En entrevista exclusiva con Alejandro Jiménez, Country Manager de Aris Mining en Colombia, aclaramos
el estigma social y ambiental que hay sobre la actividad extractiva. Aris Mining se ha definido como una organización social y ambiental que utiliza la minería como un vehículo de transformación e inclusión.
La Nota Económica: ¿Qué significa en la práctica para Aris Mining poner lo social y lo ambiental por encima de la actividad extractiva?
Alejandro Jiménez: Una de las cosas que nos motiva es la manera en la que podemos crear un
proyecto minero haciendo inclusivo el entorno, haciendo partícipe a los mineros locales en las áreas
de operación, y al mismo tiempo poder tener un cuidado necesario sobre el medio ambiente. Eso
nos ha llevado a rediseñar completamente la forma en que queríamos conducir el negocio, particularmente relacionado con la formalización. Uno de los impactos más grandes que existe en la minería es la minería informal.
Entonces, cuando hablamos de la actividad ambiental socialmente responsable va mucho más allá
de programas de responsabilidad social y cuidar la licencia ambiental y ejecutarla. Es crear un modelo
de negocio donde coexistimos con mineros para poder desarrollar un proyecto minero de la mano de
estos mineros artesanales, para poder desarrollar una proyección, un programa minero en las áreas
donde estamos operando.
L.N.E. Tras formalizar a 4.000 mineros en Antioquia y Caldas mediante contratos de operación y
asociación, ¿qué tan replicable es este modelo en otras regiones?
A.J. Es perfectamente replicable. La regulación colombiana da la suficiente flexibilidad para diseñar modelos de coexistencia y colaboración. No es lo mismo que un minero artesanal que quiere formalizarse tenga que recorrer solo todo el camino de licenciamiento, permisos, financiamiento y búsqueda de capital. Nosotros implementamos este modelo compartiendo nuestra información geológica y operacional, ayudándolos con salud y seguridad industrial, enseñándoles a cuidar el medio ambiente, construyendo tejido social y bancarizándolos dentro de un sistema formal con seguridad social. Este modelo ya lo implementamos con éxito en Segovia y Marmato. Regiones como el Bajo Cauca o el sur del país tienen la misma complejidad y mineros tradicionales que quieren formalizarse; hacerlo de la mano de un minero industrial es la perfecta alianza.
L.N.E. ¿Cuáles son los principales obstáculos normativos, sociales y de confianza para que un minero tradicional decida formalizarse?
A.J. Hay tres grandes retos. El primero son los permisos y licenciamientos. Vencer la burocracia de los planes de obras (PTO), licencias ambientales y cupos de explosivos es difícil para mineros ancestrales que llevan siglos trabajando empíricamente; ahí los ayudamos a guiarse. El segundo es el capital de trabajo; los bancos suelen negarles cuentas y préstamos, ahogando su negocio. Nosotros les ofrecemos líneas de financiamiento directo. El tercero es la estructura laboral y de seguridad; están acostumbrados a pagar en especie y a prácticas fuera de los estándares de seguridad industrial.
L.N.E. Con el reciente cierre del arbitraje internacional con el Estado, ¿qué cambia ahora en la relación con el Gobierno y las autoridades regionales?
A.J. Heredamos un arbitraje en etapa final y negociamos una conciliación histórica lograda dos años después, en noviembre del 2025. En Marmato teníamos 100 títulos en la parte alta del Cerro El Burro que nunca pudimos operar porque allí trabajaban mineros ancestrales y tradicionales. En vez de exigir que nos dejaran entrar por la fuerza de los títulos, optamos por ayudarlos a formalizarse, brindarles acceso a una planta de procesamiento limpia y licenciada, bancarizarlos y alejarlos del mercado informal. Logramos una alineación con la Agencia Nacional Minera y el Ministerio de Minas y Energía para formalizar a los aproximadamente 4.600 mineros que se encuentran en el Cerro El Burro.
L.N.E. ¿Cómo garantizan que la coexistencia entre la pequeña, mediana y gran minería sea de beneficio mutuo y no de simple tolerancia?
A.J. Te doy un ejemplo en Marmato. En la mina superior teníamos la operación tradicional industrial produciendo entre 25.000 y 30.000 onzas por año, recuperando técnicamente entre 2 y 3 gramos por tonelada. Al formalizar a los mineros artesanales y entregarles con total transparencia nuestra información geológica, operativa y de seguridad, ellos alcanzaron a producir entre 6 y 9 gramos por tonelada. No es un tema de tolerancia, sino de potenciar sus grandes capacidades como exploradores y productores, mientras nosotros nos enfocamos en lo que sabemos hacer: procesar con alta eficiencia (recuperando entre el 87% y 95% del oro frente al 40% de plantas informales) y ofrecer un canal
de venta internacional transparente.
L.N.E. ¿Cuál es la diferencia fundamental entre la minería regenerativa y el simple cumplimiento de
los estándares exigidos por la ley?
A.J. La formalización evoluciona. Primero es un acuerdo meramente comercial de compraventa de material. La segunda etapa es la relación de asociación donde somos socios y les damos asistencia técnica y financiera. La minería regenerativa es el tercer paso: tras años de minería, existen impactos históricos ante los cuales las autoridades pueden sancionar o buscar recuperar.
