- Desde Cali, la compañía conecta empresas, productores, compradores, aliados e inversionistas en distintos eslabones de la cadena. Ahora, busca llevar este modelo a otros países de América Latina.
La segunda medición del mercado de inversión de impacto en Colombia, correspondiente a 2024 y publicada en 2025, estimó su tamaño en US$457,3 millones, un 50% por encima de la medición anterior. El ejercicio, realizado por Impacto Colombia con participación técnica de Fedesarrollo, muestra un mercado que viene creciendo, pero también un reto: una parte importante de las pequeñas y medianas empresas todavía no cuenta con las condiciones, conexiones o instrumentos necesarios para acceder a esos recursos.
En esa brecha trabaja Trulab, una compañía vallecaucana liderada por Santiago Gómez en compañía de Estefanía Valencia, junto a un equipo de más de 35 personas. Desde 2015, la organización ha desarrollado proyectos en más de 19 departamentos de Colombia y, en distintos momentos, en cuatro regiones de Perú. A lo largo de su trayectoria, ha acompañado a más de 800 empresas, pymes, asociaciones de productores y organizaciones, y ha contribuido a movilizar más de US$7 millones mediante inversión, financiación, capital de trabajo y estructuración de soluciones empresariales.
“Al comienzo trabajábamos principalmente con emprendimientos y procesos de aceleración, pero muy rápido entendimos que fortalecer una empresa de manera aislada no era suficiente. Una compañía depende de sus proveedores, de sus compradores, de la financiación y de las capacidades que tiene alrededor. Por eso aprendimos a mirar la cadena completa y no solo a una empresa”, explica Santiago Gómez.
Ese aprendizaje llevó a Trulab a pasar del acompañamiento de empresas individuales a la aceleración de cadenas de valor sostenibles. Su modelo integra tres frentes que con frecuencia se ofrecen por separado: fortalecimiento empresarial, acceso a mercados y preparación para financiación e inversión. Esto implica trabajar con productores y proveedores hasta empresas transformadoras, compradores, corporativos, financiadores e inversionistas, tanto en las principales ciudades como en regiones con menor acceso a oportunidades. La compañía parte de la necesidad concreta de la empresa o de la cadena y, a partir de ella, estructura la solución y convoca a los aliados necesarios. “No llegamos con un programa definido para tratar de acomodar la realidad. Primero entendemos qué está frenando a la empresa o a la cadena”, añade el directivo.
La organización ha aplicado este enfoque en agroindustria, economía circular, bioeconomía, turismo sostenible y soluciones climáticas o basadas en naturaleza; priorizando negocios en los que el impacto hace parte de la actividad principal. Después de más de una década de operación, la compañía está entrando en una nueva etapa, con la meta de que cada proyecto deje capacidades, tecnología, metodologías, relaciones y modelos que puedan permanecer. Esa transición también implica fortalecer la propia organización y ampliar su capacidad para desarrollar soluciones más ambiciosas, por ello trabaja con una red de más de 200 mentores, especialistas y aliados que se activa de acuerdo con las necesidades de cada cadena, empresa y contexto local.
Entre las soluciones que se vienen consolidando están Elevara, TREDI y una línea de capital catalítico: recursos flexibles que permiten cerrar brechas que la financiación tradicional no suele cubrir y que pueden impedir que una empresa concrete una venta o llegue a una inversión. Elevara es una estrategia para acelerar la inversión de impacto que funciona como una facilidad de asistencia técnica multifondo: prepara empresas, construye pipeline y trabaja con diferentes fondos e instrumentos para llevar cada oportunidad hacia el capital más adecuado.
TREDI, por su parte, busca resolver necesidades de capital de trabajo asociadas a operaciones comerciales reales, como órdenes de compra o contratos. Su modelo analiza la empresa, la cadena y el pagador, y administra el riesgo, el desembolso y la recuperación de los recursos. De manera complementaria, el capital catalítico cubre necesidades puntuales (como una certificación, una validación tecnológica, trazabilidad, fortalecimiento del gobierno corporativo o la preparación de un primer lote) que pueden destrabar una operación comercial o preparar a la empresa para recibir inversión.
Trulab concentra hoy su operación en Colombia, pero hacia adelante, la compañía busca explorar la activación de este modelo en otros países de América Latina que enfrentan retos similares. La expansión se plantearía de la mano de aliados locales, adaptando la metodología a cada contexto en lugar de replicar una fórmula única. “Queremos que las empresas crezcan y que haya más oportunidades, pero también nos importa mucho cómo tratamos al equipo, a los proveedores, a los aliados y a cada empresario que confía en nosotros. No creo que una sola organización cambie todo, pero sí podemos ser una pequeña chispa que mueva a otras y ayude a encender una llama grande. Contribuir a eso es lo que le da sentido a este trabajo”, concluye Gómez.