¿Es el momento de bajar la tasa de interés?

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El origen de la palabra préstamo es muy similar a la de la palabra prostituta. (prostitutus) … viene del latin praestarium formado del prefijo pro- ‘delante’ y el verbo stare ‘poner’, ‘colocar’, ‘situar’. Obviamente la palabra prestar viene de praestare (sin el sufijo –arium). La palabra praestarium apareció en el lenguaje de los financieros de Europa, junto a palabras como banco y bancarrota en la Edad Media. En términos comerciales, préstamo es un contrato donde primero (prae, antes) pone una parte su dinero y lo deja parado (stare) con la condición de que la parte que recibe el dinero lo devuelva después de un tiempo generalmente más un interés.

Por su parte, la palabra interés significa “lo que está entre”. Etimológicamente, proviene del latín interesse, que significa “importar”. Este vocablo se refiere a la utilidad, ganancia, rendimiento, provecho, capital, renta, rédito, fortuna o lucro de algo. Valor que tiene alguna cosa en particular. Lucro que se produce por el patrimonio o capital. Es decir, el interés está entre el prestamista y quien recibe el préstamo.

Para nuestro tema, existen dos tipos de interés en general, según el origen de los recursos (la tasa civil la señala el Código Civil, art. 1617):

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La tasa de interés de intervención fijada por el banco central de cada país para préstamos (del Estado) a los otros bancos o para los préstamos entre los bancos (la tasa interbancaria) a través de las operaciones, conocidas como OMA (operaciones de mercado abierto) constituye el principal mecanismo de intervención en la política monetaria usada por un estado para afectar la cantidad de dinero que circula en la economía.

La tasa de interés comercial, fijada por la banca comercial en las transacciones con sus clientes, bien sean ahorradores o acreedores. Sobre el particular es del caso precisar que las tasas de interés son libres, es decir, tanto en operaciones activas como pasivas, el interés responde a un acuerdo entre las partes, quienes con fundamento en el principio de la autonomía de la voluntad fijan las condiciones que han de regir los convenios que celebren, pero, en todo caso, con sujeción a los límites legales, en realidad constituyendo más un contrato de adhesión. El legislador solamente limita o pone un tope como un indicador económico financiero que señala la rentabilidad o el precio del dinero máximo.

El concepto de interés va ligado al de usura. Del latín usura, en referencia al interés que alguien cobra cuando presta dinero, usus (derecho de utilización o goce) y el sufijo ura (actividad o resultado), por lo que en principio la usura no es un concepto económico preciso, es más un término jurídico; es decir, no existe un nivel especifico y concreto que determine en qué momento un tipo de interés pasa a convertirse en excesivo. Así, por ejemplo, los textos hinduistas entre el 600 y 400 a.C, castigaban el cobro de interés o usura sin importar el monto y, en la Europa medieval, en el siglo XVIII, se consideraba usura a cualquier cobro de interés por un préstamo de dinero. Sin embargo es la legislación penal la que hace referencia al “delito de usura”, en efecto, el artículo 305 del Código Penal lo estableció en los siguientes términos:

Usura. El que reciba o cobre, directa o indirectamente, a cambio de préstamo de dinero o por concepto de venta de bienes o servicios a plazo, utilidad o ventaja que exceda en la mitad del interés bancario corriente que para el período correspondiente estén cobrando los bancos, según certificación de la Superintendencia Bancaria, cualquiera sea la forma utilizada para hacer constar la operación, ocultarla o disimularla, incurrirá en prisión de treinta y dos (32) a noventa (90) meses y multa de sesenta y seis punto sesenta y seis (66.66) a trescientos (300) salarios mínimos legales mensuales vigentes.

Las tasas de interés o el costo del dinero afectan el precio final de la mercancía como un componente adicional a la materia prima, la mano de obra y los demás inherentes.

Por eso, cuando un banco central sube o recorta las tasas de intervención, las bolsas reaccionan al instante y los grandes inversionistas mueven capitales de un mercado a otro, según la rentabilidad que pueden conseguir y el nivel de riesgo asociado a un país. Generalmente a mayor riesgo, mayor tasa y a menor riesgo menor tasa o incluso sin ella.

Los países, en general, bajan las tasas para estimular el crecimiento económico, haciendo que para la gente y las empresas sea más atractivo gastar e invertir antes que ahorrar. Eso fue lo que ocurrió después de la crisis de 1929 y la cual fue una las tácticas utilizadas en EE.UU., propuesta por John Maynard Keynes:

Por eso, cuando los gobiernos incrementan el gasto público para tratar de estimular la economía (por ejemplo, a través de inversiones en infraestructuras), se dice que aplican políticas keynesianas.

Es decir, en una época de crisis se debe estimular el gasto o el consumo. Cuando una economía se está desacelerando, el banco central debe impulsar que haya más dinero circulante.

Es esa la razón por la que en países desarrollados la tasa de intervención puede ser negativa.

Las tendencias modernas no comparten estos criterios e incluso el FMI advirtió en octubre pasado que las tasas globales bajas estimulan riesgo y constituyen una amenaza. En efecto, el comité rector del FMI dice que “si bien las condiciones financieras han respaldado el crecimiento económico, han ayudado a acumular vulnerabilidades”. Habría que mirar qué piensan hoy, pues se hicieron cuando se desconocía la pandemia mundial.

