Por: Carlos Ayalde, CEO de GatekeeperX.
Si a comienzos de este año alguien me preguntaba cuál sería el tema que marcaría la conversación del sistema financiero colombiano durante 2026, seguramente habría respondido que sería Bre-B. Después de varios años de preparación, el país acababa de poner en marcha su sistema de pagos inmediatos y era natural que la atención estuviera puesta en ese proyecto.
Los primeros meses confirmaron esa expectativa. Hoy Bre-B supera los 670 millones de transacciones y ha movilizado más de $105 billones, cifras que reflejan la rapidez con la que usuarios y entidades han adoptado este nuevo esquema de pagos. Sin embargo, mientras esa transformación ocupaba buena parte de la conversación, otra comenzó a abrirse paso con menos protagonismo, pero con un impacto que probablemente será aún mayor en los próximos años: las Finanzas Abiertas.
La expedición del Decreto 368 de 2026 marca el inicio de esa nueva etapa. Más allá de una actualización normativa, representa un cambio en la forma en que el sector financiero compartirá información, desarrollará nuevos servicios y construirá un ecosistema cada vez más interoperable. En otras palabras, el reto ya no es solo mover el dinero más rápido, sino hacerlo en un entorno donde los datos también circulan de manera segura y con la autorización del consumidor.
Un cambio que va más allá de la regulación
Buena parte de la conversación se concentra hoy en los aspectos técnicos: Se habla de API, cronogramas, estándares y nuevos requerimientos para las entidades financieras. Todo eso será necesario para que el modelo funcione, pero reducir el debate a esos elementos es mirar solo una parte del panorama.
En la práctica, todo el sector financiero empezará a operar bajo una lógica distinta. Durante años cada entidad fortaleció sus propios controles para proteger la información y gestionar sus riesgos. Ahora el desafío será hacerlo en un entorno donde distintos actores intercambiarán datos de manera permanente y donde la confianza dependerá, cada vez más, del funcionamiento del ecosistema en su conjunto.
Ese escenario también coincide con una evolución del riesgo de fraude. La inteligencia artificial está haciendo más sofisticadas las estrategias de suplantación de identidad, ingeniería social y otras modalidades de fraude digital. Mientras las entidades aceleran su transformación, quienes buscan aprovechar las vulnerabilidades también incorporan nuevas herramientas y actúan con mayor velocidad.
Por eso, gestionar el riesgo dejará de ser un ejercicio centrado en reaccionar cuando ocurre un incidente. Cada vez será más importante contar con capacidades para identificar comportamientos inusuales, validar identidad y analizar señales de riesgo antes de autorizar una transacción. Esa diferencia puede marcar la experiencia del usuario y, al mismo tiempo, fortalecer la confianza en el sistema.
El reto será consolidar la confianza
Los próximos meses estarán marcados por nuevos desarrollos regulatorios y por la implementación gradual de las Finanzas Abiertas. Sin duda, será un periodo de ajustes para bancos, fintech y demás entidades del sector. Pero, más allá del cumplimiento normativo, el verdadero desafío será demostrar que la innovación puede avanzar sin comprometer la seguridad de las personas.
Al terminar 2026 seguramente hablaremos de interoperabilidad, inteligencia artificial y nuevos modelos de negocio. Sin embargo, el balance más importante será otro: comprobar si el sistema financiero colombiano logró fortalecer la confianza al mismo ritmo en que aceleró su modernización.
Porque la tecnología seguirá evolucionando y la regulación continuará adaptándose a nuevas realidades. Lo que difícilmente cambiará es que la confianza seguirá siendo el activo más importante sobre el que se construye cualquier relación financiera.