¿Qué hacer para ayudar a trabajar menos y producir más? Seamos cumplidos

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La razón principal por la que un alemán, en promedio, es más rico que un colombiano no es porque trabaja más tiempo, sino porque es más productivo. De hecho, una persona de ese país trabaja menos tiempo. Como discute Marc Hofstetter, en Colombia se trabajan muchas horas y esto está relacionado con lo poco productivos que somos. Mientras esperamos a que cambie el régimen laboral, y, en particular, el decreto de 1950 que estipula que la jornada en Colombia es de 48 horas por semana, una manera de trabajar menos y ser más productivos es siendo cumplidos.

Cada vez es más posible realizar trabajos sin tener horarios fijos. No veo la razón por la que uno tiene que estar de 8 a.m. a 5 p.m. en la oficina, si las labores se pueden hacer en otro horario y desde otro lugar. Obviamente, si el trabajo de uno implica alguna actividad en la que el horario de otra persona está involucrado, ser incumplido no solo supone una falta de respeto, sino que genera un costo económico.

No es del todo incorrecto pensar que el costo de llegar un minuto tarde a un compromiso es bajo. Una manera de calcularlo puede ser dividiendo el PIB de Colombia ($ 1.062.342.000.000.000 en 2019, según el DANE) entre los 22.761.000 trabajadores que hay a nivel nacional, y esto dividirlo entre las 52 semanas del año, las 44,3 horas por semana que trabaja un colombiano en promedio -según el Ministerio del Trabajo- y los 60 minutos que hay en una hora. El resultado de esta operación es que en un minuto un trabajador colombiano produce en promedio 338 pesos.

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No obstante, pensar que llegar tarde a un compromiso cuesta 338 pesos por minuto sería erróneo. Para empezar, este sería el valor por persona. Si mi compromiso involucra a 5 personas, el costo es mayor (5 x 338 = $ 1.690). Si es todos los días, el costo sube a $ 415.355, o casi medio salario mínimo, teniendo en cuenta que hubo 246 días hábiles en 2019. Además, no hay solo un costo directo: si un compromiso empieza tarde porque yo llegué tarde, puede que se acabe tarde, y, entonces, el costo de mi incumplimiento no solo afecta mi compromiso, sino los que vienen después. Así las cosas, si tengo más de dos compromisos al día, el costo se acerca a $ 1 millón que estoy botando a la caneca.

Por ejemplo, si uno tiene una cita médica a las 7 a.m., y llega tarde, no solo hay un costo sobre el doctor, sino sobre todos los pacientes que vienen después. Al revés también se aplica: si el doctor es el que llega tarde, el costo no solo afecta ese compromiso específico, sino los que uno tiene después.

Ahora bien, es cierto que hay cosas que pasan y que uno no controla: un accidente en el camino a la cita, una cirugía de emergencia que el médico tuvo que hacer o una cita antes de la mía que se alargó porque el paciente tenía una complicación. Sin duda, esos casos se salen de nuestro control, pero, lo más probable es que uno llega tarde porque hay un trancón predecible o porque precisamente sabe que suele haber cirugía antes de la cita o que las consultas de media hora son muy corticas y duran casi siempre 40 minutos. Todo esto se puede prever y uno se puede ajustar para evitar ser incumplido.

Es cierto que $ 338 por minuto no es mucho, pero ¡son por minuto, por persona y por compromiso! Y, además, ese es solamente el costo en pesos; hay otros no monetarios: afán de ver a la familia, desespero de los hijos o, simplemente, el hecho de que un minuto esperando a alguien es un minuto perdido.

En Colombia trabajamos mucho y somos improductivos. Una manera de atacar los dos asuntos, que en últimas afectan nuestro bienestar, es evitando ser incumplidos.

Por: David Pérez-Reyna

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