En el entorno laboral colombiano persiste un riesgo poco visible pero de alto impacto: las lesiones laborales clasificadas como “leves”. Golpes, torceduras, sobresfuerzos o cortaduras que, al no generar un dolor intenso inmediato, muchas veces no se reportan ni se atienden a tiempo. Sin embargo, estas lesiones pueden evolucionar en pocas semanas hacia incapacidades prolongadas, cirugías o secuelas permanentes.
La preocupación aumenta en periodos de alta exigencia operativa, cuando se intensifican las cargas físicas, se extienden las jornadas y el agotamiento se acumula. En ese contexto, el cuerpo empieza a dar señales que suelen normalizarse hasta que el daño ya está hecho.
Un problema de gran escala
Las cifras oficiales más recientes del sistema de riesgos laborales muestran la dimensión del fenómeno. En Colombia se registran más de 1.400 accidentes de trabajo al día, además de miles de enfermedades laborales calificadas y decenas de fallecimientos asociados a actividades productivas.
A esto se suma que el Sistema General de Riesgos Laborales cubre cerca del 55 % de la población ocupada, lo que deja a millones de trabajadores en una situación de mayor vulnerabilidad frente a eventos no reportados o mal atendidos
Por qué las lesiones “leves” no son realmente leves
Muchas lesiones menores avanzan de forma silenciosa. Una torcedura, un esfuerzo repetitivo o una caída sin consecuencias inmediatas pueden derivar en:
- Inflamaciones crónicas y microdesgarros musculares.
- Lesiones de tendones y ligamentos que limitan la movilidad.
- Infecciones derivadas de heridas pequeñas.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) advierte que el subregistro de incidentes no solo afecta la salud del trabajador, sino que reduce la productividad, incrementa los costos operativos y debilita la sostenibilidad de las empresas.
El reporte oportuno: una obligación y una protección
En Colombia, la normativa establece que todo incidente laboral debe reportarse dentro de las primeras 48 horas. Cuando este plazo no se cumple, la ARL puede objetar el origen del evento, lo que limita el acceso a atención, tratamientos y prestaciones económicas.
Desde Areandina, Heydy González, directora del programa virtual de Seguridad y Salud en el Trabajo, advierte: “Muchas personas creen que un golpe o un tirón sin dolor intenso no amerita reporte. Ese es el primer error que abre la puerta a complicaciones serias”.
Qué hacer ante una lesión leve para evitar riesgos mayores
- Detener la tarea de inmediato.
Continuar trabajando tras un golpe, caída o sobresfuerzo aumenta el riesgo de agravar la lesión. Parar no es una señal de debilidad, es autocuidado. - Solicitar primeros auxilios y evaluación.
El brigadista, supervisor o el área de Seguridad y Salud en el Trabajo deben valorar y registrar el incidente. Lo que no se documenta, no se previene. - Realizar el reporte formal.
Hora, lugar, forma del evento y testigos son claves para garantizar la atención por la ARL y corregir condiciones de riesgo. - Evitar la automedicación.
Analgésicos o antiinflamatorios pueden ocultar señales de alarma. Fiebre, inflamación progresiva, dolor persistente o limitación del movimiento requieren atención médica inmediata.
El reto hacia 2026: menos silencios, más prevención
El subregistro de lesiones evidencia una barrera cultural: el miedo a afectar indicadores, perder incentivos o “quedar mal” frente al equipo. Este patrón es más frecuente en sectores como construcción, manufactura y logística, donde la exigencia física es constante.
El llamado es claro: reportar no genera problemas, los previene. Cada incidente informado es una oportunidad para mejorar condiciones de trabajo, reducir riesgos y proteger la salud a largo plazo.
Como concluye González, la seguridad laboral no se construye solo con normas, sino con decisiones cotidianas: escuchar el cuerpo, reportar a tiempo y entender que ninguna lesión es demasiado pequeña cuando está en juego la vida laboral.