Competitividad, comercio e innovación: retos para Colombia en el 2019

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Este año Colombia perdió popularidad en algunos informes de diferentes ámbitos como, por ejemplo: el de competitividad, en el que el país pasó del puesto 57 al puesto 60; el índice de Libertad Económica, desarrollado por The Heritage Foundation, donde tenía una calificación de 69.9 sobre 100 para el 2017 y bajó a 68.9 para el 2018, perdiendo dos posiciones con respecto al año anterior y significando una economía menos libre; y el índice que mide la facilidad de hacer negocios Doing Business, donde pasó del puesto 59 en el análisis del 2018 al 65 para el 2019.

Sin embargo, en el Índice Global de Innovación, generado por dos universidades internacionales: el INSEAD y la Universidad de Cornell en apoyo con la Organización Mundial de Propiedad Intelectual, Colombia mostró, a diferencia de los otros indicadores, una mejora al pasar del puesto 65 en el 2017 al puesto 63 en el 2018 dentro de una lista de 127 países analizados.

Pero en términos generales ¿qué significa esto? Son índices que miden cómo esta Colombia en ámbitos de vital importancia en los cuales debe trabajar para mejorar sus niveles de competitividad, productividad y desarrollo local y regional, los cuales son aspectos igualmente relacionados con la inversión, el emprendimiento, los servicios y el comercio exterior, que deben ser tenidos en cuenta a futuro para lograr un mejor desempeño como país en el contexto internacional.

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Particularmente, vale la pena entender qué mide cada indicador y cuál es su propósito. El Índice de Competitividad Global es un indicador desarrollado por el Foro Económico Mundial, que pretende aproximarse a la realidad competitiva de un país, desde diferentes ámbitos de evaluación. En un sentido general, es el análisis en conjunto de instituciones tanto publicas como privadas, que determinan el nivel de productividad de un país, analiza los factores que juegan un rol significativo en crear un ambiente favorable para el desarrollo de los negocios y es muy importante desde el punto de vista del campo de la manufactura. Al final, este indicador considera las fortalezas y debilidades, identificando prioridades para la facilitación de la implementación de reformas políticas.

Para el caso colombiano, el Consejo Privado de Competitividad, una alianza entre el sector público, privado y la academia, viene analizando el desempeño que ha tenido nuestro país en los diferentes pilares que conforman el indicador de competitividad. Entre estos se cuentan aspectos como la eficiencia del Estado, la justicia, la corrupción, la logística y la energía, así como otros encaminados al capital humano como la formación y la cualificación de los habitantes del país, la eficiencia de los mercados desde la perspectiva laboral, y el comercio exterior, tributario y empresarial, la innovación y la sofisticación bajo la mirada de la ciencia y la tecnología, la economía digital y el crecimiento verde.

Por otra parte, y retomando el aspecto que evalúa el indicador de competitividad relacionado con la innovación y la sofisticación, es importante comparar la situación del país en este ámbito. De hecho, el Índice global de Innovación genera indicadores en detalle de los resultados de la innovación en 126 países y economías de todo el mundo. A través de sus diferentes indicadores analiza la innovación desde una perspectiva amplia, que incluye el entorno político, la educación, la infraestructura y el desarrollo empresarial.

Particularmente y con miras a lo que se proyecta en el mundo frente a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), el índice de 2018 analiza el panorama de la innovación energética de la próxima década e identifica posibles avances en ámbitos como el de la producción, el almacenamiento, la distribución y el consumo de energía.

En ese mismo sentido, toma igualmente la forma en que se generan los avances en innovación en la base de la producción de esta actividad energética y describe el crecimiento de los sistemas de energías renovables en pequeña escala. Este indicador incluye en su análisis factores como la creación de nuevo conocimiento y desarrollo de tecnología, así como el avance en la industria creativa en cada país y cómo se remunera el capital humano por la producción de este tipo de bienes o servicios que aportan a la innovación.

Pero esto no funcionará -y se habla particularmente de la competitividad y la innovación- si la economía del país, desde diferentes ámbitos, no propone articulación entre lo público y lo privado, para que en términos de desarrollo, genere nuevas oportunidades, crecimiento y empleo para el país.

El índice de libertad económica es un índice que sustenta este aspecto. Y es que precisamente lo que pretende evaluarse en este sentido es el impacto de la libertad y los mercados libres en todo el mundo. Considera aspectos desde el derecho a la propiedad así como la libertad financiera, en términos de qué tan regulado o libre esta un mercado al momento de tomar una decisión de inversión en el contexto internacional. Inclusive tiene en cuenta las barreras y cambios políticos y sociales que inciden en estas posibilidades en el marco de análisis de 186 países.

La libertad económica es el derecho fundamental de todo ser humano de controlar su propio trabajo y propiedad. En una sociedad económicamente libre, los individuos son libres de trabajar, producir, consumir e invertir de la forma que deseen. En las sociedades económicamente libres los gobiernos permiten que el trabajo, el capital y los bienes se muevan libremente, y se abstengan de la coerción o la restricción de la libertad más allá del alcance necesario para proteger y mantener la libertad misma.

Finalmente y uno de los indicadores que hoy más incide en la oportunidad de hacer negocios es precisamente el Doing Business, generado por el Banco Mundial, que pretende identificar aquellos países que facilitan la entrada y el desarrollo de negocios en su mercado, contando con aspectos a evaluar como el tiempo para la apertura de un negocio, los permisos relacionados con la construcción en el país analizado, servicio de electricidad para la operación de la empresa, registro de propiedades, tipo de obtención de créditos o prestamos, protección al inversionista, pago de impuestos, comercio transfronterizo, cumplimiento de contratos y resolución de insolvencia. Particularmente, este último ha sido destacado en el reciente informe como una buena herramienta para garantizar la sostenibilidad y perdurabilidad de las empresas en Colombia.

Todos estos indicadores son relevantes para tomar cualquier decisión al momento de decidir la forma de operación en un mercado internacional; pero sobre todo, para el sector público es una referencia de cómo estamos frente al resto del mundo y cuál puede ser la hoja de ruta que debe generar el país para mejorar sus niveles de competitividad y productividad. De esta manera, el país puede generar crecimiento sostenible en el tiempo y empleo con miras a un mejor futuro.

Por: Andrés Castro
Decano de Negocios Internacionales de la Universidad Piloto de Colombia

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