Las cenas largas, la coctelería de autor y las experiencias integrales ganan terreno frente a la rumba tradicional y elevan el gasto por persona.
Durante años, la vida nocturna en Bogotá estuvo asociada a las discotecas. Hoy, sin embargo, un cambio en las preferencias de consumo está modificando ese comportamiento y, con él, el modelo de negocio de restaurantes y gastrobares.
Los consumidores, especialmente quienes superan los 30 años, priorizan espacios donde puedan conversar, comer bien y permanecer durante varias horas en un mismo lugar, una dinámica que también se refleja en un mayor gasto por visita.
La transformación responde a una búsqueda de experiencias más completas en una parte del mercado gastronómico. Según Jamal Mustafa, socio fundador del restaurante Cabrera, en establecimientos como este, que han fortalecido una propuesta integral de gastronomía, coctelería y ambiente, algunos clientes ya no perciben el restaurante como una parada previa a la rumba, sino como el plan principal de la noche.
«Las personas valoran mucho más la calidad del tiempo que comparten y buscan lugares donde puedan comenzar y terminar la noche sin necesidad de cambiar de sitio», explicó.
Ese cambio también tiene un impacto económico. De acuerdo con la compañía, las reservas en horario nocturno concentran los mejores indicadores de consumo del establecimiento.
El ticket promedio se ubica en promedio de $90.000 por persona, mientras que el tiempo de permanencia en mesa alcanza, en promedio, dos horas, un comportamiento que evidencia que los comensales prolongan su estadía para conversar, compartir y consumir más allá de la cena.
Para Mustafa, el fenómeno está impulsado principalmente por consumidores entre los 30 y los 55 años, un segmento que prioriza la calidad del servicio, la comodidad, la propuesta gastronómica y el ambiente sobre las salidas tradicionales.
Aunque también existe un creciente interés entre públicos más jóvenes, quienes están dispuestos a pagar un poco más cuando perciben un alto nivel de experiencia, calidad de servicio y propuesta de sabores difícil de conseguir en otro lugar.
La evolución de este perfil también está modificando la forma en que compiten los establecimientos. Ya no basta con ofrecer una buena cocina. La música, la ambientación, la hospitalidad y una propuesta de coctelería se convierten en factores que influyen tanto en la permanencia como en el consumo. En el caso de Cabrera, la categoría de licores representa una participación relevante dentro del valor final de la cuenta, impulsada por una oferta de coctelería clásica y de autor que complementa la experiencia gastronómica.
Jamal Mustafa sostiene que esta tendencia representa una oportunidad para el sector, al favorecer la fidelización de clientes y aumentar el valor de cada visita. No obstante, advierte que también obliga a los negocios a innovar de forma permanente y mantener una experiencia consistente en todos los puntos de contacto con el consumidor, en un mercado donde la competencia ya no se limita a la comida, sino a la experiencia completa que ofrece cada establecimiento.