Manuel Martínez Niño, Director Ejecutivo de CINTEL, ocupa el cargo desde hace varios años y ha participado activamente en la discusión sobre transformación digital, innovación e inteligencia artificial en Colombia. Su posición permite llevar esta entrevista más allá de la descripción de tecnologías, a preguntarle por asuntos de mayor interés empresarial.
CINTEL – Centro de Investigación y Desarrollo en Tecnologías de la Información y las Comunicaciones es una organización colombiana creada en 1991, especializada en investigación, innovación y desarrollo tecnológico aplicado al sector TIC. Durante más de 35 años de trayectoria, se ha consolidado como un actor de articulación entre Estado, empresas y academia, acompañando procesos de transformación digital y desarrollo tecnológico tanto en organizaciones públicas como privadas. En 2026 renovó su reconocimiento como Centro de Innovación y Productividad (CIP) por parte de Minciencias.
La Nota Económica: Durante los últimos años hemos hablado de transformación digital, del salto cuántico, de las telecomunicaciones, de la llegada del 5G y, más recientemente, de la necesidad de experimentar con la inteligencia artificial y aprovechar sus aplicaciones. Sin embargo, ustedes están planteando ahora una conversación diferente: «el impacto económico que la IA debe empezar a generar en las empresas«. ¿Qué cambió en las organizaciones para que entremos en esta nueva etapa? ¿Estamos pasando de experimentar con IA a exigir resultados concretos en el negocio?
Manuel Martínez: El mundo ha vivido varias revoluciones industriales que han transformado profundamente la manera en que vivimos, trabajamos y hacemos negocios. Hoy estamos frente a una nueva revolución industrial, impulsada por el desarrollo acelerado y disruptivo de la inteligencia artificial.
A nivel mundial, las empresas están en una carrera por desarrollar y adoptar las mejores soluciones de IA. Pero lo más importante es que ya existe una mayor conciencia sobre la necesidad de incorporarla dentro de la cultura empresarial. Y aquí el desafío va incluso más allá de la transformación digital: se trata de entender cómo la IA va a modificar nuestros procesos, nuestra manera de trabajar y, en muchos casos, nuestros propios modelos de negocio.
La IA tendrá un impacto transversal. Va a transformar prácticamente todas las actividades y procesos, tanto en el sector público como en la industria. Estamos hablando de una tecnología que permite llevar capacidades asociadas al conocimiento humano a sistemas computacionales mediante algoritmos y grandes volúmenes de datos, y eso ya está generando impactos concretos en múltiples sectores productivos.
Por eso, una empresa, un gobierno o incluso un ciudadano que no esté atento a esta transformación corre el riesgo de quedarse por fuera. La IA puede modificar profundamente nuestras rutinas, nuestra manera de trabajar e incluso hacer que algunas actividades dejen de existir tal como las conocemos hoy.
De hecho, se especula mucho sobre la posibilidad de que la inteligencia artificial destruya empleos y desplace a muchas personas. Yo diría que eso depende, en buena medida, de qué tan preparados estemos digitalmente para entender qué es la IA, cómo funciona y cómo puede afectarnos, tanto positiva como negativamente.
Es cierto que la IA puede modificar, transformar o incluso suprimir algunos trabajos, pero también va a crear muchos nuevos. El desafío es que buena parte de esas ocupaciones todavía no las conocemos, porque la transformación está ocurriendo prácticamente en todos los sectores productivos. No hay un sector que pueda decir: “esto no me afecta”. La IA está llegando a todos los ámbitos, incluso a espacios que tradicionalmente no asociaríamos con la tecnología.
Por eso, así como hoy el teléfono celular se volvió prácticamente indispensable, estamos llegando a un punto en el que todos debemos prestar atención a qué es la inteligencia artificial y cómo podemos utilizarla. Pero también debemos ser muy prudentes: se habla muchísimo de IA y, al mismo tiempo, el nivel de comprensión sobre sus verdaderos alcances todavía es bajo. Es un universo enorme y depende del enfoque desde el cual se analice.
Por ejemplo, solamente hablar de ética en inteligencia artificial abre toda una línea de investigación. Lo mismo ocurre con la gobernanza y la regulación: ¿cómo desarrollamos marcos que permitan aprovechar esta tecnología sin frenar la innovación, pero que al mismo tiempo protejan al usuario y al ciudadano?
En definitiva, como decía al comienzo, estamos frente a una revolución industrial muy poderosa, quizá una de las más profundas que hemos vivido. Trae enormes beneficios, pero también riesgos para los cuales debemos prepararnos. Y esa preparación no corresponde únicamente al Gobierno o a las empresas: involucra también a la academia y, por supuesto, a cada ciudadano.
