¿Qué tan difícil es escoger una carrera profesional?

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Imagen: Pixabay
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Las condiciones económicas y el desempeño académico de un estudiante no son las únicas causas que conllevan a la deserción. Contar con una adecuada orientación vocacional y descubrir sus intereses profesionales, desde las primeras etapas escolares, es esencial para tomar decisiones acertadas y aportar al futuro productivo del país.

La inquietud sobre la profesión a la que nos vamos a dedicar durante nuestra vida ha estado presente casi que desde que tenemos uso de razón. Desde los primeros años es común que tanto familiares como profesores nos cuestionen sobre lo que sería nuestro oficio ideal.

Y, aunque en ese entonces se trataba de una decisión muy lejana, en la que solo debíamos pensar cuando estuviéramos a punto de culminar los estudios de secundaria, lo cierto es que más adelante notamos las consecuencias de postergar este tema hasta el último instante, justo cuando nos enfrentamos a un mar de dudas sobre nuestras habilidades y lo que realmente nos interesa.

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En efecto, el hecho de no informarse oportunamente sobre la oferta de programas académicos y no recibir una adecuada orientación vocacional en el colegio o la universidad es uno de los principales factores que conducen a tomar decisiones equivocadas y, por ende, el camino de la deserción. De acuerdo con el Ministerio de Educación Nacional, la falta de este tipo de asesorías es la tercera causa por la que un estudiante decide abandonar sus estudios.

De hecho, al revisar las cifras sobre la deserción universitaria, es evidente que el nivel en Colombia es alto (37 %), si se compara, por ejemplo, con países como Chile y Uruguay, donde el índice es de 12 y 13 %, respectivamente.

Mientras tanto, una encuesta realizada por Adecco Colombia muestra la inconformidad de los colombianos con su decisión profesional, ya que según los resultados el 65 % de las personas manifiestan que desearían haber estudiado una carrera diferente y solamente el 33 % está ejerciendo la profesión que estudió.

Uno de los avances más notorios que la región ha mostrado en esta materia tiene que ver con la creación de redes internacionales que permiten un intercambio de experiencias y la construcción conjunta de nuevas estrategias.

En países europeos, como Alemania, Bélgica y Finlandia, este proceso se traduce en la creación de programas de experiencia laboral y de educación para la carrera, que les permiten a los estudiantes interactuar previamente con espacios laborales y desarrollar sus habilidades en sus tiempos libres. Además, se ha desincentivado el uso del test, analizado por un experto para promover la autoevaluación.

Dentro de su metodología, la mayoría de estos países también hacen un esfuerzo por comprender la orientación vocacional como un proceso que no solo abarca la etapa escolar, sino que trasciende hasta la vida adulta y laboral. Adicionalmente, dentro del sistema educativo se hace un especial énfasis en la “educación para la iniciativa”, para incentivar el emprendimiento y las medidas de autoempleo. No obstante, es importante tener en cuenta que tanto en Europa como en América, por ejemplo, no existe un único modelo de orientación profesional. Los caminos y procedimientos varían dependiendo de los casos.

Una decisión que también impacta a la sociedad

Aunque se trata de una decisión personal, el hecho de no tener un panorama claro sobre el futuro profesional trae consigo múltiples consecuencias para el desarrollo socioeconómico de un país.

Cuando un joven abandona la educación superior, cambia de carrera o, incluso, se gradúa con una sensación de insatisfacción por su elección, el país obtiene un mayor número de trabajadores mal capacitados o frustrados, que probablemente no realizarán con pleno éxito sus oficios u optarán por emplearse en labores diferentes, dejando de lado gran parte de la formación recibida.

Por otra parte, los impactos también se ven reflejados en la cantidad de recursos públicos y privados invertidos en un proceso que no finaliza con éxito. Siguiendo el ejemplo propuesto por la firma Bersoft, es preocupante analizar la dimensión de esta situación: si un estudiante les cuesta a los ciudadanos $8 millones al semestre y luego decide retirarse en quinto semestre, se registrará una pérdida de $40 millones. Ahora bien, el panorama empeora si multiplicamos esta cifra por el número de jóvenes que desertan cada año.

Es por eso que el camino para definir la vocación nunca debe tomarse a la ligera. Se trata de un proceso que requiere tiempo y que estará presente a lo largo de la vida profesional, incluso cuando culminamos un estudio de pregrado y estamos involucrados en el mercado laboral. En este sentido, en la mayoría de los casos, la mejor opción sería recurrir a un apoyo de orientación vocacional, que permitirá tomar una decisión acertada basada en la información.

En la edición Universidades 2019 de La Nota Económica encontrará una amplia oferta de pregrados en Colombia y una guía sobre cómo elegir su profesión

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