¿Y ahora qué? Reflexiones personales en medio de la incertidumbre

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En este momento aún no hay claridad de la profundidad en consecuencias y extensión temporal de todo el drama humano, empresarial, económico y social asociado a la situación de salud pública originada con el SARS-CoV-2. He encontrado pronósticos de meses o años, pero aún construidos a partir de lo que se evidencia semana tras semana. He destinado las últimas semanas a analizar información, depurando fuentes, conversando con académicos, colegas y ejecutivos, asistiendo a reuniones y conferencias virtuales, y encuentro lugares comunes, como incertidumbre e impredecibilidad.

Las medidas de los gobiernos son proporcionales a los recursos disponibles, y la oportunidad de tales medidas ha dependido más de la vocación política ante el falso dilema entre economía o preservar la vida de los más vulnerables.

En lo personal, identifico que hay aprendizajes que ya tenemos y otros que están pendientes por concretar en la medida en que se vayan decantando los acontecimientos. Y al mismo tiempo, nada de lo que aprendimos pareciera ser útil en estos días, lo que significa que la aptitud debería ser más a aprender a aprender. Por mi propia experiencia de vida, aprender para aplicar, aprender para ser un referente, parece que me ha dado alguna tranquilidad en estos días. El mundo ya cambió; nuestras competencias personales y empresariales están siendo y serán desafiadas. La humildad como consigna: el reconocer que este Cisne Negro desbordó las capacidades de países, gobiernos, empresas y personas, que podemos vivir con menos cosas de lo acostumbrado. Que tenemos un desafío mayor por el bienestar y la solidaridad como sociedad, no porque sea un imperativo de hoy, sino que es más una deuda de siempre a la que hemos dedicado mínima atención. Justamente por esto las competencias en ese sentido, y en mi opinión, tienen un giro más hacia reconocer un liderazgo flexible, propositivo, innovador, incluyente y con sentido de humanidad. Pensar en sostenibilidad, licencia social, impacto al medio ambiente y seguridad alimentaria siempre ha sido necesario, y ahora más. Y eso aplica para todos, en todo el mundo, desde gobiernos hasta empresas y familias.

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No son tiempos fáciles para millones de personas, en una economía informal que está llamada a ser revisada. Se requiere generar acciones fundamentales y contundentes de inclusión, desarrollo tecnológico, bilingüismo, entre otras. ¿Por qué digo esto si estamos en medio de la crisis? Porque hay crisis que si se saben orientar generan cimientos para nuevos procesos individuales y colectivos. Después de esto debemos tener claro lo que queremos como individuos y sociedad en el largo plazo.

De otro lado, miles de empresas -grandes y pequeñas- están literalmente contra las cuerdas, contando en semanas (o días) su liquidez y cuidando al máximo su flujo de caja. Estas empresas requieren ayudas reales hoy, y tal vez algunas de ellas no logren superar estos acontecimientos, infelizmente. Tremendo. Pero también es cierto que las personas y empresas que estamos pasando por esta situación, catastrófica y abrumadora, tendremos que aprender algo y revisar los fundamentales de lo que somos. He aprendido que a ese conjunto de habilidades que me llevaron a cada posición de liderazgo que he ocupado, le sobraba o le faltaba algo para la siguiente. Las empresas deberán revisar algunas cosas de sus modelos de negocios. Sus procesos de gestión de riesgos y de evaluación de continuidad operativa, solo por mencionar algunas de ellas, deberán ser motivo de reflexión por parte de sus juntas directivas y órganos de decisión.

He visto de todo en medio de la incertidumbre y de la ansiedad que le acompaña: mensajes en redes indicando que se deben cursar cursos, aprender cosas, leer libros, generar nuevas habilidades. Confieso que he hecho varias de esas cosas. Pero al mismo tiempo, a vivir este tiempo sin la presión de tener que hacer algo, más bien viviendo cada día y enfrentando cada reto a la vez. Y también confieso que he hecho algo de esto. Cada día trae su afán. La paciencia, la flexibilidad y la recursividad serán competencias clave en las próximas semanas, y tal vez en años.

Es grande el desafío de procesos transformacionales como el que vivimos. Desde lo personal y empresarial necesitaremos esos líderes que visualizan hoy y dos, tres y cuatro meses (y también eso en años, ojalá décadas). Por mi propia historia de vida, construida desde los cimientos, y en donde he afirmado que es como el desafío de hacer posible lo imposible, puedo decir que con esperanza, disciplina, ahínco, un plan, sentido de propósito, vocación y fe, construyendo desde las personas, es posible trascender.

No es claro el manejo de toda la contingencia antes de que aparezca una vacuna, así que es posible que enfrentemos ciclos progresivos de relativa normalidad-cuarentena. Es un escenario. Los otros escenarios, como volver a la normalidad y tener una cuarentena indefinida y prolongada, no parecen ser viables por la capacidad del sistema de salud ni por las implicaciones económicas. Así que parte de la incertidumbre está también asociada a la imprevisibilidad de cada escenario y sus consecuencias. Por tanto, hay que construir el camino, porque nadie de nuestras generaciones ha recorrido semejante desafío. Por eso quiero, antes de finalizar estas líneas, hacer varias invitaciones: una, a mantener en medio de las circunstancias la calma, la esperanza y la fe; otra, a pensar para actuar y a revisar de fondo -y en lo que nos compete- el modelo de sociedad, Estado, empresa e individuos que queremos construir; y finalmente, a aceptar con humildad la vulnerabilidad de nuestra condición humana. Esto es fundamental para construir nuevos modelos de ciudadanos, líderes y sociedad.

Y termino con un mensaje de gratitud: a todos aquellos que han mantenido el sistema funcionando, incluyendo al personal de las área de salud, limpieza y recolección de basuras, transporte de carga, servicios públicos, energía, gas, agua, alcantarillado, telecomunicaciones y a todos los que le hacen mantenimiento a los activos de estos sectores. Su trabajo, casi siempre invisible y hasta olvidado, es el que ha hecho posible superar las circunstancias personales y empresariales de esta coyuntura. Ellos son los que hoy hacen la diferencia.

Por: Aleck Santamaría De La Cruz

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