Si bien la tasa de intervención de política monetaria es la tasa de interés mínima que, en nuestro caso, el Banco de la República cobra a las entidades financieras por los préstamos que les hace mediante las operaciones de mercado abierto (OMA) los bancos comerciales no están obligados a seguir exactamente el mismo camino que fija la banca central.

Sin duda , la utilizan como referencia, pero no hay un traspaso simétrico.

De hecho, un banco danés hizo noticia porque anunció un crédito hipotecario con una tasa de interés negativa: -0,5% anual por 10 años en agosto del pasado año.

Se llegó a decir que el Jyske Bank les pagaría a las personas para que le pidieran una hipoteca.

Bajo su hipoteca negativa, Jyske Bank dijo que los prestatarios harán un pago mensual como de costumbre, pero la deuda pendiente se reducirá cada mes a un ritmo mayor al monto pagado. «No le damos dinero directamente en sus manos, pero cada mes su deuda se reduce por más de la cantidad que usted paga«, en palabras del economista inmobiliario del Jyske, Mikkel Høegh.

Por su parte, el Jyske Bank anunció que empezará a aplicar intereses negativos a sus clientes millonarios por sus depósitos. A partir del 1 de diciembre de 2019 los clientes que depositen más de USD 1 millón de dólares recibirán una renta negativa del -0,6 % a partir de esa cantidad.

Aquí el banco lo que hace es de guardián del dinero, por la entrega voluntaria en que se hace el depósito por parte del depositante (contrato de depósito), ofreciendo garantía de su restitución y pudiéndolo utilizar.

Dinamarca, Suiza, Alemania, Suecia y otros países llevan siete años con una tasa de interés negativa que va del -0,65%, al 0 % en Japón y el banco Central Europeo.

En COLOMBIA la tasa de intervención fijada por la Junta Directiva del Banco de la República está en 3.75% desde el 30 de marzo.

Lo normal es que un banco o un inversor preste dinero para obtener una ganancia. Por eso, resulta difícil entender que alguien preste dinero, sabiendo que la rentabilidad será negativa.

La respuesta está relacionada con el riesgo de perder los fondos que se están prestando, el temido «riesgo de impago de un país». Si las cosas no fueran así, todos se irían a comprar bonos a Venezuela que actualmente tiene una tasa de intervención de 29.5% y tasas comerciales que van hasta el 90%.

Al revés, cuando un país es rico y estable, asegura que pagará, incluso aunque la rentabilidad sea insignificante.

Así funciona el mercado de los bonos, instrumentos de deuda que usan los gobiernos para financiarse.

Alemania sorprendió a los mercados hace más de un año, al emitir el primer bono con tasa de interés negativa (0,11%) a 30 años del mundo.

¿Qué gana, entonces, el inversor?

«No gana plata, pero gana seguridad».

¿Cuál podría ser otra alternativa al inversor?

La tasa de interés negativa ha hecho que guardar el dinero en el banco cueste dinero, sobre todo para saldos medios y altos, lo que hace que al inversionista le resulte más rentable invertir directamente o en portafolio en el sector productivo, con probabilidades de obtener rendimientos e impulsar la economía, generando empleo y, por lo tanto, impulsando el consumo.

En el actual escenario económico y la desaceleración global que se vislumbra no se puede mantener el costo del crédito en su nivel actual. Se necesitan ingentes recursos en la industria, el campo y el comercio, por lo que el ahorro no es una alternativa. La economía tiembla y Suiza ya no es lugar atractivo para los inversores.

La compra de dólares, para poner debajo del colchón, no se constituye en alternativa porque en bajas cantidades no habría problema, es que la economía norteamericana también será devastada. No es momento para monetizar. De hecho, en el último periodo el dólar se ha debilitado frente a otras monedas de países emergentes, como México, Brasil o Turquía, y también frente a divisas duras, como el yen y el euro.

Es por eso que en estos momentos se necesita exactamente:

Bajar las tasas de interés, tanto de intervención como bancarias comerciales, y no estimular el ahorro (hoy, por ejemplo, en CDT a 180 días tiene una tasa promedio del 6 % anual), y para créditos ordinarios los bancos cobran el 19 % y algunos créditos hasta del 51 %, sin incurrir en usura. En esta línea la utilidad del banco es de 13 puntos; en otros la utilidad se triplica. Vigilando la inflación hay que dinamizar la economía. Incentivar el consumo responsable y castigar los ahorros, fomentando una tasa baja. Como vimos, no es tanto que esta sea producto de la oferta y la demanda (tasas bajas para el ahorro y altas para los créditos), por lo que si la diferencia es exorbitante, esta debe ser gravada de manera contundente por el Estado. Por ejemplo, si el margen de la intermediación es de dos puntos, el impuesto es de x, y si es de tres puntos sera de xx, y así progresivamente. Es libre, pero responsable bajar el costo de la intermediación, el cual en mi opinión sí puede ser regulado.

No tiene sentido que el sector bancario sea el que más gane (producto de la intermediación) y que la producción y la industria pierdan, porque al final perderemos todos, incluso los bancos. Keynes tenía razón.

Por: ÁLVARO BARRERO BUITRAGO
Socio Consultor de Moncada Abogados

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