LNE: Justamente iba a preguntarle por los sectores de la economía que podrían verse más impactados por la IA, pero con el ejemplo que acaba de dar —desde una empresa hasta una misa— queda claro que el alcance es mucho mayor. Entonces, ¿hay realmente algún sector o actividad que pueda considerarse ajeno a esta transformación? ¿Y dónde cree que vamos a ver los impactos más profundos en los próximos años?
Manuel: En términos económicos, no hay un sector que pueda excluirse de esta transformación. Por supuesto, hay algunos en los que el impacto ya es mucho más evidente, como el sector salud y, particularmente, la industria farmacéutica.
La combinación de inteligencia artificial con grandes capacidades de cómputo, centros de datos y supercomputadores está ampliando enormemente las posibilidades. Procesos que antes podían requerir meses de procesamiento pueden realizarse hoy en tiempos muchísimo menor, dependiendo de la aplicación y de la capacidad computacional disponible.
Y esto apenas está comenzando. La computación cuántica todavía no ha alcanzado su madurez comercial, pero su desarrollo avanza rápidamente y podría ampliar todavía más las capacidades de procesamiento en áreas como la investigación científica, el descubrimiento de medicamentos y la optimización de procesos. Estamos muy cerca de una nueva frontera tecnológica.
LNE: Si hoy un empresario le preguntara: “Manuel, ¿en qué debería invertir en tecnología para preparar mi empresa para los próximos años?”, ¿Qué le recomendaría? ¿Cuáles deberían ser sus prioridades?
Manuel: Yo iría incluso un poco más atrás. Hoy prefiero no hablar de “proyectos tecnológicos”, sino de proyectos que generen impacto: que empoderen a la empresa, a las personas o al Gobierno y que permitan hacer realidad sus planes comerciales y de desarrollo. Para lograrlo, las herramientas digitales son fundamentales.
Tenemos que cambiar el chip de “tengo un proyecto tecnológico” por “tengo un proyecto que busca generar competitividad, sostenibilidad y, en consecuencia, bienestar social”.
Bajo esa premisa, la primera inversión que recomendaría es en talento humano. Ese es uno de los grandes retos que tenemos en Colombia y en el mundo: contar con talento digital suficientemente calificado y, sobre todo, con competencias que tengan reconocimiento en un entorno global. Necesitamos personas cuyas capacidades les permitan competir por oportunidades de trabajo virtual en cualquier parte del mundo.
Ahí aparece otro desafío enorme: la alfabetización digital. Y no debería comenzar únicamente en la universidad o en las empresas. Tiene que estar presente desde los colegios y acompañar a las personas durante toda su vida profesional. No se trata solamente de aprender a utilizar una herramienta, sino de entender cómo las tecnologías digitales pueden ampliar nuestra visión y nuestras posibilidades dentro de un entorno global.
Por eso, la transformación digital empresarial comienza, en buena medida, por una transformación personal y cultural. Necesitamos generar conciencia de que el uso intensivo y adecuado de la tecnología puede ayudarnos a ser más competitivos y sostenibles.
Una vez que existe esa conciencia y contamos con el talento adecuado, podemos preguntarnos qué infraestructura tecnológica tenemos y qué necesitamos incorporar para avanzar. Pero si no existe un convencimiento del equipo directivo y de toda la organización sobre la importancia de esa transformación, el proceso puede hacerse, pero seguramente tomará mucho más tiempo.
Todos tenemos que convertirnos, de alguna manera, en promotores de la inclusión y la transformación digital.
Ahora bien, también debemos hablar del uso responsable de la tecnología. Estamos viendo los efectos de una exposición cada vez mayor a los dispositivos y las redes sociales, tanto en jóvenes como en adultos. Yo mismo intento regular el uso del celular. El riesgo es que, en medio de esta hiperconectividad, terminemos perdiendo el contacto humano, la conexión con la naturaleza y la conciencia sobre asuntos tan importantes como la conservación ambiental y el cambio climático.
La tecnología debe empoderarnos, no desconectarnos de lo que nos hace humanos.
LNE: Hablemos de la agenda académica de ANDICOM. ¿Cómo se construye esa agenda para un evento de esta magnitud y qué significa, en particular, que este año la Unión Europea se sume como invitado y aliado estratégico? ¿Qué nuevas conversaciones o perspectivas quieren poner sobre la mesa a partir de esta alianza?
Manuel Martínez: Para entender cómo construimos la agenda de ANDICOM hay que recordar primero qué es CINTEL. Somos un centro de investigación y desarrollo tecnológico con más de 35 años de trayectoria, trabajando en Colombia y en la región en proyectos relacionados con transformación digital.
A lo largo de este tiempo hemos desarrollado más de 500 grandes proyectos, en Colombia y en otros países, trabajando con aliados y pares nacionales e internacionales. Todo ese recorrido nos ha permitido construir un know-how y una experiencia muy importantes alrededor de la transformación digital.
