Aprender a emprender

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Según el más reciente informe del Monitor Global de Emprendimiento (GEM, por sus siglas en inglés), más del 52 % de los colombianos, entre 18 y 64 años, han tenido o piensan tener en el futuro inmediato un negocio propio. Sin embargo, una idea de estas de negocio dista mucho de crear empresa. Es por esto que es necesario fomentar no solo las actividades emprendedoras, sino educar y dar herramientas adecuadas a los empresarios nacientes.

Y es que la necesidad es apremiante. Los datos del GEM, para 2017, también muestran que la tasa de actividad empresarial temprana (TEA) en Colombia –aquellos empresarios nuevos que han estado al frente de su negocio y han remunerado a sus trabajadores y/o propietarios durante al menos 3,5 años– cayó del 27,4 % en 2016 a 18,7 % en el último año.

Si a esta cifra se le agrega la obtenida por Confecámaras, según la cual cerca de la mitad de las empresas creadas en el país no sobrevive después de 5 años de su fundación, es claro que algo se está haciendo mal. De hecho, al mirar el porqué de los cierres de estas, el 30 % corresponde a problemas de rentabilidad y el 18 % se le atribuye a problemas de financiación.

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Estos porcentajes dan una idea de qué es lo que sucede en el país. Pareciera que el afán por la independencia laboral y la búsqueda de mayores ingresos enceguecen a casi la mitad de los empresarios nacientes, lo que los lleva a arrojarse al mundo empresarial sin las habilidades necesarias, sin haber estudiado el mercado y su competencia e, incluso, sin tener un plan de negocio definido (cómo financiarse, cómo vender, a quién vender, etc.).

Para arrojar más luces sobre lo anterior, basta con saber que más del 20 % de los colombianos que no han terminado la educación primaria optan por emprender y el 25 % de los que no terminaron secundaria también se aventuran a tener su propia empresa.

Por supuesto, no se trata de discriminar y salir a decir que solo aquel que alcanza un título de educación superior puede o debe crear empresa; nada de eso, son varios los casos que echarían por el piso tal suposición. Sin embargo, es claro que una buena educación –sin que esto garantice el éxito empresarial, pues también es cierto que hay posgraduados con historias de negocios fracasados– incrementaría las posibilidades de que el empresario novato sea capaz de actuar con mayor cuidado y análisis.

Así, las iniciativas de fomento para el emprendimiento tienen que apuntar a desarrollar habilidades de planeación, gerencia y estrategia, sin importar el nivel educativo, edad o condición socioeconómica de los potenciales emprendedores. En esto tienen un gran avance las aceleradoras e incubadoras empresariales, así como los cursos, talleres y seminarios que realizan entidades privadas –como las Cámaras de Comercio– y las públicas –como iNNpulsa–; no obstante, los números ya mostrados dan cuenta de un trecho largo por recorrer.

Sin importar quién sea el que desarrolle las habilidades empresariales, lo importante es que esa educación sea efectiva, para que ojalá la TEA supere los niveles históricos del año 2016 y la supervivencia empresarial sea más una regla que una excepción.

Por: Juan José Escobar
Editor en jefe

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