El COVID no verbal

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Hoy, después de cuatro meses de haberse registrado el primer caso de COVID-19 en Colombia, puedo decir que el virus no solo ha cobrado muchas vidas (dejando una marca emocional profunda en las familias que tuvieron las pérdidas), sino que ha puesto a prueba el liderazgo de quienes nos gobiernan y la solidez de nuestra sociedad. La pandemia nos ha cambiado; transformó nuestra forma de vivir, de comunicarnos y de hacer negocios. El virus llegó y se quedará entre nosotros mucho tiempo.

Para entender lo que significa el COVID no verbal revisemos la evidencia paleontológica y antropológica acerca de la evolución humana. Esta indica que durante los últimos seis millones de años nos hemos estado comunicando principalmente de manera no verbal. Al comienzo solo nos comunicábamos por medio de sonidos y gestos primitivos y básicos, para luego ir evolucionando en ejecución y estructura, hasta el comienzo del lenguaje que, se estima, se dio hace unos 200.000 años.

Lo anterior me sugiere las siguientes preguntas: ¿Cómo el COVID-19 ha afectado nuestra comunicación no verbal? y ¿Qué podemos hacer para sacarle el mayor provecho no verbal a la pandemia?

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Para responder estas incógnitas podemos comenzar revisando algunos estudios en neurociencias, que han definido cómo el medioambiente y los estímulos del entorno son capaces de modificar la expresión de nuestros genes del ADN, logrando ocasionar también mutaciones y cambios estructurales en las secuencias de la famosa espiral genética.

Investigaciones sostienen que estos cambios genéticos y mutaciones en el ADN se dieron, principalmente, por el simple hecho de liberar las manos al cambiar de una locomoción cuadrúpeda y de braquiación, a la bipedestación. Estos aspectos abonaron el sustrato para el importante desarrollo cerebral y los significativos cambios corporales que se dieron en los géneros Australopithecus y Homo.

Así que, revisando los estudios sobre genética, adaptación y evolución, podemos decir que en nuestros genes está la habilidad de comunicarnos de manera no verbal, y que, como lo mostramos, está más desarrollada que la misma habilidad de comunicarnos con las palabras. Esta, además está influenciada por nuestra capacidad sensorial, sistema que siempre está activo en estados de vigilia o de sueño profundo.

Nuevamente, acudiendo a investigaciones en neurociencias, se estima que cada segundo nuestros sentidos captan tres millones de estímulos, pero después de los filtros sensoriales y en especial del tálamo, solo el 1 % de ellos será procesado por el consciente. El resto se desechará o alimentará nuestra base de datos de experiencias no conscientes, a la que podemos denominar instinto o el famoso sexto sentido.

Ahora, entendamos cómo el homo sapiens (hombre pensante, moderno) se comunica de manera no verbal. Desde mi punto de vista existen seis principales disciplinas no verbales: la kinésica (coloquialmente llamada lenguaje corporal), las expresiones faciales, el paralenguaje, la proxémica, el háptica y la apariencia, imagen y marca personal.

Mirémoslas independientemente y definamos de manera general qué son y cómo el COVID-19 las ha afectado y modificado. Después de esto, daré algunas recomendaciones para sacarle el mayor provecho a la pandemia.

Antes de entrar en cada disciplina es importante explicar que la comunicación no verbal tiene dos canales de expresión: activo y pasivo. El primero se refiere a cómo ejecutamos los gestos y el segundo a cómo los percibimos. En otras palabras, la forma en que nos comunicamos es el activo y la información (consciente o no consciente) que somos capaces de captar en la interacción humana es el pasivo. Se estima que de lo que comunicamos, lo no verbal puede tener un peso de entre el 60 y el 80 %, es decir, nuestro cuerpo refleja toda emoción y sentimiento sin darnos cuenta, porque ¡NUESTRO CUERPO HABLA TODO EL TIEMPO!

