Torneo colombiano de fútbol: un mercado donde la regulación causa malos incentivos

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Uno de los comentarios más interesantes que vi esta semana con respecto a la propuesta del decreto del presidente Duque para habilitar a la policía a decomisar dosis mínimas fue una queja sobre pretender que un problema se corrija con una ley o con un decreto. Este mismo problema se encuentra también en otros ámbitos. Me voy a enfocar en el fútbol.

Un torneo de fútbol se puede entender como un mercado. Hay consumidores (hinchas) que según los resultados del equipo van a comprar más o menos de los diferentes productos que ofrece: boletas para el estadio, mercadería, señal de tv, etc. Hay empresas (equipos de fútbol) que ofrecen un servicio (partidos) a los consumidores. En la medida en que el servicio que ofrezca sea mejor, un equipo va a tener más consumidores.

No obstante, el reglamento del torneo colombiano está hecho para garantizar que el torneo sea emocionante, no que sea bueno: es un torneo en el que la lucha real por el título empieza después de 20 fechas. Si un equipo va de octavo al finalizar esta fecha, tiene las mismas posibilidades de ganar el torneo que un equipo que pase de primero. La fecha 20 es muy emocionante porque usualmente hay varios equipos que tienen posibilidades de clasificar. El ganador del torneo se determina en una ronda final con partidos de ida y vuelta. Estos dos partidos son muy emocionantes y a veces el torneo se ha determinado en penalties, que por construcción son emocionantes.

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Por reglamento se ha tratado de incentivar que el torneo sea emocionante y de ahí que el formato sea más complicado que el de la liga inglesa o la liga española, pero por reglamento no se puede garantizar que el torneo sea bueno. Una muestra de esto es mirando el número de consumidores (hinchas) que van a los partidos. El hecho que el equipo con mayor asistencia en un torneo a duras penas llene la mitad del estadio no habla muy bien del nivel del torneo. El hecho que en 2018 no haya un equipo colombiano vivo en la Libertadores, habla aún peor.

La mayor preocupación de cualquier supervisor en un mercado debería ser los consumidores. Un consumidor de fútbol quiere ver un buen nivel y, si el equipo gana, pues aún mejor. En la liga española hay máximo tres equipos con posibilidades reales de quedar campeones. Pero un partido promedio es bueno, y eso ayuda que a la asistencia sea bastante más alta.

Adicionalmente, en el torneo colombiano la competencia es poca: para que un equipo descienda a la segunda división se requieren 6 torneos seguidos de malos resultados. Y un equipo que asciende de la segunda división a la primera empieza con las mismas condiciones que el peor equipo de la primera división. Eso hace que sea difícil descender. Al disminuir la competencia, los incentivos para prestar un mejor servicio son aún peores.

El torneo colombiano es complicado porque trata de corregir comportamientos que con buenos incentivos se podrían arreglar. Pero la regulación no puede garantizar un buen nivel. Lo mejor que puede hacer es alinear los incentivos para obrar en el mejor interés de los consumidores. En este momento esos incentivos no están beneficiando a los consumidores.

Por: David Pérez Reyna
@DavidPerezReyna

Las opiniones expuestas por los columnistas no representan la opinión ni el pensamiento de La Nota Económica.

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