Una buena situación fiscal puede salvar vidas

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La COVID-19 y las políticas implementadas para contrarrestarla atacan varios aspectos de la vida, y no se puede pretender que una política solo contrarreste un aspecto y descuide los otros. En particular, la situación fiscal de la economía juega un rol importante para poder paliar los efectos nocivos de la pandemia. Con este objetivo, muchos gobiernos instauraron cuarentenas y, para contrarrestar los impactos negativos de estas sobre los ingresos de los hogares, implementaron medidas de auxilio económico. No obstante, la capacidad de proveer este tipo de ayudas depende de la capacidad fiscal de cada país y, en particular, de cuánto pueda pedir prestado. A su vez, esta depende de cuánto pueda producir su economía, la cual está supeditada a la salud de sus ciudadanos.

En un artículo académico reciente, Arellano et al (2020), en el que analizan la interacción entre el riesgo de un país de dejar de pagar su deuda y la capacidad para responder a la pandemia, encontraron que los alivios en las deudas pueden prevenir crisis de deuda y salvar vidas.

Cuando una persona se enferma de COVID-19 incurre en dos riesgos: que su enfermedad sea grave y que contagie a más personas, que, a su vez, se verán enfrentadas a estos. Una medida que contemplaron varios gobiernos para mitigar estos riesgos fue implementar cuarentenas: en la medida en que menos personas salgan, la transmisión de la enfermedad va a ser menor. No obstante, en una cuarentena hay menos personas trabajando y produciendo cosas, y para vivir, una persona necesita consumir. Una manera de compensar esta situación es que un gobierno pida prestado para que los ciudadanos de su país puedan consumir lo que no alcanza a producir la economía local.

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Pero los préstamos no son gratis; un prestamista entrega recursos en la medida en que reciba un retorno. Si es menos probable que el prestatario devuelva los recursos, el prestamista solo accederá a hacer desembolsos con una mayor tasa de interés, pero esto implica que el prestatario va a poder pedir menos prestado, porque tiene que pagar más de vuelta.

Mientras más contagiados o muertos haya por la pandemia, menor capacidad de producción habrá y el país se va a tener que endeudar más, y más altos van a ser los costos de que lo haga. Una cuarentena óptima tiene en cuenta esto para tratar de disminuir el costo en salud. Pero si el país no tiene una alta capacidad de endeudamiento adicional, porque es probable que incumpla sus deudas nuevas, no se va a poder dar el lujo de tener una cuarentena muy estricta. Por lo tanto, un programa como el propuesto por G20 para que países emergentes puedan dejar de pagar sus deudas externas puede salvar vidas.

A medida que vamos aprendiendo de esta pandemia, también aprendemos cómo las diferentes características de un país permiten distintos tipos de respuesta. No es lo mismo implementar una política en Wuhan, China, que en una ciudad de un país latinoamericano. En particular, la interacción entre la salud y la economía de cada país hace que unas políticas no sean factibles en algunos sitios, y, por lo tanto, que tengan resultados diferentes. Dejar de analizar interacciones entre políticas de salud o económicas puede terminar perjudicando el fin de hacerlas: mejorar el bienestar.

Por: David Perez-Reyna

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