La minería regenerativa incorpora a las unidades mineras para que aprendan reforestación, conservación
de agua, energía limpia y monitoreo de biodiversidad de la mano de las autoridades ambientales. Nació como un piloto con Corantioquia y se está trasladando a Corpocaldas. No es lavado de imagen o greenwashing, es un plan de negocio donde el minero toma propiedad de su entorno. Hoy tenemos 7 unidades incorporadas y 13 más en camino.
L.N.E. ¿Qué aprendizajes del caso del Ecoparque en Segovia están replicando en Marmato y otras
operaciones?
A.J. Lo más importante es nuestro sistema de almacenamiento de relaves filtrados. El material se filtra para reducir su contenido de humedad y facilitar su almacenamiento de forma estable. En Segovia, este proceso cumple con los estándares de la industria, siendo de las pocas empresas en Colombia en implementarlo. Las relaveras suelen ser áreas grises e impactantes; nosotros transformamos una de ellas en un parque comunitario para mostrar cómo se verá el futuro un cierre minero.
Además, en otra área, instalamos una granja solar para reducir emisiones en Segovia. Este modelo de reutilización y manejo de desperdicios lo trasladaremos a Marmato porque es la forma correcta de conducir el negocio.
L.N.E. ¿De qué manera mide la compañía si un territorio queda en mejores condiciones socioambientales y qué indicadores específicos emplean?
A.J. Al entrar a un territorio establecemos una línea base que mide impactos ambientales, tasas de escolaridad, natalidad y educación. Por ejemplo, en las pruebas Saber (antes ICFES) en Segovia, los indicadores estaban por debajo del promedio departamental. Hoy han subido puntos porcentuales considerables gracias a nuestra inversión en educación, cursos pre-ICFES, programas de bilingüismo e infraestructura escolar. Esto demuestra que la minería trae progreso, educación y cuidado ambiental.
L.N.E. ¿Cómo enfrenta Aris Mining el escepticismo público respecto a que la minería pueda ser sostenible?
A.J. La industria carga con un estigma complicado porque la opinión pública agrupa los impactos de la minería informal con la formal en una sola categoría. Hoy en día, nuestros mineros tradicionales formalizados producen entre el 35% y el 40% del oro de Segovia. Como Segovia produjo 257.000 onzas en 2025, estamos hablando de casi 100.000 onzas que provienen de los mineros tradicionales. Son 46 grupos de mineros formalizados que hoy tienen su propia empresa; ellos no quieren ser nuestros empleados, quieren ser empresarios de su propia mina y nosotros les damos las herramientas para lograrlo.
L.N.E. ¿Qué proyectos ejecutan bajo el mecanismo de Obras por Impuestos y qué ventajas tiene frente al pago tradicional del impuesto de renta?
A.J. En los últimos años hemos trabajado en 10 proyectos de Obras por Impuestos por un monto aproximado de 24.000 millones de pesos en Antioquia, Santander, Tolima y Risaralda. A veces es más fácil solo pagar el impuesto; en los últimos tres años nuestro pago tributario ha sido de unos 339 millones
de dólares. El reto real radica en asumir la responsabilidad con el entorno. A través de Obras por Impuestos y Obras por Regalías —como la Ciudadela Universitaria de Segovia donde invertimos 9.000 millones de pesos— financiamos primera infancia, alimentación escolar y vías terciarias. Esto permite
que la comunidad y los líderes locales tengan una voz activa y participen directamente en las decisiones sobre el destino de los impuestos que genera la compañía.
L.N.E. Con el Sello Equipares Plata y el convenio con el SENA, ¿qué impacto real ha tenido la participación femenina operativa?
A.J. En la región, la participación femenina operativa en minería suele ser menor al 10%; nosotros hoy estamos en el 16%. En Segovia, más del 80% de nuestro equipo de seguridad y vigilancia está compuesto por mujeres debido a su alto rendimiento comprobado. A través de nuestro convenio con el SENA, donde las mujeres representan el 64% de los participantes en programas de formación, construimos los cimientos para que se conviertan en líderes técnicas, profesionales o empresarias formalizadas dentro de la cadena de valor.

L.N.E. ¿Qué compromisos e impactos laborales se derivan del reciente convenio firmado con el Ministerio del Trabajo?
A.J. El convenio que firmamos recientemente tras la visita de la Ministra de Trabajo y la Viceministra de Empleo y Pensiones a Segovia y Marmato representa un hito fundamental. Al ver nuestro modelo, entendieron que la formalización va más allá de lo comercial; implica formalidad laboral absoluta
con seguridad social, salud y seguridad en el trabajo, ARL y salarios dignos. Este convenio establece una hoja de ruta clara para duplicar el impacto actual, pasando de los 4.000 mineros formalizados que tenemos hoy en día a 8.000 mineros formalizados bajo el marco del trabajo digno en los próximos cuatro
años.
L.N.E. Si tuviera que resumir en una sola idea el papel dela minería responsable en el desarrollo del país para los próximos 5 a 10 años, ¿cuál sería?
A.J. La minería responsable es aquella que cree firmemente en la coexistencia y la formalización, viendo al minero local como un socio y un agregador de valor. Debe seguir el camino de la minería regenerativa para atender los pasivos históricos y ejecutar una inversión social estratégica a largo plazo que sea compatible con el entorno, considerando que las concesiones duran décadas. Incorporar a los informales ayuda a superar barreras burocráticas y soluciona un problema fiscal enorme: el potencial de la minería informal ronda los 13 billones de pesos en recaudo estatal. La minería bien hecha es la solución a los impactos ambientales y sociales del territorio.