  1. Kinésica o lenguaje corporal: es una de las principales disciplinas no verbales y se refiere al estudio del cuerpo y sus movimientos. En ello, podemos incluir la forma de caminar, sentarnos o mantenernos de pie, las diferentes posturas y los movimientos o no movimientos de las manos, pies, piernas y brazos, etc.

Respecto a la kinésica, el COVID-19 ha afectado principalmente el canal pasivo. Estamos en modo supervivencia, temerosos de contagiarnos del virus y así lo expresa nuestro cuerpo al adoptar posturas cerradas y, como veremos en la proxémica, distantes. Cuando nos sentimos agredidos, nuestra gestualidad manual es alta (cuadrante superior del cuerpo – hombros hacia arriba) y predominan los gestos rígidos y algunos emblemas[1] cerrados, por ejemplo: “mano en stop” indicando “acá no” o “para”; o el agitar el dedo en látigo lateral diciendo “no puede”, etc.

¿Cómo sacarle provecho? Comencemos por entender la compleja situación de miedo en que están las personas, pero para lograrlo primero debemos darnos cuenta de ello. Al mejorar nuestra capacidad sensorial y perceptiva podríamos notar el miedo y la prevención de las personas, y así ajustar nuestro canal activo de comunicación gestual para ablandar el statu quo de supervivencia de ellos.

  1. Expresiones faciales: algunos autores lo incluyen en la kinésica, pero dada su relevancia, prefiero tratarla de manera independiente. Los estudios de Paul Ekman, importante psicólogo norteamericano, definen que el rostro humano es capaz de producir alrededor de 3.000 expresiones interpretables.

Para esta disciplina, el canal activo en su mayoría es inconsciente y se refleja a través de movimientos de menos de ½ segundo (microexpresiones faciales), o de expresiones de estados emocionales que reflejan lo que estamos sintiendo.

Con el COVID llegó el uso del tapabocas. Mirémoslo desde la perspectiva del canal activo y canal pasivo.

Respecto al canal activo, el tapabocas está limitando nuestra expresividad facial, con lo que sugiero aumentar la gestualidad manual (con gestos ilustrativos kinésicos) en nuestras reuniones virtuales y después también en las presenciales, para así ilustrar de una mejor manera lo que decimos y acompañarnos con las palabras.

Por la parte del canal pasivo, los tapabocas están bloqueando nuestra lectura facial de la boca de las personas, con lo que tenemos que mirar más las expresiones y los movimientos presentes en el cuadrante de ojos, cejas y frente, área en la que hay mucha información no verbal.

Las sugerencias para sacarle provecho al COVID-19, mientras se puede entrenar en comunicación no verbal, es dejar que el instinto interprete los gestos, y, desde la parte del canal activo, es tratar de expresarse más con los ojos, las cejas y la frente. Estos gestos puede complementarlos con gestos kinésicos (principalmente, con las manos).

  1. El paralenguaje: se conoce también como paralingüística y hace referencia al estudio de todas las cualidades adjuntas a la voz. En el paralenguaje estudiamos la prosodia y la dicción, es decir, aspectos como timbre, tono, entonación, intensidad, cadencia, claridad, vocalización, fluidez, perturbaciones paraverbales, etc.

El COVID-19 nos ha traído un reto paraverbal, y es que es mucho más difícil escuchar y entender lo que nos dicen las otras personas. Al bloquear (con tapabocas) nuestro único instrumento para hablar, debemos: 1) aumentar al menos dos niveles en el volumen de la voz; 2) aumentar y exagerar la marcación y articulación de cada letra, vocalizar; y 3) hablar más lento y pausado.

Lo anterior lo recomiendo no solo en la interacción en la calle, sino en las actuales reuniones virtuales. Claro, aunque normalmente no tenemos tapabocas, lo anterior es un interesante escenario para practicar, y así posteriormente aplicarlo cuando se retomen las reuniones y presentaciones a grupos.

  1. La proxémica: estudia el comportamiento humano en función de la distancia y espacio personal. Hace referencia a la territorialidad que ejerce el individuo y el espacio que les es permitido a las personas (conocidos y no conocidos) abarcar.

