- El 92,3 % de los colombianos encuestados considera relevante la pérdida de víveres, aunque un 34,7 % admite botar comida al menos una vez por semana.
- La inflación y las ofertas de volumen modifican los hábitos de consumo, empujando a los ciudadanos a revisar meticulosamente sus neveras antes de comprar.
- Los consumidores exigen mayor claridad en las leyes e incentivos públicos que faciliten el rescate de excedentes a través de plataformas tecnológicas y bancos de comida.
El Día Mundial de la Alimentación representa una fecha crucial para reflexionar sobre los desafíos globales de seguridad nutricional y el acceso equitativo a los víveres. Para ayudar a contribuir a enfrentar estos desafíos es que Cheaf cobra importancia, una app que se dedica a conectar los alimentos que todavía pueden aprovecharse con distintas personas dispuestas a rescatarlos a tiempo.
Bajo este marco, la plataforma publicó la segunda edición de su estudio: Percepción de desperdicio de alimentos en América Latina 2026. El informe incorporó por primera vez a Colombia, donde el 92,3 % de los encuestados considera que la pérdida de víveres es un problema verdaderamente relevante. Además, el país encabeza la zona con un 23,4 % de ciudadanos que califica este escenario como crítico, ubicándose por encima de México, Chile y Argentina.
A pesar de este elevado nivel de alerta, un 34,7 % de los hogares colombianos admite botar comida al menos una vez a la semana. La principal causa manifestada es el deterioro anticipado de los insumos dentro de la cocina, razón señalada por el 66,5 % de los consultados. En este contexto particular, las frutas y verduras se posicionan como la categoría más descartada en las mesas locales, acumulando un 59,0 % de las respuestas.
«Desperdiciar provisiones agudiza la vulnerabilidad de nuestros recursos, un reto enorme para una nación que se prepara para enfrentar el fenómeno del Súper Niño y ha sufrido fuertes incendios forestales. Desde nuestra aplicación impulsamos acciones para que el rescate de víveres sea una costumbre arraigada. Buscamos consolidar un escenario donde tirar la comida sea cosa del pasado, protegiendo integralmente nuestro entorno», afirma Rodrigo Ramírez, country head para Colombia de Cheaf.
El impacto del bolsillo y las promociones
La presión inflacionaria ha redefinido las prioridades de compra en el mercado nacional durante el último año, obligando a los consumidores a buscar una mayor eficiencia. Frente a este complejo escenario, un 45,8 % de los participantes afirma que el alza en los precios de los productos condiciona directamente sus decisiones cotidianas. Como medida preventiva ante esta realidad económica, el 55,8 % de los colombianos revisa detalladamente qué alimentos tiene disponibles en su nevera antes de salir al supermercado.
Por otro lado, un 90,2 % de la población nacional reconoce un impacto ambiental medio o alto asociado a este fenómeno, vinculándolo fuertemente con el desperdicio de agua y las emisiones. Sin embargo, esta fuerte conciencia ecológica choca directamente con las dinámicas comerciales que promueven la acumulación excesiva de productos. En América Latina se registra una marcada vulnerabilidad ante las promociones de volumen tipo dos por uno, ofertas que suelen incentivar la compra impulsiva y su consecuente descarte.
El llamado a la acción regulatoria
Respecto a la corresponsabilidad frente a esta crisis, el 72,7 % de los colombianos señala al gran comercio como el actor principal para brindar soluciones de raíz. Sin embargo, un 44,3 % de los consultados también reconoce el rol fundamental y la responsabilidad directa que recae sobre los propios hogares. En el ámbito de las leyes, existe un importante vacío de conocimiento ciudadano, pues el 59,1 % ignora si operan normativas estatales para mitigar esta problemática.
Para hacer frente a esta falta de claridad regulatoria, el 56,4 % de los encuestados exige crear incentivos públicos que faciliten la donación de forma ágil. En el territorio nacional ya destaca la labor operativa de organizaciones como la red ABACO, así como las soluciones de redistribución como Cheaf. Estas infraestructuras de rescate demuestran que es completamente posible tender puentes efectivos entre los excedentes comerciales y las necesidades de la población.