Carlos Alberto Sampedro Gaviria, director Centro de Estudios para el Desarrollo Humano Integral – Universidad de La Sabana.
Según las proyecciones del DANE, para el 2050 cuatro de cada 10 colombianos tendrán 50 años o más. No es solo una estadística sobre envejecimiento, sino la señal de una transformación económica y social clave de nuestro tiempo: estamos aprendiendo a vivir más rápido de lo que estamos aprendiendo a organizar una sociedad para vidas más largas.
Durante décadas, la sostenibilidad se consolidó como la orientación de gobiernos y empresas para usar y
preservar los recursos con responsabilidad, garantizando que las generaciones futuras puedan
satisfacer sus propias necesidades. Pero si vivimos cada vez más años, cabe otra pregunta: ¿nuestras
instituciones, empresas y relaciones nos permiten sostener esas vidas más largas? La longevidad nos
obliga a enriquecer esa noción de sostenibilidad.
Buena parte de nuestras instituciones fueron pensadas para una secuencia sencilla: estudiar, trabajar, retirarse. Una vida que se extiende más de ocho décadas cuestiona esa estructura. Exige aprendizaje continuo, distintas etapas profesionales y, sobre todo vínculos significativos y un propósito que sostenga todo ese tiempo vital.
La longevidad y el envejecimiento suelen discutirse como un costo, principalmente desde el aseguramiento y la salud, pero es apenas una porción de la historia porque una población que vive más también trabaja, consume, ahora y emprende por más tiempo. Esta es una de las bases para hablar de economía plateada. Según Colpensiones, en Colombia la generación de 50 años o más aporta cerca del 12% del PIB y mueve 121 billones de pesos al año, cifra que explica por qué la Cámara de Comercio de Bogotá creó un clúster dedicado a este segmento. Sin embargo, pensarla solo como un mercado para adultos mayores sería un error, porque se trata de una economía que va más allá de lo transaccional y se orienta al florecimiento humano.
Esta visión alcanza también a las empresas, que incorporan en sus operaciones equipos intergeneracionales y diseñan portafolios para una población expuesta a nuevas oportunidades de
longevidad.
Finalmente, el desafío para Colombia es no reducir esta conversación al costo de envejecer. La pregunta ya no es solo cómo vivir más años, sino cómo construir, desde ya, una sociedad capaz de sostener esas vidas más largas, sin que vivir más signifique vivir más solos.