Además, CINTEL es una organización sin ánimo de lucro y completamente autosostenible. Vivimos de la prestación de nuestros servicios profesionales, y la efectividad de nuestros proyectos nos ha permitido construir una relación de confianza y credibilidad con el sector. ANDICOM es precisamente una de las expresiones de ese trabajo, pero hace parte de un portafolio mucho más amplio de actividades que desarrollamos.
Como centro de investigación y desarrollo tenemos la responsabilidad de hacer un benchmarking permanente de lo que está ocurriendo en materia tecnológica, no solamente desde la virtualidad, sino también estando presentes en los grandes escenarios internacionales. Personalmente, me gusta asistir a los principales eventos tecnológicos del mundo, no solo para conocer las tendencias, sino también para mostrar que Colombia tiene capacidades y puede jugar un papel relevante.
Tenemos que romper esa idea de que Colombia no puede competir globalmente. Yo tuve la oportunidad de estudiar e investigar en Alemania y allí comprobé que sí podemos. Por supuesto, necesitamos condiciones, recursos, talento y espacios adecuados para desarrollar investigación e innovación. Cuando nos comparamos con los grandes centros de investigación del mundo todavía tenemos brechas importantes, pero hemos avanzado y tenemos que seguir trabajando para estar a la vanguardia.
CINTEL es un centro relativamente pequeño. Somos alrededor de 120 personas, incluyendo recursos externos, pero durante más de tres décadas hemos trabajado en la dinamización de la industria TIC del país, en la apropiación tecnológica y en la inclusión digital. Para seguir cumpliendo ese propósito tenemos que estar permanentemente actualizados y rodeados de investigadores, empresas e instituciones de talla mundial.
Por eso, que la Unión Europea haya aceptado nuestra invitación y que los 27 países estén presentes en ANDICOM es un hito muy importante. Es algo que deberíamos valorar mucho más en Colombia, porque demuestra el posicionamiento que ha alcanzado el país y, particularmente, este evento.
Siempre he pensado que el día en que la ciencia, la tecnología, la innovación y la inclusión digital sean noticia de primera línea en Colombia, tendremos una señal clara de que realmente estamos avanzando hacia una transformación digital. Hoy tenemos muchísimas noticias, pero todavía necesitamos darle mayor visibilidad a los desarrollos científicos y tecnológicos que están ocurriendo en el país y en el mundo.
Todo este conocimiento y relacionamiento nos permite estructurar una agenda que, en mi opinión, es de talla mundial. Para mí, la primera semana de septiembre en Cartagena, con esta edición número 41 de ANDICOM, representa la semana de la transformación digital en América Latina.
Es un espacio en el que se reúnen autoridades TIC, líderes empresariales y tomadores de decisiones de Colombia y de toda la región. Más del 60 % de los asistentes son ejecutivos de nivel C, es decir, personas que toman decisiones estratégicas dentro de sus organizaciones. A esto se suma la presencia de delegaciones internacionales y de organismos como el Banco Mundial, el BID y la OEA.
Todo ese crecimiento es resultado de muchos años de trabajo y de un equipo humano extraordinario. Y también responde al propósito con el que nació CINTEL: contribuir a la transformación digital del país y, particularmente, a la inclusión digital.
Por eso nuestro reto sigue siendo enorme. Colombia necesita avanzar no solamente en conectividad, sino también en apropiación tecnológica. Tener acceso a Internet es apenas el primer paso. El verdadero desafío es que las personas, las empresas y las comunidades sepan cómo aprovechar esa conectividad, tengan acceso a contenidos pertinentes y puedan convertir la tecnología en oportunidades reales de desarrollo.
LNE: La tecnología está evolucionando a una velocidad vertiginosa y ANDICOM ha logrado mantenerse a la vanguardia durante más de cuatro décadas. Si miramos hacia 2030, ¿cómo imagina la evolución del evento? ¿Qué tendrá que cambiar, qué nuevas conversaciones tendremos que estar abordando y qué tan diferente será ANDICOM frente a lo que conocemos hoy?
Manuel: En el corto plazo tenemos un nuevo Gobierno y esperamos poder trabajar de la mano con él para avanzar en esta tarea de transformación y evolución digital del país.
Pero, desde CINTEL como centro de investigación, mi mirada está puesta especialmente en la internacionalización. Queremos consolidar alianzas con grandes jugadores tecnológicos y centros de investigación del mundo. De hecho, recientemente fuimos invitados al Smart City Congress para participar como conferencistas y mostrar algunas de las experiencias que estamos desarrollando en Colombia.
Un buen ejemplo es el trabajo que estamos realizando con la Gobernación de Antioquia para impulsar la transformación digital de sus 125 municipios, utilizando metodologías propias de la UIT. Este tipo de proyectos nos permite demostrar en escenarios internacionales que desde Colombia también estamos desarrollando soluciones que pueden ser referentes para otros países.
