Ascenso de las grandes empresas en época de pandemia: ¿concentración de poder?

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Imagen: Freepik
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Uno de los tantos efectos que puede dejarnos la pandemia del coronavirus es la concentración del poder de mercado por parte de empresas ‘superstar’ –que han obtenido grandes beneficios durante esta crisis- y su dominio sobre competidores pequeños y débiles.

Desde que la pandemia del coronavirus empezó a extenderse y a mostrar sus estragos sanitarios, sociales y económicos en las diferentes regiones del mundo se han transformado muchas cosas, entre esas la configuración del mercado y la posición de varios actores en el ámbito empresarial.

En lo transcurrido de 2020 hemos visto que el SARS-CoV-2 ha dejado en cuidados intensivos o en quiebra a un gran número de compañías, pero también que ha maximizado los resultados de unas cuantas.

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Si hay algo cierto, en medio de este convulsionado panorama, es que como en todas las crisis esta tendrá perdedores y ganadores. Probablemente, la COVID-19 heredará un escenario con marcadas diferencias entre las organizaciones, en el que unas pocas (grandes y fuertes) tendrán un mayor peso en el mercado, gracias a su privilegiada actividad económica y su músculo financiero, el cual les permitirá ampliar sus operaciones y adquirir competidores pequeños. Al menos, esto es lo que sugiere la historia reciente.

Según un estudio de la revista británica The Economist, en las últimas tres recesiones los precios de las acciones de las empresas estadounidenses en el cuartil superior de cada uno de los diez sectores económicos aumentaron, en promedio, un 6 %, y aquellos en el cuartil inferior disminuyeron en un 44 %.

En la crisis actual, el comportamiento accionario de algunas empresas, consideradas como ‘superstars’, ha demostrado la fortaleza de estas y el futuro promisorio que les espera. Las más afortunadas son las grandes corporaciones relacionadas con los servicios digitales, que tienen menos costos fijos, y las de otros sectores cuya naturaleza las ha hecho indispensables para este momento.

El auge que ha tenido el comercio electrónico durante esta época, debido a las restricciones de movilidad, ha puesto al alza a las compañías de compras y ventas minoristas por vías digitales, entre esas a Amazon, que no solo ha demostrado su fortaleza en este segmento, sino en otros como: el entretenimiento, con Amazon Prime; la logística, con Amazon Logistics; y los pagos electrónicos, con Amazon Pay. Hoy, la compañía de Jeff Bezos, el hombre más rico del mundo, se consolida como la ganadora de esta batalla.

Otras grandes organizaciones de la tecnología, como Apple, Microsoft (propietaria de Skype), Google y Facebook (dueña de Instagram y WhatsApp), junto con destacadas empresas del entretenimiento en streaming, como Netflix y Disney, y de las transacciones, como PayPal, también han reafirmado su robustez y, seguramente, saldrán victoriosas de esta recesión.

Esto ratifica el éxito de sus modelos de negocio y el terreno que día a día gana la industria digital, pues actualmente siete de las diez empresas más valiosas del mundo son tecnológicas; en 2010 solo dos de este sector formaban parte de dicha clasificación. En Estados Unidos, las cinco principales —Alphabet (Google), Apple, Amazon, Facebook y Microsoft— representan el 13 % de las ganancias de las firmas S&P 500, y se pronostica que esto aumentará alrededor del 20 % en cinco años, de acuerdo con The Economist.

Si hay algo que caracteriza a las grandes empresas es su buena administración, eficiencia y, sobre todo, el alto valor innovador. Esto, evidentemente contribuye al bienestar de los consumidores y al desarrollo de los países en los que tienen presencia. A estas instancias, por ejemplo, no podríamos imaginar una vida normal sin Google, o un escenario de trabajo en plena pandemia sin Skype o Zoom.

Sin embargo, la amplitud y el rápido crecimiento de estas compañías -pertenecientes en gran medida al sector tecnológico- también generan dudas sobre si la crisis que estamos viviendo podría generar una concentración de poder que llevaría a tener efectos adversos en los próximos meses y años.

La escalada de las empresas gigantes y sus efectos

En las últimas dos décadas ha habido una mayor tendencia hacia la concentración de poder corporativo. Según Colin Purdie, director de inversiones de la firma Aviva Investors, en Estados Unidos el número de empresas que cotizan en bolsa se ha reducido a la mitad desde 1997, mientras que las más grandes acumulan beneficios cada vez mayores entre los que quedan.

Un informe de la consultora McKinsey, publicado en el 2018, reveló que las 6.000 empresas públicas y privadas más grandes del mundo representan juntas el 65 % de las ganancias corporativas globales de impuesto, y el 1 % de dicho grupo constituye el 36 % de sus rendimientos.

Esto, sin duda, refleja la ventaja que tienen unas pocas organizaciones no solo sobre las más pequeñas, sino sobre otras con las que comparten similitud en tamaño.

Ahora bien, a medida que crecen y se expanden, el poder que consiguen hace que carezcan de suficiente competencia (es usual ver a estas compañías adquirir a otras más pequeñas), por lo que se pueden presentar situaciones no tan beneficiosas para la sociedad, si no hay una adecuada supervisión de sus acciones.

Por una parte, están los riesgos relacionados con los precios. Aunque el mismo mercado, mediante la ley de oferta y demanda, es el que se encarga de regularlos, la consolidación de las industrias en torno a unas pocas compañías puede hacer que estos aumenten en un ritmo mayor y terminen afectando a los consumidores y a la economía.

De hecho, un informe publicado el año pasado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) reveló que desde principios de la década de los 2000 hasta 2015 el margen promedio entre lo que cobra una compañía por sus productos y lo que le cuesta producirlos ha aumentado -aunque moderadamente- en cerca del 8 % de las economías avanzadas y en menos del 2 % en las emergentes.

Esta alza de los precios está correlacionada con la creciente concentración del mercado, ya que las empresas más grandes son las responsables de la mayoría de los aumentos.

El estudio del FMI también encontró que la concentración del poder de mercado ha representado al menos el 10 % de la disminución en la proporción del ingreso nacional pagado a los trabajadores en las economías avanzadas, desde el año 2000. Esto ha contribuido a una mayor desigualdad entre las personas, ya que el aumento de los ingresos tiende a beneficiar principalmente a las que reciben más dinero.

Por otra parte, existe un riesgo político. La falta de diversidad por causa de la concentración de pocas organizaciones en determinadas industrias puede generar un escenario de mayor control de las políticas públicas. Por ejemplo, estos pequeños grupos podrían tener más influencia en los acuerdos salariales o tributarios.

Cómo evitar los perjuicios de la concentración

Mitigar los riesgos de una posible concentración de poder corporativo, de forma excesiva, es tarea de varios actores. En primera medida, es necesario que los gobiernos sigan velando por promover la sana competencia, así como por vigilar adecuadamente los precios de los productos y servicios.

En segundo lugar, es importante apoyar con recursos a las pequeñas y medianas empresas para que sobrevivan a esta crisis y no se vean en la obligación de cerrar o vender sus negocios a otras compañías más grandes. Esto ayudaría a evitar que el mercado se concentre en pocos oferentes.

No es que sea malo que haya empresas ‘superstar’, pues la competitividad del mercado es una señal de la buena salud de la economía. Además, es innegable que estas compañías son de gran importancia para el desarrollo y la innovación de las naciones. El problema radica en que cuando utilizan su dominio para tomar ventaja sobre los consumidores y los trabajadores, el sistema se debilita.

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