· Mover los dedos, morderse las uñas o arrancarse los cueritos son algunas de las formas en las que las manos pueden reaccionar en momentos tensionantes. Según la OMS, en 2023, aproximadamente 470 millones de personas vivían con un trastorno de ansiedad, equivalente al 5,8 % de la población mundial.
En un mundo con rutinas aceleradas, la exigencia es cada vez mayor. Entre el trabajo, la familia, las metas, la salud y los miles de compromisos, hacer una pausa y encontrar momentos de calma a lo largo del día puede ser todo un reto. En medio de este ritmo, cobra mayor importancia tener alternativas que nos permitan parar, bajar la velocidad y sentir.
Hoy, hablar de salud mental es cada vez más necesario y la ansiedad está en el centro de esta conversación. Según un reporte de World Mental Health Today, las mujeres tienen hasta un 50% más de probabilidades de sufrir trastornos relacionados con la ansiedad.
Y es que esta no solo se experimenta en la mente, también puede verse en pequeños comportamientos cotidianos. Mover los dedos, manipular objetos, tocar superficies o texturas, morderse las uñas o arrancarse los cueritos son algunas de las formas que aparecen de manera automática en momentos de tensión, estrés o activación emocional.
Es precisamente en las manos donde las experiencias sensoriales cobran especial relevancia. Investigaciones como el estudio Understanding Fidget Widgets, de Michael Karlesky y Katherine Isbister, han explorado cómo elementos como los relieves, las espirales y los patrones repetitivos pueden captar la atención y favorecer momentos de autorregulación. Asimismo, tocar, presionar o seguir una textura puede convertirse en una forma de enfocar la atención y disminuir los pensamientos intrusivos.
“Cuando ponemos nuestra atención en una sensación concreta, como tocar, mover o manipular algo con nuestras manos, podemos generar un pequeño espacio de pausa frente a todos los estímulos que tenemos alrededor. Estas experiencias, aunque no sustituyen un tratamiento ni son una solución para una crisis de ansiedad, sí pueden convertirse en recursos cotidianos que nos ayuden a hacer una pausa, reconectarnos con el presente y prestar atención a cómo nos estamos sintiendo”, explica Marcela Silva, psicóloga clínica y de familia.
En este contexto, las uñas ocupan un lugar clave: su forma, color y apariencia pueden convertirse en una extensión de cómo nos sentimos y de cómo elegimos mostrarnos.
A partir de esta conversación, nace Masglo Therapy, una iniciativa con la que Masglo busca poner en diálogo la belleza, el autocuidado y el bienestar. La campaña busca abrir una conversación sobre la importancia de reconocer nuestras señales, prestar atención a lo que sentimos y encontrar pequeños momentos para hacer una pausa y reconectar con nosotras mismas.
La iniciativa se materializa en una colección de uñas press-on que incorpora texturas, líneas, patrones y puntos inspirados en experiencias sensoriales y en la psicología del color. La propuesta busca acompañar esos momentos cotidianos en los que necesitamos hacer una pausa, respirar, sentir y llevar nuestra atención al presente.
Desde esta mirada, las uñas trascienden lo estético y se convierten en una expresión personal. Lina Valderrama, Coordinadora de Mercadeo y Tendencias de Masglo, afirma que “detrás de un color, una forma o un estilo de uñas hay una manera de expresarnos y de mostrar quiénes somos y cómo nos sentimos. En Masglo creemos que las conversaciones sobre belleza también abren la puerta para hablar de bienestar, de autocuidado y de cómo nos relacionamos con nosotras mismas”.
Las manos son mucho más que una parte del cuerpo, son un espacio donde se manifiestan hábitos, se canalizan estímulos y se expresa la identidad. Desde los movimientos que hacemos casi sin darnos cuenta, hasta la forma en que elegimos llevar las uñas, cada gesto puede contar algo de la relación con nosotros mismos.