Por estos meses, el mercado laboral colombiano está dejando ver un efecto menos evidente de la reforma: no se está frenando el empleo, pero sí está cambiando el tipo de talento que se contrata.
En abril de 2026, mientras continúa la implementación gradual de la reforma laboral, con aumentos en recargos dominicales y mayores costos asociados a la contratación formal, comienzan a aparecer señales de ajuste en el mercado laboral que van más allá de las cifras de desempleo.
Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), la tasa de desempleo en febrero de 2026 se ubicó en 9,2%, una reducción frente al 10,3% del mismo mes en 2025, consolidando una tendencia positiva en generación de empleo. Sin embargo, el mismo indicador había arrancado el año en 10,9% en enero, reflejando señales de desaceleración y estacionalidad en la contratación.
En paralelo, el aumento del salario mínimo para 2026, que superó el 20%, y los cambios en recargos laborales han elevado los costos para las empresas, especialmente en sectores intensivos en mano de obra.
El resultado, según expertos, no ha sido una caída abrupta del empleo, sino una reconfiguración silenciosa del mercado laboral.
Un cambio menos visible: el ajuste en los perfiles
“La discusión se ha centrado en si se destruye o no empleo, pero lo que estamos viendo es otra cosa: las empresas están redefiniendo a quién contratan”, explica Andrés Díaz-Granados, cofundador de T-mapp.
De acuerdo con el análisis de la firma, basado en procesos de evaluación y selección en distintas industrias, las compañías están priorizando perfiles con mayor capacidad de adaptación, pensamiento crítico y habilidades digitales, incluso por encima de la experiencia tradicional. “El empleo no está desapareciendo. Lo que está pasando es que el mercado está siendo más exigente. El desajuste hoy no es de vacantes, es de habilidades”, señala el cofundador de T-Mapp.
Este fenómeno coincide con advertencias de centros de análisis como BBVA Research, que han señalado que la creación de empleo en Colombia continúa, pero con una desaceleración en su ritmo y una concentración en ocupaciones de menor productividad, lo que impacta la calidad del empleo.
En ciudades principales, esta transformación ya se traduce en una paradoja: mientras se anuncian vacantes en sectores como servicios, tecnología y ventas, las empresas reportan dificultades para encontrar perfiles adecuados.
El problema no es menor en un país donde la informalidad sigue siendo alta y donde buena parte del empleo generado no garantiza estabilidad ni desarrollo profesional.
Además, cifras recientes muestran avances sociales relevantes, como la reducción de la pobreza multidimensional a 9,9% en 2025, el nivel más bajo registrado, según el DANE, pero con retos importantes en sostenibilidad si no se mejora la calidad del empleo.
Lo que está cambiando: menos cargos rígidos, más habilidades transferibles
Más allá de la coyuntura regulatoria, el mercado laboral colombiano está entrando en una fase de transición.
Roles operativos tradicionales están perdiendo peso relativo, mientras crecen posiciones que exigen habilidades digitales básicas y avanzadas, capacidad de análisis y adaptación a entornos cambiantes. “Hoy una empresa prefiere alguien que aprenda rápido a alguien que solo tenga experiencia. Eso es un cambio estructural en cómo se define la empleabilidad”, agrega Díaz-Granados.
¿Cómo pueden adaptarse las empresas?
Frente a este nuevo escenario, expertos coinciden en que las organizaciones deben ajustar su estrategia de talento si quieren seguir siendo competitivas:
- Replantear perfiles de cargo: dejar de contratar solo por experiencia y empezar a medir habilidades
- Invertir en formación interna: cerrar brechas en lugar de esperar talento perfecto
- Usar herramientas de analítica de talento: para tomar decisiones más precisas en selección
¿Y los trabajadores?
Para quienes están en búsqueda de empleo, o quieren mantenerse vigentes, el mensaje es claro: la estabilidad ya no depende únicamente del título o la trayectoria.
Las recomendaciones apuntan a desarrollar habilidades digitales, incluso en roles no tecnológicos, fortalecer competencias blandas como comunicación y pensamiento crítico, y actualizarse constantemente, incluso con formación corta o certificaciones “El mayor riesgo hoy no es quedarse sin empleo, es quedarse con habilidades que el mercado ya no necesita”, advierte el experto de T-Mapp.
Aunque la reforma laboral ha acelerado ciertas decisiones empresariales, la transformación del mercado laboral responde a una tendencia más amplia, impulsada por la digitalización, la productividad y la necesidad de eficiencia.
En ese contexto, Colombia no enfrenta únicamente un debate regulatorio, sino un reto más profundo: cerrar la brecha entre el talento disponible y el talento que demanda el mercado. Porque, más allá de las cifras, el empleo en el país no está desapareciendo. Está cambiando.