Pulso firme en entorno volátil

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Edición «Proyecciones 2020-2023»

No hay duda de que la economía colombiana se destaca como una de las más sólidas de la región. Mientras Brasil y México se encuentran inmersas en la lucha por evitar una recesión, Argentina le apuesta a una administración populista y Chile está ad portas de una constituyente, Colombia se preocupa por mejorar su crecimiento más allá del 3,2 %.

Si bien es cierto que ese guarismo dista mucho de lo que se necesita para lograr todos los avances que se requieren en materia social, al menos el camino correcto se está recorriendo. Por supuesto, esto no quiere decir que el país no tenga debilidades. El desempleo en dos dígitos es el mayor lunar del desempeño económico en el último año, seguido de cerca –aunque el ciudadano del común no lo sepa a cabalidad– por el déficit fiscal y el de cuenta corriente.

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Frente a esto, la expectativa está por los lados de la recientemente aprobada Ley de Crecimiento Económico, que entró a sustituir a la derogada Ley de Financiamiento de 2018. En el articulado de dicha ley se mantienen las reducciones impositivas al sector empresarial con la esperanza de que esto promueva el crecimiento y la generación de nuevas fuentes de trabajo. Así mismo, el recaudo tributario, que tendrá desafíos por cuenta de dichas reducciones, mejorará bajo el supuesto de una mejor gestión de la DIAN –para lo cual la factura electrónica será fundamental–. Ambas son apuestas arriesgada, pero que ojalá resulte favorable por el bien de todo el país.

De otro lado, el frente externo es el que genera más dudas. Con las elecciones en la Casa Blanca a la vuelta de la esquina y la imprevisibilidad del comportamiento de su actual inquilino, la certidumbre no será una constante durante este año. La confrontación comercial con China seguirá siendo una fuente de volatilidad hasta que todo esté firmado. Los acuerdos parciales traen pequeños periodos de calma, pero sin una solución definitiva el nerviosismo sigue presente.

Así mismo, las tensiones geopolíticas, particularmente en el Medio Oriente, son otros factores a tener en cuenta, más aún cuando una de las principales fuentes de producción petrolera del planeta se encuentra en la región. Esto, no porque se vaya a producir un crecimiento sostenido en el precio del crudo como consecuencia de una confrontación armada en ese lado del mundo, sino porque se suma a la incertidumbre, que ya es palpable, en un mundo que tiene unas perspectivas de crecimiento poco dinámicas (2,5 % según el Banco Mundial).

Como colofón al editorial que se escribió hace un año, vale la pena destacar que 2020 será un año definitivo para Colombia. Las nuevas administraciones locales y gubernamentales darán sus primeras muestras sobre si el cambio en el péndulo político del país sí respondió a la voluntad de los electores o si, por el contrario, son una extensión de lo que ya estaba en el poder. Lo anterior también aplica para la Presidencia de la República, que este año ya entra en su ecuador. Del resultado que se obtenga en materia económica y social en 2020 se estarán perfilando los candidatos a ocupar el Palacio de Nariño en 2022.

Juan José Escobar Jaramillo
Editor en jefe

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