● La compañía lanzó SACS SMART, una nueva línea que integra transición energética, descarbonización y economía circular bajo esquemas de retorno financiero y optimización de costos operativos.
● El modelo de “polígonos inteligentes” busca convertir activos industriales y petroleros en plataformas integradas de eficiencia energética, gestión hídrica y reducción de emisiones con impacto medible en CAPEX y OPEX.
La discusión sobre el futuro productivo de Colombia dejó de ser únicamente energética para convertirse en estructural. En un escenario donde el país debe equilibrar producción industrial, compromisos climáticos y competitividad internacional, comienza a ganar terreno una pregunta de fondo: ¿cómo transformar los territorios productivos tradicionales sin frenar inversión ni empleo?
En ese contexto, SACS Group anunció el lanzamiento de SACS SMART, una nueva línea orientada a estructurar lo que denomina “polígonos energéticos inteligentes”, un modelo que busca convertir complejos industriales y petroleros en ecosistemas integrados donde energía, agua, residuos y emisiones se gestionan bajo una lógica económica y sistémica.
“Colombia no puede elegir entre sostenibilidad y competitividad; debe integrarlas en un mismo modelo productivo. El reto es convertir la transición en una oportunidad rentable y técnicamente viable para los territorios industriales del país”, afirmó Carolina López Pérez, gerente técnica para Latinoamérica de SACS Group.
El planteamiento surge en un momento sensible para la economía nacional. El país continúa dependiendo de sectores extractivos e industriales para su estabilidad fiscal y generación de divisas, mientras enfrenta mayores exigencias regulatorias y presión de mercados internacionales que demandan trazabilidad ambiental y reducción de emisiones. Bajo este panorama, la modernización de activos
existentes se convierte en una variable clave para mantener la competitividad.
El modelo propuesto por SACS plantea dejar atrás la gestión fragmentada de variables ambientales —energía por un lado, agua por otro, residuos como costo—y estructurar territorios industriales como plataformas integradas. En la práctica, esto implica incorporar autogeneración energética, almacenamiento, medición avanzada de emisiones, inventarios de huella de carbono, gestión hídrica circular y valorización de residuos, articulados bajo indicadores financieros como CAPEX, OPEX y retorno de inversión.
Para regiones como el Meta, Casanare, Santander o el Caribe industrial, donde la actividad productiva convive con desafíos sociales y ambientales, este tipo de esquemas podría representar una herramienta para reducir tensiones territoriales y fortalecer la licencia social para operar. Más que desmantelar la infraestructura existente, el enfoque apunta a optimizarla y hacerla más eficiente.
“Proponemos un rediseño integral del territorio productivo. Gestionar energía, agua y emisiones como un sistema integrado no solo mitiga riesgos ambientales, sino que optimiza costos y habilita nuevas oportunidades de inversión”, agregó López.
El lanzamiento de esta línea amplía el alcance tradicional de SACS, conocida por su trabajo en gestión de riesgos industriales, hacia la estructuración de proyectos de transformación productiva. La apuesta responde a una tendencia global en la que los complejos industriales evolucionan hacia modelos inteligentes y conectados, donde cada decisión técnica debe tener respaldo financiero y cada inversión
ambiental debe traducirse en valor tangible.
Para Colombia, el debate ya no es si avanzar hacia la transición energética, sino cómo hacerlo sin debilitar su base productiva. En ese escenario, iniciativas que integren sostenibilidad con retorno económico buscan posicionarse como una alternativa para que los territorios industriales no pierdan relevancia, sino que evolucionen hacia modelos más resilientes y competitivos.