En los próximos años quisiera ver un CINTEL mucho más consolidado a nivel nacional, pero también con una presencia internacional mucho más fuerte.
Ahora bien, hay un reto estructural que debemos resolver en Colombia: la falta de continuidad en los proyectos de largo plazo. Con cada cambio de Gobierno, muchas veces se replantean iniciativas que ya estaban en marcha. Esto no es exclusivo de una administración; es un problema que hemos tenido históricamente.
Cuando se hacen grandes inversiones en proyectos estratégicos y posteriormente llega una nueva administración que decide cambiar de rumbo, se pierde tiempo, recursos económicos y, sobre todo, se retrasa la posibilidad de concretar resultados. Necesitamos construir políticas y proyectos de largo plazo que trasciendan los gobiernos.
Hay sectores en los que me gustaría trabajar mucho más de la mano con el Estado. Uno de ellos es el agro, particularmente la agricultura de precisión. Colombia tiene una enorme riqueza y un potencial extraordinario en este campo, pero muchas zonas rurales están perdiendo población y oportunidades.
Cuando uno mira lo que están haciendo países como Israel o Alemania en agricultura de precisión, encuentra soluciones extraordinarias. Nosotros hemos desarrollado algunas experiencias pequeñas que han demostrado que, incluso con inversiones tecnológicas relativamente bajas, podemos generar mejoras importantes en productividad y calidad.
Otro gran campo es el turismo. Colombia es uno de los países con mayor biodiversidad del mundo, tiene dos océanos y un enorme potencial turístico. Y ahí también podemos utilizar tecnologías como la realidad aumentada, la inteligencia artificial y la geolocalización para transformar la experiencia del visitante.
Imaginemos que una persona pueda estar en cualquier lugar del país y, desde su celular, recibir información sobre qué puede visitar, dónde hay un restaurante, qué atractivos tiene cerca o qué experiencias puede disfrutar. Muchas de esas soluciones ya existen y no son tecnológicamente complejas. El reto está en integrarlas y ponerlas al servicio de las capacidades que tiene Colombia.
LNE: Sé que CINTEL ha participado durante años en el CES de Las Vegas y que nuevamente estarán allí. Para quienes no tienen la posibilidad de viajar a este evento, ¿qué tendencias, tecnologías o experiencias del CES le gustaría traer a Colombia y poner al alcance de las empresas y del ecosistema tecnológico del país?
Manuel: Hemos tenido la oportunidad de asistir al CES y también a eventos como Hannover Messe, uno de los grandes escenarios mundiales de la industria y la tecnología. Y hay una tendencia que me ha llamado especialmente la atención: la robótica y su masificación en prácticamente todos los sectores productivos.
En Alemania, por ejemplo, pude ver soluciones de robótica orientadas al bienestar y al acompañamiento de los adultos mayores, pero también aplicaciones industriales en las que el nivel de automatización es extraordinario. Hay plantas en las que trabajan uno o dos seres humanos y el resto del proceso está prácticamente automatizado.
Sin embargo, antes de hablar de robótica o de cualquier otra tecnología, tenemos que hablar de talento humano. Esa es la raíz. Necesitamos personas preparadas y conscientes de la importancia de estas transformaciones. Y esa formación comienza desde el hogar y debe desarrollarse progresivamente a lo largo de la vida.
Lo interesante del sector TIC es precisamente su carácter transversal. Es difícil encontrar otro sector productivo que tenga la capacidad de transformar y empoderar a todos los demás. Cuando digitalizamos un proceso, podemos mejorar productividad, competitividad, eficiencia y, finalmente, bienestar.
Por eso considero que el sector TIC no debería verse simplemente como un sector económico más. Es un eje transversal para el desarrollo económico y social. Y, detrás de ese ecosistema digital, hay otro componente fundamental: el sector energético, que proporciona la infraestructura sobre la cual se soporta buena parte de esta transformación.
Colombia tiene un potencial enorme. Después de 26 años al frente de CINTEL, sigo pensando que tenemos muchísimo por hacer. Y tampoco necesitamos inventarlo todo. Muchas veces las soluciones ya existen; lo que necesitamos es adaptarlas a nuestras condiciones y necesidades locales.
Una solución que funciona muy bien en Holanda, por ejemplo, no necesariamente será la misma que necesita Chía. Hay que entender el contexto y hacer los ajustes necesarios. Pensemos, por ejemplo, en el sector de las flores: podemos tomar tecnologías desarrolladas en otros lugares, pero debemos adaptarlas a las características específicas de nuestra producción y de nuestro territorio.
“Las soluciones sencillas, bien adaptadas a las necesidades locales, muchas veces son las que realmente generan impacto”
