- Vivir saldrá más caro en Colombia. La educación será el gasto que más presione el presupuesto familiar, con aumentos de entre 2,0 y 2,5%, seguida de salud y recreación, que subirían entre 1,2 y 1,6%. A esto se suman los alimentos, con alzas de 1,0 a 1,3%, y los arriendos y servicios públicos, que continuarían ajustándose entre 0,8 y 1,1%.
- Un estudio de la firma Russell Bedford revela una cruda radiografía en cifras de cómo se comportará el costo de vida entre enero y marzo afectando a cerca de 5 millones de hogares de clase media.
¡Ojo al dato!, aunque la inflación comenzó a ceder en los registros oficiales, ese alivio no se sentirá en el bolsillo de los colombianos en el primer trimestre del año. De hecho, las finanzas de las familias de clase media serán las más golpeadas, siendo enero el mes más exigente. ¿La razón? Es la época que concentra los pagos más altos y cuando se define si el presupuesto alcanzará —o no— para los meses siguientes. Matrículas, arriendos, administraciones y servicios suelen ajustarse casi al mismo tiempo, justo después de las vacaciones y cuando las finanzas del hogar aún están acomodándose.
De acuerdo con un reciente análisis financiero sobre el comportamiento de los precios en el arranque de 2026, elaborado por la firma Russell Bedford, los primeros meses concentrarán aumentos en gastos que no se pueden aplazar ni recortar con facilidad. “Por eso, para las familias la pregunta central en este momento no debe ser cuánto subirá la inflación, sino qué gastos se encarecerán primero y en qué momento del próximo trimestre”, asegura Olga Tapias, Socia de Impuestos de Russell Bedford Bogotá y autora del informe.
Las cifras ayudan a entender este contexto. La inflación anual cerró 2025 en 5,10 %, según el DANE. Para el período enero–marzo, las proyecciones incluidas en el informe de RBC apuntan a que el Índice de Precios del Consumidor (IPC) continuaría bajando de forma gradual, con una inflación anual moviéndose entre 4,8 % y 5,0 % hacia marzo. Aunque este nivel todavía se mantiene por encima del rango meta del Banco de la República, sí supone un menor ritmo de aumentos frente a 2024 y buena parte de 2025.
En total, la inflación del primer trimestre se movería entre 0,9 % y 1,4 %, pero ese promedio puede resultar engañoso. Detrás de esa cifra hay gastos que se ajustan de manera gradual y otros que llegan de una sola vez, como la educación o el arriendo. Son esos incrementos concentrados —típicos del inicio del año— los que más se sienten en el bolsillo y los que explican por qué, aun cuando el IPC bajó en los informes, aún muchos hogares siguen percibiendo que el costo de vida continúa alto.
Enero concentra el golpe: educación y servicios liderarán los aumentos
El análisis indica que la educación seguirá siendo el rubro con mayor presión inflacionaria. Tras cerrar 2025 con una inflación anual superior al 7 %, este sector registraría en el primer trimestre un aumento acumulado de 2,0 % a 2,5 %. Con ello, su inflación anual se mantendría en un rango de 6,5 % a 7,5 %.
“Aunque el IPC general baje, este rubro seguirá sintiéndose como uno de los más costosos del trimestre”, señala Tapias.
A ese impacto se suman los servicios, un grupo que incluye salud, recreación, turismo, alojamiento y servicios personales. En 2025, estas categorías ya mostraban una inflación anual superior al promedio del IPC, cercana a 5,8 % – 6,2 %. Para los próximos tres meses, se prevé una variación acumulada de 1,2 % a 1,6 %. Con ello, la inflación anual del sector servicios seguiría siendo elevada, entre 5,5 % y 6,0 %.
“Estos rubros están atrapados en un círculo de indexación. Muchos precios se actualizan automáticamente con la inflación pasada, no con la actual. Eso retrasa cualquier alivio para las familias, incluso cuando este indicador empieza a ceder”, advierte.
Menor presión no significa alivio: alimentos, transporte y vivienda seguirán ajustándose
En febrero y marzo, el ritmo de aumento de precios tenderá a ser más moderado. Sin embargo, eso no implica una reducción real del gasto mensual. El grupo de alimentos y bebidas no alcohólicas cerró 2025 con una inflación anual cercana al 5 %. Para el primer trimestre de 2026 se espera una variación acumulada de 1,0 % a 1,3 %, con una inflación anual convergiendo hacia 4,8 %–5,2 %.
“En alimentos veremos menos volatilidad que en años anteriores, pero no una reducción real de precios. Una inflación más baja no significa mercado más barato, sino incrementos más pequeños sobre precios que ya son altos”, dice Tapias. Una mejor oferta agrícola ayudaría a moderar el ritmo, aunque persisten riesgos por estacionalidad, costos logísticos y choques climáticos puntuales.
El transporte la, por su parte, será uno de los rubros con menor presión. Tras cerrar el año con una inflación anual entre 3,5 % y 4,0 %, se proyecta que en el primer trimestre registre una variación acumulada de 0,6 % a 0,9 %. La inflación anual del sector se ubicaría alrededor de 3,8 %–4,2 %, apoyada en menores presiones de combustibles y ajustes tarifarios más graduales.
En cuanto a vivienda y servicios públicos, los aumentos seguirán siendo moderados pero persistentes. Luego de cerrar 2025 con una inflación cercana a 4,5 % –4,8 %, este grupo tendría una variación trimestral entre 0,8 % y 1,1 %. La inflación anual se movería alrededor de 4,7 %–5,0 %, reflejando la indexación de arriendos y ajustes tarifarios.
“El primer trimestre exige planeación más que optimismo. Las familias que organizan su presupuesto desde enero, anticipando los ajustes fuertes, tendrán más capacidad de absorber el resto del año que aquellas que esperarán que el IPC haga el trabajo por ellas”, concluye.
En inflación, el error más costoso no es gastar más, sino no anticiparse. Para la clase media, enero no solo es el mes más caro, sino el que definirá cuánto pesará el resto del año sobre el bolsillo.