Educación financiera, un largo camino por recorrer

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Imagen: Freepik
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La educación en temas como el efecto de tasas de interés, plazos de pagos, puntajes de crédito y presupuestos, pueden ayudar a los consumidores a tomar adecuadas decisiones financieras. En ese sentido, las personas con menos recursos son las que más requieren dichos procesos pedagógicos.

Educar financieramente a las personas evita que estas cometan errores en el manejo de su dinero, los cuales les pueden costar muy caro, más aún si sus ingresos son reducidos o si se presentan situaciones imprevistas que implican el gasto de recursos adicionales. Aunque la mala elección de los servicios financieros tiene un efecto nocivo en el bolsillo de todos los consumidores, este se evidencia más en la población de escasos recursos, que no tiene margen de maniobra por sus reducidos ingresos.

Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) cada vez más gobiernos desarrollan estrategias nacionales de educación financiera; sin embargo, un informe del Center for Finantial Inclusion y del Banco de Desarrollo de América Latina (CAF) sostiene que hay preocupación debido a que muchos clientes, especialmente los de bajos ingresos, presentan una limitada capacidad financiera, la cual definen como el conjunto de actitudes, conocimientos y habilidades necesarias para tomar decisiones de administración de dinero para mejorar sus vidas.

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En 2014 se creó en Colombia el Sistema Administrativo Nacional de Educación Económica y Financiera (SANEEF) como red de coordinación de las actividades públicas y privadas para lograr un nivel adecuado y de educación de calidad en estos temas. El Plan Nacional de Desarrollo 2018-2022 presentó una agenda legal bastante completa, dirigida a promover un mayor acceso y uso del sistema financiero. Además, el crecimiento del canal de corresponsales bancarios en Colombia se ha consolidado como un vehículo para garantizar una mayor cobertura de las entidades.

Avanzando en profundización financiera

Según el último Reporte Trimestral de Inclusión Financiera de Banca de las Oportunidades, el número de adultos con productos financieros en Colombia llegó a 29 millones en septiembre de 2019, lo que corresponde al 83,3 % de la población adulta del país. La tendencia del país parece ir en la misma dirección que la de otros países de la región.

Por su parte, el Reporte de Inclusión Financiera de la Federación Latinoamericana de Bancos (Felaban) muestra que en la región ha habido un aumento en el promedio de profundización financiera. Prueba de ello es que los depósitos como porcentaje del PIB pasaron del 38,6 % al 44,9 % entre el 2007 y el 2018, mientras que el crédito como porcentaje del PIB aumentó del 34 % al 43,8 % en este mismo periodo.

Sin embargo, la entidad recalca que aún hay serios obstáculos que dificultan la inclusión financiera, entre los que se destaca la deficiente educación en el tema por parte de los usuarios. Desde el punto de vista del sector se acusa una ausencia de habilidades del público para conocer conceptos básicos de las finanzas personales. No menos grave es que aparezca en el segundo lugar de dificultadas la alta informalidad económica, pues este es un problema crónico que subsiste en el tiempo y se ha vuelto casi que un estado natural de la dinámica regional.

La Asociación Bancaria y de Entidades Financieras de Colombia (Asobancaria) asegura que para tener una mayor inclusión financiera se requiere mayor educación y eso va acompañado, entre otras, de educación digital. Agregan que, con todo el desarrollo que está teniendo el sector en materia digital, es importante que también la gente empiece a familiarizarse con el uso de la tecnología en este sector.

De acuerdo con el Banco de la República, a 2016 existían 113 instituciones que desarrollaban iniciativas de educación económica y financiera en el país, de las cuales cerca de la mitad correspondía a empresas del sector privado y la economía solidaria, un 17 % a organizaciones del Gobierno, un 16 % a instituciones sin fines de lucro, fundaciones y organismos de investigación y cerca de un 9 % a entidades educativas en niveles básico, medio y superior.

Generalmente, los programas buscan elevar las capacidades y los conocimientos de sus audiencias, de acuerdo con el interés social de las instituciones. Las temáticas más comunes para las entidades tienen que ver con el hecho de mejorar niveles de conocimiento en temas económicos y financieros, por un lado, y mejorar el manejo de las finanzas personales y la toma de decisiones financieras.

Aún queda camino por recorrer

La OCDE señala que en Colombia las políticas de educación financiera pueden apoyar un crecimiento más inclusivo al enfocarse en segmentos como los jóvenes, los pequeños empresarios y aquellos que están fuera del sistema financiero formal. La ayuda puede venir de la digitalización. El uso de las nuevas tecnologías es una gran herramienta para brindar educación financiera de manera efectiva y hacerla más atractiva para las personas con bajos niveles de alfabetización.

La entidad hace un llamado a recopilar datos y evidencias, y diseñar una respuesta específica adaptada a las necesidades de las áreas rurales, e involucrar a varias autoridades públicas, así como a los sectores privados y sin ánimo de lucro. Para ello propone avanzar en campañas de comunicación y talleres para audiencias específicas, así como en el uso de herramientas digitales, ya que por medio de estas la educación financiera puede llegar a las poblaciones que viven fuera de las grandes ciudades, las cuales son también las de menores recursos.

Artículo publicado en la edición «RESPONSABILIDAD SOCIAL», de La Nota Económica.

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