Hacia una comprensión de los fenómenos populistas

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Pensé mucho acerca de qué escribir para esta columna. Se me venían varias ideas a la cabeza: elecciones europeas, Salvini en Italia, Trump y Huawei, Bolsonaro y las protestas en contra de su gobierno y las elecciones en Argentina. Sin embargo, ninguna por sí misma lograba convencerme del todo, no sé por qué. Será porque hay algo en la particularidad de estos eventos que no deja ver la conexión entre los mismos. Sí, la conexión se pierde si analizamos estas situaciones de manera aislada como fenómenos separados de la realidad regional y global.

Entonces, surge la pregunta acerca de ¿cuál es la conexión que permite aglutinar estos eventos o qué es lo que tienen en común? Y es en este preciso momento cuando pienso y digo “¡Claro! Es el populismo como fenómeno social los que los une y permite explicarlos, que los junta y les da sentido político-histórico”. Nunca antes en la historia reciente se habían presentado tantos gobiernos populistas juntos en América, Europa y Asia.

Ahora bien, a pesar de ser un fenómeno bastante antiguo, poco se sabe acerca del populismo como proceso social. En todo caso mucho se ha escrito sobre el tema pero poco se conoce sobre el mismo, de su caracterización y definición, de su funcionamiento y objetivos. Entonces, parece oportuno y a luz de lo que está sucediendo actualmente en el mundo dedicarle unas palabras a ese fenómeno social.

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Según la literatura académica se entiende al populismo de varias maneras. Por un lado, como un fenómeno ideológico, en donde existe un conjunto de ideas, caracterizado por un antagonismo entre el pueblo y la élite. En este caso, el líder populista plantea que el pueblo soberano es víctima de una élite corrupta que lucha por enquistarse en el poder para seguir lucrándose del bien común. Por lo tanto, la función del populismo es hacerse con el poder para devolverle al pueblo lo que le pertenece por naturaleza, o sea, la capacidad de decidir por sí mismo, de ser soberano nuevamente.

Hay otros académicos que entienden que el populismo es una estrategia política que consiste en aplicar políticas económicas redistributivas y nacionalistas, y organizar la estructura estatal de una forma personalista que deriva en el ejercicio directo del poder público. Y, finalmente, apela constantemente al pueblo, buscando su movilización política a través del uso de redes clientelares y plebiscitos.

Otros, en cambio, sostienen que el populismo es un discurso político, una forma de decir y presentar las cosas. Utilizan una retórica que construye la política en función de una lucha antagónica entre el pueblo y la élite. De esta manera, se polariza a la sociedad en dos grandes campos antagónicos.

Finalmente, la última conceptualización del populismo plantea que dicho fenómeno se manifiesta como una lógica política, un modo de construir lo político, de formar las identidades colectivas, o sea, la formación del pueblo como actor político-histórico.

Ya se planteó qué se entiende por populismo, ahora se hace necesario presentar sus características. En primer lugar, se plantea una división social entre el pueblo y la élite. En segundo, dicha división social se da porque existe un antagonismo. Tercero, existe un  líder carismático que identifica la situación de injusticia que se está produciendo y decide actuar en consecuencia, es decir, busca el apoyo popular para hacerse con el poder, revertir la situación y devolverle al pueblo las riendas del gobierno. En cuarto lugar, el líder populista legitima su liderazgo, no solo en su carisma sino en su posición de outsider político, o sea, de aquella persona de bien que jamás ocupo un cargo electivo.

Quinto, ningún cambio necesario para devolverle al pueblo su poder se podría hacer con la burocracia existente, por lo tanto, se vuelven anti-institucionales. Legitiman su gobierno a través de consultas populares y plebiscitos junto con un liderazgo personalista y casi todo lo deciden ellos. Y es así como para realizar los cambios necesarios para cumplir con el mandato popular es que utilizan a la movilización popular como fuente de presión política para realizar las reformas institucionales. Finalmente, todo recae en un principio irrenunciable e irrefutable que es la soberanía popular. Es el pueblo quien demanda dichos cambios.

Muy bien, ahora tenemos claro a qué nos referimos cuando hablamos de populismo; sin embargo, falta algo y es saber por qué razón o conjunto de razones surge dicho proceso político. Para que el fenómeno populista surja es necesario que exista una crisis política, social o económica –o todas juntas-, ya sea interna o externa, –o ambas a la vez-, que impacte a las estructuras políticas existentes y que ponga en duda sus propios valores políticos y sociales. También puede ser que no se dé una crisis como tal, pero sí que las instituciones sean débiles e incapaces de resolver los conflictos sociales presentes en todas las sociedades. Esto genera procesos de exclusión social que se transforman en una movilización política que, a su vez, busca incluir a los excluidos y generar los cambios para que esa situación no se repita. Claro está que estos factores no son necesariamente excluyentes entre sí, al contrario, son complementarios e incluso se pueden dar al mismo tiempo.

Entonces, ¿cómo se relacionan los eventos políticos mencionados al principio de la columna con el fenómeno populista? Los partidos populistas de extrema derecha lograron obtener un triunfo en las elecciones parlamentarias europeas gracias a la crisis de legitimidad que sufre la Unión Europea que se debe, en parte, a la crisis económica del 2008, que el Banco Central Europeo no supo resolver homogéneamente, pero también se debe, en otra parte, a la situación de conflicto permanente en el Medio Oriente y el norte de África, que produce centenares de migrantes que escogen como destino Europa, provocando un resurgimiento del nacionalismo más xenófobo.

En el caso de Italia, el ascenso de Salvini al poder se da por partida doble. Por un lado, está el impacto de la crisis económica del 2008 y la fuerte inmigración clandestina que recibió y sigue recibiendo, y que permitió que se instalara en la sociedad el tema de la soberanía territorial y económica. En segundo lugar, se debe a una debilidad institucional propia del estado italiano que no logró resolver estos temas en tiempo y forma.

En el caso de Trump, su posesión como presidente tiene más que ver con el proceso de globalización que generó un éxodo masivo de capitales y fábricas al exterior y, literalmente, borró pueblos enteros en Estados Unidos. El nuevo presidente prometió devolverle el trabajo al pueblo e incluir nuevamente a los excluidos. También acá el uso de la inmigración ilegal por parte del gobierno despertó un nacionalismo xenófobo.

El caso de Bolsonaro no dista mucho de los anteriores, salvo por una cuestión central y fue el uso de la corrupción para debilitar y deslegitimar las instituciones brasileras para que dieran la sensación de que no había control y que Brasil estaba viviendo un proceso de caos social.

El caso argentino, con la formula Fernández – Fernández, también se encuadra dentro de la explicación populista debido al apelo constante por parte del gobierno de Macri al miedo de que los “populistas” regresen el poder y traigan con ellos el caos (crisis) económico, social y político, que se vivió supuestamente durante los 12 años del Kirchnerismo.

Por lo tanto, crisis política, debilidad institucional y exclusión social son los elementos que permiten explicar, en estos casos, el surgimiento y la permanencia de los movimientos populistas en el poder y la relación existente entre ellos.

Por: Rodolfo Colalongo
Università Degli Studi Di Salerno.

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