A pesar de los desafíos económicos y la incertidumbre generada por las políticas gubernamentales actuales, Colombia ha demostrado ser una economía resiliente. Si bien el crecimiento del PIB en 2024 fue del 1,7%, por debajo de la expectativa del 2%, la actividad económica sigue mostrando signos de recuperación, impulsada por la inversión privada y la generación de empleo. Más allá de las dificultades de corto plazo, los inversionistas y el mercado laboral parecen estar proyectando un escenario optimista para los próximos años, con un enfoque que trasciende la actual administración y se enfoca en la reconstrucción del país a partir de 2026.
Recuperación del Empleo y la Inversión
El mercado laboral ha dado señales alentadoras. La tasa de desempleo en diciembre de 2024 se ubicó en 9,1%, la más baja desde 2017, de acuerdo con el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE). Esta mejora se debe, en parte, a la creación de más de 128.000 empleos en el tercer trimestre del año y al crecimiento de sectores como el comercio, la logística, la metalmecánica y la construcción.
Un elemento clave en la reducción del desempleo ha sido la inversión extranjera directa (IED), que ha generado más de 89.000 empleos en Bogotá Región en los últimos cinco años. Este vínculo entre inversión y empleo es evidente: cuando la inversión aumenta, las tasas de desempleo tienden a disminuir, mostrando la importancia de un entorno propicio para la llegada de capital extranjero.
Por otro lado, los datos del mercado reflejan un repunte en la confianza del consumidor y en sectores estratégicos. La venta de vehículos ha crecido un 8% anual, las motocicletas han mantenido una demanda constante y los inventarios de vivienda han comenzado a disminuir, reflejando un mayor interés por la inversión en bienes raíces. Este comportamiento del consumo y la inversión sugiere que los agentes económicos están tomando decisiones de largo plazo, con la mirada puesta en un futuro más estable a partir de 2026.
Factores de Incertidumbre
A pesar de estas señales positivas, la economía colombiana sigue enfrentando múltiples retos. La inflación se mantiene en niveles superiores a la meta del Banco de la República, ubicándose en 5,22% en enero de 2025, lo que afecta el poder adquisitivo de los hogares y la competitividad del sector productivo. Además, la reforma pensional, aún en debate en la Corte Constitucional, ha generado una gran incertidumbre, dado que la ponencia presentada sugiere que podría ser declarada inconstitucional por irregularidades en su trámite y la falta de aval fiscal del Ministerio de Hacienda.
Otro factor crítico es el impacto de las políticas de hidrocarburos. La producción de petróleo en Estados Unidos sigue en aumento, lo que ha generado una reducción en los precios internacionales. Para Colombia, esto representa una amenaza significativa, ya que los ingresos fiscales dependen en gran medida de las utilidades de Ecopetrol. La falta de exploración y la visión poco estratégica del gobierno respecto a este sector han llevado a una disminución en la producción y en los ingresos, afectando el financiamiento de programas públicos y la estabilidad macroeconómica.
Una Mirada Hacia el Futuro
Si bien el panorama de corto plazo sigue siendo desafiante, las decisiones de inversión están siendo tomadas con una perspectiva de mediano y largo plazo. Los sectores privados y los inversionistas están apostando por un cambio en el modelo económico a partir de 2026, con expectativas de una administración más enfocada en la estabilidad fiscal, la seguridad, el crecimiento económico y el fortalecimiento del sector productivo.
El reto ahora es que más sectores se sumen a esta visión de largo plazo y comiencen a preparar estrategias para un nuevo ciclo de crecimiento. La estabilidad institucional y el fortalecimiento del sector empresarial serán fundamentales para garantizar que Colombia pueda aprovechar las oportunidades de inversión y empleo que se están gestando.
En definitiva, Colombia sigue siendo un mercado atractivo para la inversión, y los datos recientes muestran que el país está en una fase de ajuste antes de una recuperación más sólida. La clave está en no perder de vista la importancia de políticas públicas coherentes, la confianza en el sector privado y la apuesta por una visión de largo plazo que permita consolidar un crecimiento sostenible y equitativo.