En febrero, cuando las empresas realizan la consignación anual de cesantías, vuelve una de las preguntas más frecuentes entre los trabajadores colombianos: ¿retirarlas o dejarlas como ahorro? Aunque este beneficio fue creado como un mecanismo de protección ante el desempleo, en la práctica muchos empleados siguen utilizándolo para cubrir gastos de corto plazo, lo que puede afectar su estabilidad financiera.
En Colombia, más de 10 millones de trabajadores formales reciben cesantías cada año, según el Ministerio del Trabajo. Sin embargo, datos del sistema de protección al cesante muestran que una parte relevante de los retiros se destina a consumo inmediato, evidenciando que este ahorro sigue siendo percibido por muchos como un ingreso adicional y no como un respaldo financiero.
Para Buk, software integral de gestión de recursos humanos, el principal reto no está solo en el uso de las cesantías, sino en la falta de criterios claros para tomar decisiones informadas. “La decisión no es simplemente retirar o no las cesantías, sino para qué se van a usar. Cuando se destinan a educación, vivienda o momentos de transición laboral, pueden fortalecer la estabilidad financiera. Pero cuando se retiran sin un propósito claro y se convierten en gasto inmediato, pierden su verdadero valor como herramienta de protección”, señala Gabriela Durán, Country Manager de Buk.
Existen, no obstante, escenarios en los que retirarlas puede ser coherente con los objetivos personales y financieros del trabajador:
- Educación y formación. Invertir las cesantías en estudios o procesos de cualificación puede mejorar la empleabilidad y fortalecer la estabilidad futura de ingresos.
- Vivienda. Su uso en compra, mejora o liberación de deuda asociada a vivienda suele tener un impacto estructural más sostenible que destinarlas a consumo inmediato.
- Transiciones laborales o desempleo. Este es el propósito original del beneficio. Usarlas en estos momentos permite cubrir gastos básicos sin generar presión financiera adicional.
Por el contrario, retirarlas para consumo inmediato o sin un objetivo claro suele ser una señal de alerta financiera. Mantenerlas acumuladas en estos casos permite que continúen creciendo y cumpliendo su rol como respaldo ante imprevistos.
En este contexto, el rol de las áreas de recursos humanos cobra especial relevancia. Más allá de la consignación anual, las organizaciones se están convirtiendo en un punto clave de orientación para que los colaboradores entiendan cuándo usar este beneficio y cómo integrarlo a su planificación financiera.
Cuando existe este acompañamiento, las cesantías dejan de percibirse como un trámite anual y se convierten en una herramienta real de estabilidad, reduciendo la incertidumbre financiera y fortaleciendo la confianza de los trabajadores en distintas etapas de su vida laboral.
En definitiva, la gestión de las cesantías exige una visión que trascienda la inmediatez. Su verdadera eficiencia se mide en la capacidad de convertir el ahorro en seguridad real, consolidándose como un activo estratégico que brinde tranquilidad y respaldo frente a las dinámicas del mercado. El reto hoy es transformar este beneficio en el primer paso hacia una cultura de responsabilidad financiera compartida.