlo tiene que repensarse totalmente el servicio al cliente, que ahora estará en el centro. Los usuarios ya no irán a las entidades financieras, como ocurría tradicionalmente, sino que ahora ellas deben ir a ellos con modelos disruptivos de mercadeo y atención.

La Superfinanciera ha mostrado gran flexibilidad para aceptar modelos financieros disruptivos en el marco del sandbox. ¿Eso es bueno para la innovación? ¿No resulta un poco desigual en comparación con el estándar del sistema financiero tradicional?

Como dije anteriormente, la Superfinanciera está siendo muy abierta a la innovación financiera; sin embargo, ha sido cuidadosa en no generar arbitrajes regulatorios en detrimento de las entidades financieras tradicionales. Además, no tendría por qué ser así, no tiene sentido que, para que surjan fintech interesantes, les permitan tener una “barra más baja” que los tradicionales, ya que esas normas son precisamente para proteger a los clientes, ahorradores, etc.

Lo anterior podría poner en peligro al sistema y eso no es lo que se busca. La Superfinanciera es consciente de ello. Como digo a veces coloquialmente, no podemos hacerle un “arco más chiquito” a las fintech para que sea más difícil hacerles goles, mientras que las entidades tradicionales siguen con su arco igualito. Eso no tiene sentido.

Parece que estamos ante un boom de financieras digitales. ¿Hay espacio para tanto en un mercado que no parece tan grande como el colombiano?

Si nada más contamos los establecimientos de crédito en Colombia, pasamos de 40. Todos, sin excepción, serán digitales, en la forma que he descrito anteriormente, porque su modelo tradicional va a extinguirse en los próximos años. En ese sentido, el espacio es enorme. El mundo está viendo cómo los servicios financieros tradicionales están llamados a rediseñarse por completo. Todas las entidades financieras están destinadas a mutar o desaparecer.

Nuestra apuesta es que estas fintech serán muy probablemente compradas por jugadores tradicionales que verán en esa estrategia la manera de digitalizarse sin morir en el intento.

¿Cuál considera que es su mayor desafío: conseguir capital, construir la tecnología o conseguir los equipos o el diálogo con el supervisor?

Todo lo que se menciona representa un desafío, indudablemente. Sin embargo, el mayor reto que estamos viendo es la inexistencia de un ecosistema de capital de riesgo robusto localmente. Se encuentran fondos pequeños que pueden poner 100.000 o 200.000 dólares, pero el capital mínimo de un banco, por ejemplo, son 30 millones de dólares.

Usted lidera la idea de crear un fondo de capital privado de fintech regulado. ¿Qué tan posible es convencer a los inversionistas sobre la evolución de las financieras digitales?

Efectivamente, en Pronus estamos en proceso de constituir y fondear un Fondo de Capital Privado para la regulación de las fintech. Muy probablemente los inversionistas serán internacionales y a eso estamos apuntando toda nuestra artillería, para irnos a jurisdicciones donde hay más madurez, tanto en desarrollos fintech como en fondos, para conseguir los recursos que nos permitan continuar gestando o incubando financieras digitales reguladas que al final, muy posiblemente, serán compradas por los jugadores incumbentes del mercado.

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