En 1959, Edward T. Hall fijó los espacios y las zonas para la interacción humana, dando un número de 24 posibles interpretaciones proxémicas, que son producto de la combinación entre las zonas de interacción y la rotación de los ejes corporales.

El caso más claro de la violación del espacio personal se da en un ascensor. Cuando está lleno, normalmente se viola por desconocidos la zona íntima definida por Hall (que va entre los 15 cm. y 45 cm.), momento en que las señales pasivas kinésicas y de expresiones faciales serán claras y evidentes, demostrando incomodidad, protección y seguramente repulsión.

En época de COVID- 19, para evitar el contagio del virus, las zonas del espacio íntimo y la zona casual han aumentado del límite normal de 120 cm a un mínimo de 2 metros de distancia entre personas. Esto significa que se fijó un nuevo espacio íntimo personal que tenemos que comenzar a administrar y aceptar.

  1. El háptica: este término fue acuñado por el psicólogo alemán Max Dessoir cuando sugirió un nombre académico para sus investigaciones relacionadas con el sentido del tacto. En griego “háptica” significa “haptόs”, “palpable” o “haptikόs”, que es “adecuado para el tacto”.

Aunque la piel es el órgano más grande del cuerpo humano y el canal por donde se percibe gran cantidad de información del entorno, el contacto físico está restringido en la interacción social, y con muy pocas otras excepciones, solo es utilizado en los negocios a través del apretón de manos.

En este escenario de negocios los canales activos y pasivos hápticos son fundamentales para recibir y transmitir información acerca del carácter, temperamento, nivel de autoestima, seguridad, confianza, etc. en las personas. Este fenómeno, incluso, lo podemos ver en el escenario político, en la llamada foto de la posteridad entre presidentes.

El COVID-19 ha cambiado sustancialmente la manera de saludarnos. Prácticamente, los gestos de saludos, como el apretón de manos, los abrazos o el beso en el cachete, desaparecieron. El efecto social y emocional de estos cambios hápticos y proxémicos en culturas latinas es más significativo que en culturas escandinavas u orientales.

  1. Apariencia, imagen y marca personal: todo se reúne en una frase…“No hay una segunda oportunidad para generar una buena primera impresión».

Thorndike (1920), Aronson (1965); Widgery, R. y Webster, B. (1969); Kulta, R. y Kessler, J. y Solender, E. (1976); Efran, M. (1974); Berscheid, E.y Walster, H. (1974); Algozzine R., (1976); Baber, R. (1939); Cahnman; W., (1968); Baker, L., (1962); Byrne, D., (1968); Singh, B., (1964); Walster, E., (1966), entre muchos otros investigadores y psicólogos hablaban del sesgo psicológico, de cómo la primera impresión influía en la imagen que se creaba y afectaba positiva o negativamente el resto de competencias de una persona. En otras palabras, si la primera impresión es buena, podría crear la imagen de una persona amable, inteligente, competente, honesta, entre muchas otras cualidades.

En la era de la pandemia se ha visto comportamientos de personas que se hunden en la depresión, y su mente, cuerpo, alma y apariencia se afectan mostrándose descuidados y tristes. La apariencia, imagen y marca personal deben guardar siempre coherencia y congruencia con lo que somos y lo que deseamos proyectar.

Definitivamente, lo que hemos visto hoy es que el COVID-19 seguirá con nosotros durante mucho tiempo, y, como lo han demostrado las neurociencias, el cerebro tiene la capacidad de ajustarse y adaptarse; pero para ello el primer paso es lograr la consciencia de la realidad, conociendo y aplicando estas pocas recomendaciones, y así comenzar a reprogramarlo y ajustarlo a la realidad del COVID no verbal.

Por: Leopoldo Uprimny
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Facebook: Leopoldo Uprimny – Figura Pública

[1] Un emblema es un tipo de gesto con que tiene un significado específico para algunos grupos o colectividades.

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